Hace dos años, los guardias civiles Miguel Ángel González y David Pérez Carracedo murieron en el puerto de Barbate al ser embestidos por una narcolancha durante un operativo. La tragedia dejó a otros cuatro agentes heridos y puso de relieve la peligrosidad del narcotráfico en la zona.
Hoy, los guardias civiles que patrullan Barbate alertan de que la situación no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado. “Ahora los narcos van con armas de guerra”, advierten, y subrayan que las narcolanchas circulan “a sus anchas” mientras los agentes trabajan en “inferioridad técnica” frente a organizaciones cada vez más violentas.
Uno de los compañeros de David Pérez Carracedo, presente en la misa celebrada este lunes por la mañana en el colegio Irabia donde estaban sus hijos, describe la impotencia y frustración que sienten los agentes. “Por sorprendente que parezca, no ha cambiado nada. Sigue todo tal cual está, incrementando la delincuencia y mermando la presencia policial”. Denuncia que desde Interior “venden mucho humo diciendo que han mandado refuerzos, pero lo que deberían hacer es sacar más plazas fijas para los destinos de Andalucía y concretamente las zonas más conflictivas”.
El narco "campa a sus anchas"
Los agentes que patrullan la zona critican que las nuevas patrulleras llegan “tarde y son insuficientes” frente a la potencia de las narcolanchas, dejando a sus compañeros en “una alarmante inferioridad técnica”. “El narco asesino sigue campando a sus anchas por la costa de Andalucía”, alertan. Según los guardias, la combinación de embarcaciones obsoletas, vehículos con más de 250.000 kilómetros y sin sistemas de seguridad anti empotramiento mantiene a los agentes en riesgo permanente.
“El Gobierno no es consciente o no quiere serlo del peligro que representan las narcolanchas fuertemente armadas circulando a sus anchas por el Guadalquivir”, denuncian los guardias civiles. Señalan que la única señal de respuesta llega desde el Parlamento Europeo, donde “parece que van a tomar medidas”. A nivel nacional, sin embargo, no se ha reactivado el OCON-SUR ni se ha dotado a los agentes de material específico. “Seguimos sin la consideración de Autoridad y sin la profesión de riesgo”.
Dos años sin respuestas
La tragedia de Barbate ocurrió el 9 de febrero de 2024. Miguel Ángel González, de 39 años y buzo del GEAS, y David Pérez Carracedo, de 43 años y miembro del GAR, murieron cuando una narcolancha embistió su zodiac durante un operativo. El juez que instruye el caso concluyó que Karim El Baqqaly, piloto de la embarcación, colisionó deliberadamente “con el ánimo de atentar contra el principio de autoridad y de causar la muerte a los seis agentes que la tripulaban, y con conocimiento pleno de la diferencia de tamaño y envergadura entre ambas embarcaciones”. Su compañero, Yassine El Morabet, utilizó un puntero láser “para reducir su visión” de los guardias antes de la colisión.
Los cuatro compañeros supervivientes resultaron heridos física y psíquicamente. La Fiscalía ha cuantificado las responsabilidades económicas de El Baqqaly en 3.300.000 euros, incluyendo daños materiales, lucro cesante y daños psíquicos de los supervivientes. Otros tripulantes han sido juzgados en procedimientos separados y algunos quedaron en libertad provisional.
Las responsabilidades políticas
Para los guardias que trabajaron en primera línea, la muerte de González y Pérez Carracedo debería haber marcado un punto de inflexión. “No podemos permitir que la muerte de nuestros compañeros quede reducida a un aniversario y a palabras vacías. La mejor forma de honrar su memoria es actuar, reforzar medios y proteger a quienes hoy siguen en primera línea”. Exigen además la depuración de responsabilidades políticas y administrativas, la declaración de Zona de Especial Singularidad (ZES) y el reconocimiento de la Guardia Civil como profesión de riesgo.
La Memoria de la Fiscalía Antidroga confirma que el narcotráfico en Andalucía no solo persiste, sino que se ha vuelto más violento. Las narcolanchas operan a plena luz del día, desplazan sus rutas hacia ríos como el Guadalquivir y muestran agresividad creciente.
Según los agentes que patrullan sobre el terreno, “dos años después, la situación no ha mejorado, en todo caso ha empeorado”, y advierten que “esto demuestra que las organizaciones de narcos utilizan armas de guerra con calibres de guerra para defender sus cargamentos y atacando con disparos cuando ven la mera presencia de los guardias civiles, tanto cuando van en helicóptero como cuando están en tierra”.
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