Teherán mueve ficha para blindar el régimen tras el asesinato de Ali Jamenei. La República Islámica ha activado el mecanismo constitucional previsto para evitar un vacío de poder y ha designado un consejo interino que asumirá provisionalmente las funciones del líder supremo hasta que se nombre a su sucesor definitivo.

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"Estados Unidos e Israel deben saber que esto no les reportará más que su propia caída", ha declarado desafiante el presidente iraní Masoud Pezeshkian en una declaración grabada en vídeo y retransmitida por la televisión estatal, en la que es su primera aparición pública desde los ataques que ayer segaron. la vida del líder supremo. "Las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán están actuando con decisión para destruir los cimientos de los enemigos", añadió.

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La decisión del consejo interino, anunciada por las autoridades iraníes horas después de confirmarse su fallecimiento en el contexto de la actual escalada militar, busca proyectar continuidad institucional en un momento de máxima tensión regional y fragilidad interna, con el régimen en modo de supervivencia. Jamenei, en el cargo desde 1989, era la última instancia de poder en política exterior, defensa, aparato judicial y orientación ideológica del Estado.

Triunvirato provisional

El artículo 111 de la Constitución iraní establece que, en caso de muerte o incapacidad del líder supremo, sus funciones deben ser asumidas temporalmente por un órgano colegiado compuesto por el presidente de la República, el jefe del Poder Judicial y un clérigo designado por el Consejo de Guardianes. En cumplimiento de ese precepto, el consejo queda integrado por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholamhossein Mohseni Ejei y el ayatolá Alireza Arafi, figura destacada del establishment religioso.

El triunvirato ejercerá las prerrogativas del líder supremo de manera provisional, pero no podrá alterar la arquitectura del sistema ni adoptar decisiones estructurales que comprometan el proceso sucesorio. Su principal cometido será garantizar la estabilidad del aparato estatal y supervisar la transición hasta que la Asamblea de Expertos, el órgano clerical encargado de elegir al líder supremo, designe al nuevo jefe del Estado.

La Asamblea, compuesta por 88 religiosos elegidos formalmente por sufragio pero filtrados por el Consejo de Guardianes, deberá reunirse para nombrar al sucesor en un proceso que previsiblemente se desarrollará bajo estricta opacidad. En la práctica, el equilibrio de poder entre el clero conservador, los Guardianes de la Revolución y los principales centros de seguridad será determinante en la designación.

La muerte de Jamenei abre la primera gran transición en la cúspide del sistema desde el fallecimiento de Ruholá Jomeini en 1989. Entonces, la sucesión se resolvió en cuestión de horas mediante un pacto interno que consolidó la autoridad del nuevo líder y evitó fisuras visibles. Ahora, sin embargo, el relevo se produce en un contexto mucho más volátil: protestas recurrentes, sanciones internacionales asfixiantes y un enfrentamiento directo con Estados Unidos e Israel que amenaza con ampliar el conflicto a escala regional.

El establecimiento del consejo interino pretende enviar un mensaje claro tanto al interior como al exterior: el sistema sigue operativo y la cadena de mando permanece intacta.