"Estamos aquí como parte de una alianza histórica, una alianza que salvó y cambió el mundo". Así ha empezado Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, su intervención en la apertura de la segunda jornada de la Conferencia de Seguridad de Múnich. Rubio ha asegurado que "Estados Unidos quiere una Europa fuerte, una Europa que sobreviva". Así se confirma cómo EEUU está dispuesta a resetear la relación con Europa, al igual que expusieron el viernes el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Pero EEUU quiere marcar el ritmo y decidir cómo reconfigurar el orden internacional y qué es riesgo y qué no.

PUBLICIDAD

Ha evocado los tiempos en que comenzó la Conferencia, a principios de los 60, cuando "la línea entre el comunismo y la libertad atravesaba el corazón de Alemania". Ha dicho que "en aquel momento, la victoria estaba lejos de ser segura, pero nos impulsaba un objetivo común. No solo nos unía aquello contra lo que luchábamos, sino también aquello por lo que luchábamos".

PUBLICIDAD

Pero ha explicado cómo "la euforia de este triunfo nos llevó a la peligrosa ilusión de que todas las naciones serían democracias liberales, que los lazos creados por el comercio y los negocios sustituirían a la nacionalidad, que el orden mundial basado en normas, un término muy manido, sustituiría al interés nacional, y que ahora viviríamos en un mundo sin fronteras, donde todos seríamos ciudadanos del mundo".

Y fue ese engaño el que llevó a abrazar "una visión dogmática del comercio libre y sin restricciones", mientras desindustrializábamos, enviábamos millones de puestos de trabajo al extranjero y entregábamos el control a "adversarios y rivales". Y "externalizamos cada vez más nuestra soberanía a instituciones internacionales, mientras que muchas naciones invirtieron en enormes estados del bienestar a costa de mantener su capacidad de defenderse".

"En la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo", ha señalado Rubio, quien en el fondo coincide con las críticas de JD Vance pero en la forma está a años luz. Expone una crítica a Occidente, no a Europa. "Cometimos estos errores juntos y ahora, juntos, tenemos la obligación ante nuestro pueblo de afrontar esos hechos y avanzar juntos". Sin embargo, insiste en que estamos amenazados por los migrantes. Y lo dice el hijo de una familia de inmigrantes cubanos.

Preocupación por el destino de Europa

"EEUU y Europa somos parte de una civilización, la occidental. Estamos preocupados por nuestro futuro. Estamos conectados espiritualmente. Queremos que Europa sea fuerte. El destino de Europa nunca será irrelevante para nosotros", ha dicho Rubio.

Rubio ha reconocido que EEUU, o la Administración Trump, es a veces un poco directo en sus consejos. "Nos preocupamos profundamente". Ha subrayado los vínculos entre EEUU y Europa, como la historia compartida, la fe cristiana, la cultura, el idioma... "Nuestras discrepancias provienen de nuestra profunda preocupación por una Europa con la que estamos conectados, no solo económicamente, no solo militarmente, sino también espiritual y culturalmente".

El secretario de Estado de Trump ha asegurado de forma contundente que EEUU quiere que Europa sea fuerte, porque "sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para nuestra seguridad nacional". Y como muestra de la admiración a Europa enumera a Mozart, Dante, Miguel Ángel, Da Vinci, o los Rolling Stones. Está clara la voluntad de la Administración Trump de envolver su mensaje en un paquete diferente, más refinado, con el discurso de Rubio. Con Vance el rechazo fue radical en Europa. Pero las palabras de Rubio suenan diferente, aunque significan lo mismo.

La migración masiva como amenaza

Por esa cultura común teme lo que ahora pasa. Rubio se ha referido a cómo la migración masiva está transformando y destabilizando las sociedades en todo Occidente. Por ello, ha subrayado, es necesario "recuperar el control sobre nuestras fronteras nacionales".

No por xenofobia, odio, sino como "acto fundamental de soberanía nacional, y no hacerlo no es solo una renuncia a uno de nuestros deberes más básicos para con nuestro pueblo. Es una amenaza urgente para el tejido de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra propia civilización", según Rubio. La soberanía nacional preocupa a EEUU según y como. La soberanía nacional de Groenlandia y Dinamarca no les resultaba relevante.

También ha indicado que es urgente una reforma de la ONU y otros organismos internacionales. De la ONU ha destacado su impotencia en Gaza o en Ucrania. "En un mundo perfecto, todos estos problemas y muchos más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones enérgicas. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan habitualmente". Rubio se olvida de cómo EEUU contribuye a que la ONU sea inoperante al dejarla sin fondos o poner en cuestión la ayuda que prestan sus agencias en Gaza, por ejemplo.

Por una alianza revitalizada

Y Rubio ha vuelto a insistir en que EEUU no quiere que sus aliados sean débiles.
"Queremos aliados que puedan defenderse por sí mismos, para que ningún adversario se sienta tentado de poner a prueba nuestra fuerza colectiva. Por eso no queremos que nuestros aliados se vean encadenados por la culpa y la vergüenza. Queremos aliados que estén orgullosos de su cultura y de su patrimonio, que comprendan que somos herederos de la misma civilización grande y noble y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla, y por eso no queremos que nuestros aliados racionalicen el statu quo roto en lugar de reconocer lo que es necesario para arreglarlo.
Porque en Estados Unidos no nos interesa ser los cuidadores del declive controlado de Occidente".

Está claro, como dijo Merz, que a EEUU no le interesa caminar por su cuenta. No sería una superpotencia si no cuenta con aliados fuertes. El caso es cómo quiere que se renueve esa alianza. Hay claras diferencias en cómo se concibe el respeto al estado de derecho, la lucha contra el cambio climático, la migración, el debate sobre las redes sociales, la libertad de expresión... Tanto Merz como Macron fueron muy claros sobre las líneas rojas y no debe ser Trump quien las marque.

En suma, Rubio ha dicho que EEUU quiere "una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afectado a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia". Según el secretario de Estado, EEUU no busca separarse, sino revitalizar una vieja amistad". Veremos si es posible. La prueba de fuego es Ucrania. Si quieren demostrar su alianza, deberían escuchar más a los europeos y ucranianos que a Putin. El viernes Marco Rubio podría haber asistido a un encuentro con el presidente ucraniano y varios líderes europeos pero no lo hizo. No parece la mejor manera de mostrar lo mucho que nos une. Más pistas: después de Múnich las paradas de la gira de Rubio son Hungría y Eslovaquia, los dos países más críticos con la ayuda a Ucrania, y los más trumpistas.