Un espectáculo hipertrofiado encajado en el descanso del partido del año que los aficionados aprovechan para ir al baño y meter y sacar más cervezas del congelador. Un escenario enorme, cientos de bailarines, todo montado y desmontado en cuestión de minutos antes de que los jugadores vuelvan al campo. La idea del half time show parece descabellada, pero ha crecido hasta convertirse en uno de los eventos más esperados del año, del que siempre se espera que supere a todos los anteriores. En esta ocasión, el reto para Bad Bunny era mayúsculo: cantar en español para todos con millones de estadounidenses de la galaxia MAGA a la defensiva. Era imposible que Benito les convenciera, pero el resultado ha sido un éxito que ha hecho llorar al comentarista de la NFL John Sutcliffe.
La actuación de Bad Bunny en el descanso del Super Bowl, celebrada este domingo en el Levi’s Stadium de Santa Clara (California), ha marcado un hito en la historia del evento: ha sido la primera protagonizada por un artista en solitario con un repertorio musical íntegramente en español. El espectáculo, seguido por más de 100 millones de espectadores, ha desplegado una escenografía y un relato centrados en la cultura puertorriqueña y la identidad latina en Estados Unidos, con una acumulación de símbolos, referencias políticas implícitas y una puesta en escena de gran complejidad narrativa necesaria en tiempos de ICE, aunque sin subrayados políticos y con un llamamiento al amor y la convivencia.
De blanco y de Zara en "la casita"
El cantante puertorriqueño ha abierto el descanso con Tití me preguntó, vestido con un conjunto blanco que simulaba una equipación de fútbol americano. El atuendo, diseñado por la marca española Zara, según informó Vogue, incluía camisa con cuello y corbata, pantalón, zapatillas Adidas y un dorsal con el número 64, además del apellido “Ocasio”, parte de su nombre completo, Benito Antonio Martínez Ocasio. Como complemento, lucía un reloj Royal Oak de Audemars Piguet, fabricado en oro amarillo de 18 quilates con esfera de malaquita.
Desde los primeros compases, la escenografía ha reproducido un cañaveral y escenas de barrio popular: hombres mayores jugando al dominó, comercios latinos y decenas de bailarines acompañando el recorrido del artista por el terreno de juego. El español ha sido la lengua dominante de toda la actuación de Benito, con la excepción de una breve intervención final en inglés.
El eje visual del espectáculo ha sido de nuevo “la casita”, réplica de una vivienda popular de Puerto Rico que Bad Bunny ya había utilizado en su residencia de conciertos en la isla. Integrada en un decorado que incluía una barbería, un colmado y referencias al trabajo agrícola, la casita ha funcionado como punto de reunión para invitados y escenas simbólicas. Bajo su techo se ha visto bailar a figuras como Cardi B, la colombiana Karol G, el actor chileno Pedro Pascal, Jessica Alba, Young Miko o el empresario David Grutman.
Lady Gaga y Ricky Martin, invitados de lujo
Tras Yo perreo sola y Mónaco, Bad Bunny se ha dirigido al público: “Buenas tardes California, mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio. Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí y tú también deberías creer en ti”. A continuación, el espectáculo ha incorporado uno de sus momentos más comentados: la celebración de una boda en pleno escenario. Según confirmó posteriormente el representante del artista a Variety, el enlace fue real y formó parte deliberada de la escenografía.
Ese pasaje ha servido de transición para la aparición sorpresa de Lady Gaga, vestida de azul, que ha interpretado una versión con arreglos latinos de Die With a Smile, su colaboración con Bruno Mars, acompañada por una orquesta de salsa. Tras ese número, Bad Bunny y Gaga han compartido el inicio de Baile inolvidable, uno de los momentos más celebrados del descanso.
El siguiente relevo lo ha tomado Ricky Martin, que ha aparecido sentado en una de las sillas blancas de plástico que remiten a la portada del álbum Debí tirar más fotos. Martin ha interpretado Lo que le pasó a Hawaii, mientras la escenografía se llenaba de referencias al apagón eléctrico de Puerto Rico: postes de luz, trabajadores colapsando en escena y una coreografía que aludía a la precariedad de la red eléctrica de la isla tras el huracán María.
"God bless America"
La dimensión política del espectáculo ha estado presente sin consignas explícitas. Durante El apagón, Bad Bunny ha cantado rodeado de postes eléctricos y con una bandera puertorriqueña, en una secuencia que mostraba a residentes de barrios humildes bailando reguetón. También ha aparecido el sapo concho, anfibio endémico de Puerto Rico en peligro crítico de extinción, utilizado por el artista como símbolo autóctono en su gira reciente.
Otro de los momentos centrales ha sido la entrega simbólica de un premio Grammy a un niño que aparecía viendo la actuación por televisión. El gesto pretendía funcionar como un mensaje genérico de estímulo y esperanza dirigido a los jóvenes espectadores, después de que en redes sociales se especulara con una referencia directa a recientes casos de detenciones de menores migrantes.
El tramo final ha condensado el mensaje de unidad que ha vertebrado toda la actuación. Bad Bunny ha pronunciado en inglés “God bless America” –sus únicas palabras en ese idioma– y ha comenzado a nombrar países de América del Norte, del Sur y del Caribe, mientras sobre el césped aparecían las banderas de toda Latinoamérica. Antes de abandonar el escenario, ha lanzado un balón de fútbol americano con la inscripción “Together, we are America” y ha cerrado con DtMF, tema que da título a su último álbum.
Trump: "Nadie entiende una palabra de lo que dice"
Mientras en Santa Clara se desarrollaba el espectáculo, Puerto Rico seguía el descanso del Super Bowl como un acontecimiento colectivo. En bares, plazas y espacios públicos de San Juan, Vega Baja —localidad natal del artista— o el Distrito T-Mobile, miles de personas se reunieron para ver lo que muchos bautizaron como el “Benito Bowl”. La actuación fue recibida allí como una reivindicación cultural y un motivo de orgullo, por la acumulación de símbolos locales: la casita, la música de bomba, plena y salsa, las referencias al boxeo, al dominó y a la vida cotidiana de la isla.
La repercusión política no se hizo esperar. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó el espectáculo como “uno de los peores de la historia” y afirmó que “nadie entiende una palabra de lo que dice”, en un mensaje publicado en su red social Truth Social. Trump ya había criticado públicamente la elección de Bad Bunny como protagonista del descanso y reiteró su rechazo tras la actuación, enmarcándola como una afrenta a los valores estadounidenses. El artista, crítico habitual de las políticas migratorias de su Administración, había evitado referencias directas, pero su presencia y el contenido del espectáculo fueron leídos ampliamente en clave política.
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