La mayoría de los españoles conoció a José Ángel González durante la pandemia. Salía en televisión a diario, vestido de uniforme, junto a un general de la Guardia Civil y otro de la FAS, acompañando a Fernando Simón, el epidemiólogo estrella que el Gobierno designó como narrador de la evolución del Covid. Daban el parte de víctimas, hospitalizaciones, altas... y los incumplimientos ciudadanos a las obligaciones establecidas durante el confinamiento, como, por ejemplo, no salir de casa sin una causa muy justificada.
Sí, era él. Ese policía de aspecto tosco y no precisamente dotado para la oratoria. Pero muy poca gente sabía que ese policía era el DAO (Director Adjunto Operativo), el segundo hombre con más poder en el Cuerpo Nacional de Policía (CNP), donde prestan servicio unos 70.000 agentes.
Natural de Aguilar del Río Alhama, un pueblecito de poco más de 400 habitantes, situado en la comarca de Cervera (La Rioja), José Ángel González –al que los polis conocen como Jota– ingresó en el cuerpo en 1984. Se forjó en las UIP (los conocidos como antidisturbios), pasó por Valladolid, después se trasladó a Alicante, ya como jefe, y, por último, ejerció en Zaragoza como jefe superior de Aragón. Todo ello antes de octubre de 2018, fecha en la que ascendió a la cúspide de la cúpula policial, un cargo que, en principio, no debería ser político, sino asignado a comisarios principales con prestigio y autoridad entre sus iguales.
Pero en 2018, ya con Pedro Sánchez en el Gobierno, Jota no era muy conocido entre los popes de la Policía. No sabían que su padrino, quien le recomendó para ese cargo, era nada menos que Segundo Martínez, que fue el comisario responsable de la seguridad del Palacio de la Moncloa entre 2004 y 2011, durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Martínez es natural de Babia (León), y de ahí su relación con el ex presidente, que siempre ha cuidado de él: ahora trabaja en seguridad para Huawei. Martínez se lo recomendó al también recién nombrado director general de la Policía, Francisco Pardo, militante del PSOE y procedente de Castilla-La Mancha, un hombre de confianza del ex ministro José Bono, que no puso pegas en colocar a González al frente de la Policía. Con esos padrinos, Zapatero y Bono, ¿qué podía salir mal? Pero ¿por qué Martínez se fijó en Jota? Tal vez, apunta una fuente del Cuerpo, porque pensaba que era una persona que cumpliría las instrucciones a rajatabla, no tenía un pasado conflictivo y estaría siempre agradecido por un ascenso que no esperaba. Fama de brillante, la verdad, no tenía.
González estaba protegido no sólo por el ministro, sino por el comisario Segundo Martínez, policía de cabecera de Zapatero
Para poner las cosas en contexto, hay que recordar que Sánchez nombró ministro de Interior al ex juez Fernando Grande-Marlaska con el objetivo de "limpiar" la Policía, contaminada por las "cloacas" de la llamada policía patriótica: Jorge Fernández Díaz, Villarejo, Eugenio Pino, etc.
Así que este policía, con años en el cuerpo pero sin ser una lumbrera, llegó al máximo escalón para sorpresa de muchos y con la esperanza de regeneración para una minoría.
Según uno de sus subordinados, en su última etapa, Jota estaba ya un poco quemado. Solía decir que estaba deseando jubilarse; eran ya muchos años de servicio. Su mujer enfermó y él parecía que ya no disfrutaba con su profesión. Solía alargar las comidas con sus más allegados, en cuyas sobremesas nunca faltaba una copa. Sin embargo, cuando le llegó la hora (65 años) se las apañó para que en un decreto de medidas urgentes sobre la Dana se incluyera una reforma que le permitía seguir en el Cuerpo más allá de la jubilación. El ministro lo justificó por su papel insustituible en el cargo. Eso, que provocó no pocas suspicacias entre los mandos del CNP, sucedió en el mes de diciembre de 2024.
Ya entonces había iniciado una relación con una subinspectora de policía a la que le lleva más de 20 años. A ella la había conocido hacía mucho tiempo, cuando ambos coincidieron en Valladolid. Esa relación era conocida por la cúpula policial, y, muy particularmente, por el comisario Óscar San Juan, amigo y confidente de Jota y a quien en el Cuerpo conocen como el mini-DAO.
¿Fue acaso la relación con la subinspectora la que llevó a Jota a pedirle al ministro que le arreglara lo de la jubilación? ¿Fue tal vez porque ya se había acostumbrado a las prebendas que comporta el cargo? Probablemente ambas cosas.
El caso es que la relación con la subinspectora, que a principios de 2025 ascendió a inspectora, concluyó por deseo expreso de la que llamaremos la víctima. Para Jota debió de ser un palo. Él la echaba de menos y quería seguir manteniendo su vínculo con ella, que era, básicamente, sexual. El desahogo del guerrero, tal vez la última aventura.
La relación con la subinspectora, que a principios de 2025 ascendió a inspectora, concluyó por deseo expreso de ella
Y aquí llegamos al día de autos: 23 de abril de 2025. Según refleja la detallada querella del abogado Jorge Piedrafita, la víctima se encontraba ese día en su puesto de trabajo en la Comisaría de Coslada. Sobre las 14.15 horas recibe múltiples llamadas de José Ángel González, quien le requiere su presencia inmediata. Ella se niega pero él esgrime su autoridad para intimidarla. Finalmente accede y es trasladada en un coche oficial camuflado hasta un restaurante donde estaban almorzando Jota y el comisario Óscar San Juan (recuerden, el mini-DAO). Cuando llega, ya están en la fase de las copas. Jota la conmina a acompañarle hasta su domicilio, que es un piso oficial situado en Alberto Alcocer, para "hablar". Ella se niega, pero cede; incluso cuando llegan a Alberto Alcocer ella le pide que hablen sin bajarse del coche, pero, al final, acaba subiendo. Él no tarda mucho en mostrar cuáles son sus intenciones. Sirve dos cervezas y, acto seguido, empieza a manosearla de forma violenta. Ella se resiste. Él intenta doblegarla: "¡Oye, que soy el DAO!". Como si el cargo le diera derecho a abusar o violar a una subordinada. Llega a introducirle los dedos en la vagina, mientras que, con la otra mano coloca la de la víctima sobre su pene. Ella ya ha puesto la grabadora de su móvil en funcionamiento, una vez que se percató de cuáles eran sus intenciones. Al final, Jota no logra su objetivo y ella se marcha asqueada y aterrorizada.
Ese mismo día a partir de las 20.43 horas, Jota la llama en diecisiete ocasiones. Al no recibir respuesta, le envía una serie de mensajes de WhatsApp en los que la insulta: "gilipollas", "borrica"... Había comenzado la campaña de presión para asustarla y evitar una posible denuncia.
El 24 de abril el DAO volvió a insistir utilizando su teléfono personal y el oficial. No tuvo respuesta.
Tras un periodo de silencio, el 20 y 21 de mayo de 2025 volvió a llamarla insistentemente, sin éxito. Por fin, el 22 de mayo la víctima le cogió el teléfono. Él le recriminó que le "negara el sexo" y, ante la manifestación de ella de que estaba dispuesta a denunciarle, él la amenazó: "Vete a la mierda. Eres lo peor que me ha pasado. Ven a verme a ver qué te puedo dar".
El relato de los hechos apunta a la colaboración de varios mandos de la Policía con el todopoderoso Jota en su presunto acoso a la policía que le ha denunciado
La víctima se debate entre seguir resistiendo en silencio o dar un paso y denunciar. El 2 de junio, se puso en contacto con el Punto de Violencia de Rivas para asesorarse tanto desde el punto de vista psicológico como legal.
Hubo varios días de silencio. Hasta que el 12 de junio Jota vuelve a llamarla, otra vez sin éxito.
El 7 de julio se produce un hecho relevante. Óscar San Juan llamó a la víctima hasta en cinco ocasiones. Ella no respondió. El 13 de julio volvió a insistir y esta vez sí le cogió el teléfono. Fue en esa conversación en la que el mini DAO le ofreció que "eligiera un puesto", el que quisiera. Ella no contestó a su proposición.
El 14 de julio Jota la volvió a llamar desde su teléfono personal y desde el oficial.
Otra fecha importante: 24 de julio de 2025. Tras su ascenso, la víctima es trasladada desde la Comisaría de Coslada a su nuevo destino: la subdirección de Recursos Humanos y Formación, que se encuentra en el mismo edificio de la calle Miguel Ángel donde se ubica el lugar de trabajo del DAO. Pues bien, ese mismo día, Jota la llama desde su despacho. ¿Quién decidió ese destino? ¿Fue una casualidad que el abusador consiguiera que la víctima tuviera su nuevo trabajo justo al lado de su despacho?
Ese día, la víctima se dio cuenta de que estaba atrapada. Ya no podía más y habló con su jefa, Gemma Barroso, para comunicarle que no podía continuar en su puesto por un problema de salud mental.
El 28 de julio de 2025, la víctima accedió a la baja médica por incapacidad temporal "derivada directamente de la sintomatología ansioso depresiva reactiva a la agresión sexual y acoso posterior sufridos".
El protocolo de actuación en estos casos establece periódicas revisiones para observar la evolución psicológica de la persona que ha sufrido el acoso. Pero a la víctima no la ha llamado nadie. No sólo se sentía sola, sino aterrada ante la posibilidad de que se pudieran volver a repetir las llamadas y las presiones.
En el mes de octubre de 2025 se puso en contacto con el abogado Jorge Piedrafita, quien ya se había personado en otros casos mediáticos con el de Elisa Mouliaá y Errejón o el de Jennifer Hermoso y Luis Rubiales. Dar el paso hasta la presentación de la querella (el pasado 9 de enero) no fue nada fácil. Es verdad que durante esos meses no hubo más llamadas. Según Piedrafita tal vez "porque el DAO pensó que ella había desistido de denunciarle".
La estrategia a seguir fue la de la discreción. No había que decir nada a nadie, evitando así que esa bomba informativa saliera a los medios antes de tiempo.
Por fin, el martes 17 de febrero, la querella fue admitida a trámite por el juzgado de Violencia contra la Mujer número 8 de Madrid.
Ese mismo día, la victima acudió al despacho de su jefa, Gemma Barroso, la directora de Recursos Humanos de la Policía, sobre las 15 horas. Le informó de la admisión de la querella y le entregó una copia. Barroso le mostró todo su apoyo.
Según fuentes solventes, nada más salir de su despacho, Barroso llamó a su jefe, el director general de la Policía, Francisco Pardo, para informarle de lo sucedido. Es probable que este telefoneara al ministro Grande-Marlaska. Pero lo que es cierto es que Jota no se enteró hasta pasadas las 18 horas, y no porque le informaran por vía oficial, sino porque la noticia ya estaba en los medios.
Contrariamente a lo que dijo el ministro Marlaska en la sesión de control del día siguiente en el Congreso, no se produjo una destitución, sino que fue el propio González quien presentó su renuncia mediante una brevísima carta de cinco líneas en la que manifestaba su intención de "salvaguardar el honor de la Policía".
Por la noche, en su domicilio, el DAO recibió la visita de algunos amigos más cercanos, entre ellos, la esposa del comisario Segundo Martínez.
José Ángel González tendrá que prestar declaración el próximo día 17 de marzo en el juzgado número 8. Su defensa estará a cargo del prestigioso despacho de Ignacio Fuster Fabra, que ha defendido en muchas ocasiones a jefes y oficiales de la Policía.
Por su parte, Piedrafita ha puesto a disposición del juzgado una grabación de 40 minutos del día de la agresión, así como copia de los mensajes recibidos. Las insistentes llamadas también pueden ser verificadas.
Tras el estallido del caso, algunos policías han declarado a los medios que la actitud machista y acosadora de Jota era de sobra conocida. Pero nadie hasta ahora había dicho nada.
Más allá del comportamiento del DAO (pongámoslo en presunto), la cuestión es cómo se ha podido producir una sucesión de hechos tan lamentable en la cúpula policial, hechos en los que habrían colaborado otras personas de su entorno; especialmente el comisario San Juan.
Y aquí viene la clave del asunto, lo que debería hacer dimitir al ministro del Interior. González no sólo se sentía superior a la víctima por su cargo, sino porque políticamente estaba blindado, tanto por Grande Marlaska –que hizo el apaño de prolongar su permanencia en el puesto– como por el director general y por el comisario Segundo Martínez, hombre de confianza de Rodríguez Zapatero.
Algunos hechos ratifican que las responsabilidades afectan a varias personas. Por ejemplo, la Unidad de Asuntos Internos no intervino en ningún momento. ¿No se enteró de nada? En segundo lugar, ¿cómo se produjo la elección del destino de la víctima para que coincidiera justo al lado de donde trabajaba su acosador? En tercer lugar, ¿por qué no se aplicó el protocolo que se sigue con las víctimas de violencia machista y nadie de la policía llamó durante meses a la inspectora que se había dado de baja?
Marlaska ha situado en la víctima la responsabilidad de su dimisión. Es decir, que ha eludido responder a la pregunta de cuál ha sido su papel en ese gravísimo caso. ¿No se enteró de nada?
El presidente del Gobierno, por su parte, le ha dado todo el apoyo a su ministro. No es la primera vez que le echa un flotador al titular de Interior. Pero, en esta ocasión, su complicidad o inacción ha provocado un suceso lamentable que echa por tierra, una vez más, la demagogia de que este es el Gobierno más feminista de la historia.
El relato de los hechos que han conducido a la dimisión de José Ángel González pone en evidencia la complicidad y la inacción en el seno de la cúpula policial y del ministerio
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