Friedrich Merz ha sido el primer líder europeo, y mundial, en ser recibido por Donald Trump en la Casa Blanca después de su última intervención militar, la séptima de su mandato. La guerra contra Irán ha encendido Oriente Próximo. El líder de la primera economía europea tenía la ocasión de erigirse en la cabeza visible de una Europa unida. Sin embargo, Merz ha dejado que Trump se dedique a ponga el dedo en el ojo a España por no ceder el uso de las bases de Morón y Rota para su operación contra Irán, y por no aumentar el presupuesto en defensa. De carambola Trump ha logrado fragmentar a la Unión Europea y poner en evidencia sus costuras.

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Lejos de actuar como un aliado de España, el canciller alemán parecía haberse mutado en una copia de Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, al que tanto aprecia Trump. En la rueda de prensa sobre la visita de Merz a EEUU, antes de las preguntas, Trump ha arremetido contra España y ha dicho que cortaría relaciones comerciales con nuestro país.

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"Algunos europeos, como España, han sido terribles. De hecho, le dije a Scott [secretario del Tesoro] que corte todas las relaciones con España", ha indicado Trump. Y ha recordado que "todo empezó cuando pedí que cada país europeo llegara al 5%, que es lo que deberían estar haciendo. Alemania fue entusiasta, todos lo fueron. España no lo hizo. Y ahora España dice que no podemos usar sus bases. Eso se acabó. Podemos usar sus bases si queremos. Podemos volar y utilizarlas. Nadie nos va a decir que no podemos hacerlo. Pero no tenemos que hacerlo". Y finalmente concluye que España tiene buena gente, pero un liderazgo "terrible". "Vamos a cortar todo el comercio con España".

El canciller alemán ha escuchado la perorata impertérrito. Al ser preguntado por su opinión sobre el castigo contra España que acababa de anunciar Trump, Merz ha dicho: "Tratamos de convencer a España para que alcance el 3% o el 3,5%. Es la única que no está dispuesta a aceptarlo". El canciller alemán se refiere a los nuevos objetivos para el presupuesto en defensa acordados en la cumbre de La Haya del verano de 2024.

La 'traición' de La Haya

Es ahí donde empezó el cisma entre el presidente del Gobierno español y el resto de los líderes europeos en la Alianza Atlántica. Todos acordaron que iba a sumarse a la demanda de Trump, porque también creen que aumentar la inversión en defensa es fundamental dadas las actuales amenazas. Pero Sánchez se desmarcó hasta el final, con el argumento de que España cumpliría con las capacidades asignadas. Finalmente, le dieron un voto de confianza para no escenificar una ruptura.

Pero Trump anotó el desplante y no se olvidó. Amenazó con represalias sin llegar a concretar. Y lo hace ahora, cuando Sánchez también ha negado el uso de las bases de Rota y Morón para asistir en la operación contra Irán.

Desde la cumbre de La Haya, cada vez estaba más apartado Sánchez en las cumbres decisivas sobre el futuro de Ucrania. Alemania y Francia se han coordinado con el Reino Unido, ya fuera de la UE pero muy vinculado en defensa, y con Polonia, los nórdicos... Sobre todo los nórdicos, como Dinamarca, son un ejemplo de una actitud digna con Trump, como vimos en Groenlandia, respaldada por el resto de los europeos. Pero no es el caso de Sánchez. Sus críticas se ven desde la cumbre de La Haya como una falta de coordinación con los europeos.

De todas formas, Merz ha adoptado una actitud que no corresponde a un líder europeo que defienda la unidad de sus socios. Probablemente porque ya a Sánchez la mayoría en la UE no le ven como un socio más sino como alguien que libra la guerra por su cuenta.