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Cole Tomas Allen envió un mensaje a sus allegados antes de acometer una misión que probablemente ya sabía que era imposible. El joven californiano se había desplazado en tren hasta Washington, vía Chicago, y se había registrado en el Hilton, donde sabía que el sábado por la noche se celebraba la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Donald Trump, y la plana mayor de su gobierno, asistían este año. Su odio a la Administración Trump, que deja claro en su manifiesto, le llevó a planear un atentado contra ellos. Finalmente, abrió fuego lejos del salón donde se celebraba el acto, pero cundió el pánico. El servicio secreto lo redujo y está bajo custodia. Este suceso vuelve a poner de manifiesto la peligrosa deriva de EEUU donde la violencia política es cada vez más acusada.

En su manifiesto deja constancia de su odio a Trump, aunque el presidente prefirió remarcar que se trataba de una persona trastornada con pensamientos anticristianos. El presidente de Estados Unidos hizo alusión al mensaje del autor del tiroteo en el Hilton en una entrevista en Fox News. Es un tipo muy problemático. Al leer su manifiesto te das cuenta de que odia a los cristianos. Eso es seguro. Es un odio fuerte, anticristiano", dijo Trump.

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Lo curioso es que lo que se sabe de Cole Tomas Allen dista mucho del perfil de un "lobo solitario" clásico o de un fanático. De California, se presentaba como desarrollador de videojuegos y ejercía de profesor de C2 (alumnos con necesidades especiales), con gran éxito. Estudió un Cal Tech, una universidad privada de buen nivel, un grado de ingeniería. También tiene un máster en ciencias de computación.

El 'manifiesto' de Cole Tomas Allen

Los investigadores confirmaron el autor del tiroteo que había dejado un testimonio escrito, pero sin dar más detalles. Sin embargo, The New York Post reproduce lo que asegura que es ese manifiesto de Cole Tomas Allen, de 31 años. Envió el mensaje diez minutos antes de poner en marcha su plan.

No estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes"

Cole Tomas Allen, autor del tiroteo en su 'manifiesto'

"Soy ciudadano de los Estados Unidos de América. Lo que hacen mis representantes se refleja en mí. Y ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes. (Bueno, para ser completamente sincero, hace mucho que ya no estaba dispuesto a ello, pero esta es la primera oportunidad real que he tenido de hacer algo al respecto)", indica el autor del tiroteo. Repasa cuáles son sus objetivos: los miembros del gobierno de Trump, de mayor a menor rango. Y reconoce que al no ser militar tiene pocas opciones.

Expresa cuáles son las objeciones que se ha planteado a la hora de cometer el atentado. "Como cristiano, deberías poner la otra mejilla", se dice. Y replica: "Poner la otra mejilla es algo que se hace cuando uno mismo es oprimido. Yo no soy la persona violada en un campo de detención. Yo no soy el pescador ejecutado sin juicio. Yo no soy un escolar víctima de un atentado, ni un niño que pasa hambre, ni una adolescente maltratada por los numerosos delincuentes de este Gobierno. Poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es un comportamiento cristiano; es complicidad en los crímenes del opresor".

Críticas a la seguridad

Termina con una crítica severa al bajo nivel de seguridad del evento. "Lo primero que noté nada más entrar en el hotel fue una sensación de arrogancia. Entro con varias armas y ni una sola persona allí considera la posibilidad de que pueda ser una amenaza.
La seguridad del evento está toda fuera, centrada en los manifestantes y en los que llegan en ese momento, porque al parecer nadie pensó en lo que pasaría si alguien se registrara el día anterior. Es decir, este nivel de incompetencia es una locura, y espero sinceramente que se corrija para cuando este país vuelva a tener un liderazgo realmente competente", señala. Trump no ha criticado al servicio secreto pero ha aprovechado para defender su salón de baile. Ahí la seguridad será máxima, según remarca.

De hecho, según The Washington Post, Cole Tomas Allen pasó a toda velocidad por un control de seguridad del servicio secreto en el Washington Hilton el sábado, atravesó un detector de metales y llegó a lo alto de una escalera que conducía al salón de baile donde estaba Trump con el resto de los invitados. Ahí fue reducido y un agente resultó herido, aunque se salvó de mayores consecuencias gracias al chaleco antibalas.

El mensaje está trufado de agradecimientos a la familia y amigos, a sus alumnos, y también a su "familia de la Iglesia". También les pide perdón y reconoce que siente náuseas por verse abocado a ir hasta el extremo.

Más que las palabras de alguien con sentimientos anticristianos, como apuntó Trump, es el de una persona a quien enferma la forma de conducir el país de la Administración actual, hasta tal punto que quiere aniquilarlos.

Tantos intentos de atentado como Lincoln

Este intento de atentado sería el tercero que sufre Trump, aunque fue en el primero cuando su vida corrió más peligro. En julio de 2024, en plena campaña electoral, un francotirador le alcanzó en una oreja en Butler, Pensilvania. Murió una persona que asistía al acto y el propio francotirador. Su imagen desafiante tras el atentado recorrió el mundo y le atribuyó entre sus seguidores en EEUU un halo de imbatibilidad. Dos meses más tarde atraparon a un hombre armado que había burlado la seguridad de su campo de golf en Florida. Pero Trump se encontraba en la Casa Blanca.

En esta ocasión el tiroteo se produjo ante el evento más simbólico de la prensa de Washington. Desde hace 60 años celebran en el Hilton esta cena, marcada por el tono desenfadado entre periodistas y políticos. Es el primer año que Trump asiste. No lo hizo en su primer mandato ni el año pasado.

Para David Smith, periodista que lleva 10 años asistiendo, el suceso marca un paso más en la violencia política en EEUU. "En los últimos diez años hemos sido testigos de un tiroteo durante un entrenamiento de béisbol del Congreso, una marcha mortal de supremacistas blancos en Charlottesville, la insurrección del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos y los asesinatos de la expresidenta de la Cámara de Representantes de Minnesota, Melissa Hortman, y su marido, así como del activista de derecha Charlie Kirk. La violencia política está a la orden del día y el sábado, en un lujoso salón de baile de Washington, Trump y los medios de comunicación vislumbraron el borde del abismo", escribe en The Guardian.

Riesgo de normalización

Donald Trump, sin embargo, no quiso hablar de violencia política en la rueda de prensa en la Casa Blanca a última hora del sábado. "Es una profesión arriesgada". Y aludió a que los presidentes que más hacen son los que corren más riesgo, comparándose con Abraham Lincoln.

Lanhee Chen, investigador del centro de estudios Hoover Institution en Stanford, California, dijo en Meet the Press: "La violencia política parece haberse convertido en parte del día a día, pero no debería ser algo normal. No debería normalizarse y eso es algo que no debemos perder de vista. Y, en última instancia, corresponde a los líderes públicos marcar el tono adecuado".

Según el Pew Research Center, el 85% de los estadounidenses considera que la violencia política va en aumento. Sin embargo, la amplia mayoría de los demócratas cree que la culpa es de los republicanos, y tres de cada cuatro republicanos responsabiliza a sus rivales políticos. Un 30% piensa que la violencia es "la manera de volver a encarrilar a la nación".