Tres adioses (Tre ciotole), lo nuevo de Isabel Coixet, es la adaptación al cine –muy a su manera– de varios cuentos de la escritora italiana Michela Murgia, fallecida en 2023. Coixet ignoró, por ejemplo, aquellos pasajes ambientados en el confinamiento. Al final, fusionó dos historias. No es fortuito que una de las productoras de Tres adioses lleve por nombre Tre ciotole, o sea, Tres cuencos, los mismos que salen en la cinta; su significado cobra sentido al final de la misma. Los actores Elio Germano y Francesco Carril acompañan a Alba Rohrwacher (Florencia, 1979), la protagonista, con quien habló El Independiente durante la promoción de Tres adioses en Madrid.

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Pregunta.- Es tu primera vez con Isabel Coixet. ¿Cómo es rodar en Roma, Italia, con una cineasta española?

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Respuesta.- (Alba Rohrwacher) Es un poco una mezcla, divertido; quizás te descoloca. Indudablemente con una directora como Isabel es algo muy importante porque ella ha ido a buscar una verdad en la ciudad donde yo vivo; no ha querido hacer una postal de Roma. Cuenta una Roma muy cercana a la que nosotros vivimos, pero también nos ha hecho descubrir, con su mirada oblicua, una Roma verdadera pero nueva.

P.- Coixet temía que, a raíz de esta película, la gente quisiera visitar esa Roma más diferente y menos turística.

R.- (Alba Rohrwacher) Es la idea de la película y lo dice el personaje de la hermana [de la protagonista]. Pero los lugares donde rodamos son ya turísticos. Toda la ciudad de Roma es turística y está invadida por los turistas. Isabel ha entrado y vivido en Roma, y ha buscado espacios de verdad, pero no sé si se convertirán en más turísticos.

P.- ¿Conocías a Coixet y su cine? Fue una película de encargo; ¿ibas tú en el pack como protagonista de la adaptación de estos cuentos o fue ella quien te propuso?

R.- (Alba Rohrwacher) Isabel le dijo al productor que sólo haría esta película si yo aceptaba ser Marta. Yo amo mucho el trabajo de Isabel, así que estaba encantada. Isabel es un amor; ha surgido, realmente, este amor entre nosotras.

P.-  ¿Cuán fácil o difícil es, por dentro y por fuera, interpretar a una mujer que sabe que le queda poco de vida?

R.- (Alba Rohrwacher) La forma de gestionar todo esto de Isabel es muy delicada, nunca exasperada. Es también mi forma de ser e investigar como actriz. Puede haber un momento de melodrama, pero nunca se fuerza. Siempre empieza desde dentro y llega afuera. En Tres adioses y Mi vida sin mí [una de las primeras películas de Coixet] son dos personas que se encuentran en la misma situación, pero son dos mujeres muy diferentes. Marta es muy solitaria y es difícil poner en escena a una mujer como ella enfrentándose a este problema.

Como actriz ha sido un viaje muy doloroso porque mi forma de trabajar es la misma de Isabel. Yo intentaba buscar autenticidad en mis sentimientos y tener muy presente el pensamiento sobre la muerte durante todo el rodaje. Sin embargo, cuando Marta va hacia abajo y se encuentra en la oscuridad y las tinieblas, hemos buscado la posibilidad de ver una luz. Isabel me decía: 'Cuanto más enferma estés, más podrás volar'. Lo más difícil y lo más bonito ha sido encontrar estas dos corrientes contrarias, contrapuestas, que vivían dentro [del personaje].

P.- ¿En qué idioma te dirigía Coixet?

R.- (Alba Rohrwacher) Ella habla italiano perfectamente. Ahora mismo hablamos mucho en francés porque yo he estado trabajando en Francia y ella habla muy bien francés. Nuestra relación empezó en francés. Luego, cuando ella llegó a Roma para la película, hizo unos cursos de italiano. Hemos hablado francés, italiano e inglés; una mezcla.

P.- Has trabajado con Luca Guadagnino, Pablo Larraín; con muchos cineastas italianos; con tu hermana Alice Rohrwacher. ¿En qué se diferencia Coixet?

R.- (Alba Rohrwacher) Es diferente porque es una directora fantástica y, por lo tanto, única. Isabel tiene algo de Michela Murgia, una escritora que te descoloca porque siempre brinda al lector una nueva perspectiva sobre los hechos. Isabel, a través del cine, hace exactamente lo mismo. Cuenta Roma y te enseña una nueva perspectiva. Cuenta la enfermedad y te enseña un nuevo ángulo desde donde ver la historia.