La Vigilia Pascual es la celebración más solemne e importante del año para las más de 1.400 millones de personas que forman la Iglesia Católica. En ella se conmemora la Resurrección de Jesús después de su muerte y Pasión de la tarde del Viernes Santo, siendo el culmen de la Semana Santa. Conmovidos por la noticia, la Iglesia se adelanta a la mañana del Domingo de Resurrección y celebra esta Vigilia en la noche del Sábado Santo. Sin embargo, a pesar de que le celebración inicie en la noche del sábado, en muchos templos del mundo, esta misa se extiende a la madrugada del domingo, pues es la Eucaristía más larga del año. El altar luce, en contraposición al Viernes Santo, decorado con arreglos florales y velas, además de la compañía del incienso.
La celebración inicia con la iglesia completamente a oscuras. Mientras tanto, a las afueras del templo se bendice el fuego de una hoguera. "Alpha y Omega, Principio y Final", dice el clérigo mientras bendice el cirio pascual, elaborado con cera de abejas, evocando a la divinidad. Después, con el fuego y el cirio bendecido, se enciende la vela que debe ser más grande que todas las demás del templo. Tras ello, se entra en procesión con las luces apagadas hasta el altar y los laicos van extendiendo poco a poco la luz entre los asistentes, pues todos los fieles tienen una pequeña vela. Finalmente, queda toda la iglesia iluminada con la luz de la hoguera, pero aún con las luces del templo apagadas. A esta parte de la ceremonia pascual se le conoce como el lucernario. Con la llegada de los clérigos al altar, se canta el Pregón Pascual, un himno solemne que dura alrededor de los 10 minutos.
Después, inicia la liturgia de la palabra, donde se leen al menos 3 lecturas del Antiguo Testamento, junto a sus respectivos salmos. Sin embargo, generalmente se leen siete lecturas del Antiguo Testamento con los siete salmos correspondientes. Esta es una de las partes que más alarga la misa, convirtiéndola en la más extensa del año. Estas lecturas rememoran la historia de la Salvación del pueblo de Israel, desde la Creación del mundo, el sacrificio de Abraham y el éxodo de Egipto por el Mar Rojo. Tras esto, se canta el Gloria que no se había cantado desde el inicio de la Cuaresma (a excepción de la Solemnidad de San José del 19 de marzo y el Jueves Santo) junto con el sonido de las campanas, que vuelven a tocarse después del silencio del Viernes Santo. Este es el momento en el que se encienden las demás luces del templo y los monaguillos encienden las velas del altar.
En este momento se lee un fragmento de la carta del apóstol San Pablo y luego se proclama el Evangelio de la Resurrección según alguno de los sinópticos, es decir, según San Marcos, San Lucas o San Mateo, entonando antes el Aleluya, que al igual que el Gloria, no se cantaba desde el inicio de la Cuaresma.
Después de la homilía, en algunas celebraciones se bautizan los catecúmenos y se bendice el agua que los fieles llevan a la Vigilia. Se cantan las letanías de los santos (opcional) y se renuevan las promesas bautismales de todos los asistentes. A partir de este momento, la celebración continúa de forma tradicional con la liturgia eucarística.
Finalmente, la misa termina con la bendición final, después de tres días sin ella, pues ni el Jueves Santo ni el Viernes Santo ni el Sábado Santo se da la bendición, ya que las tres celebraciones en su conjunto forman el Triduo Pascual. De esta manera concluye oficialmente el Triduo Pascual e inicia el tiempo de Pascua para la Iglesia Católica. Después, aunque no es obligatorio, se suele cantar el Regina Coeli (Reina del Cielo), un canto solemne a la Virgen María para que se alegre de la Resurrección de su Hijo.
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