El 15 de marzo de 2004, George Harrison ingresó de manera póstuma en el Rock and Roll Hall of Fame por su carrera en solitario –ya lo había hecho como miembro de los Beatles en 1988–. A modo de cierre de la ceremonia, conducida musicalmente por Tom Petty y Jeff Lynne, se interpretó uno de los grandes éxitos del homenajeado, While My Guitar Gently Weeps, escrita por Harrison en 1968 para el White Album de los Beatles. Sobre el escenario estaban Petty y Lynne, Steve Winwood, el hijo de Harrison, Dhani, músicos de apoyo de las bandas de Petty y Lynne. Llegado el final de la gala, lo que estaba destinado a ser un bonito homenaje de calidad musical indiscutible se convirtió en un momento legendario gracias a la intervención de un invitado especial: ese artista proteico e inclasificable fallecido hace diez años llamado Prince.
Tocado con un sombrero rojo a juego con su camisa y su pañuelo, Prince, que también ingresó en el Hall of Fame en 2004, permaneció en segundo plano durante tres minutos, mientras Petty llevaba la voz cantante de la banda. Pero mediada la actuación, el artista de Minneapolis avanzó hasta el centro del escenario para encargarse del solo final y acabó concentrando toda la atención del homenaje. Nadie sabía lo que iba a pasar porque se las había ingeniado para guardarlo en secreto durante los ensayos. Diez años después de su muerte, el vídeo de aquella actuación sigue siendo la mejor manera de explicar la dimensión artística de Prince: además de compositor, productor, cantante y fabricante de personajes, Prince era un guitarrista formidable.
La reconstrucción más precisa de aquella noche inolvidable la publicó The New York Times hace ahora diez años, pocos días después de la muerte del músico, a partir de testimonios de varios de los presentes. El productor y director de la ceremonia, Joel Gallen, tenía desde el principio en la cabeza la idea de cerrar la gala con While My Guitar Gently Weeps y Prince ocupándose de los solos. Para conseguirlo le escribió una carta personal a través de su abogado. Semanas después, uno de los hombres de Prince le llamó para decirle que el músico quería verle en Los Ángeles.
Qué hay de lo mío
En aquella primera reunión, Prince le dijo que le gustaba la idea y que iba a escuchar la canción varias veces antes de darle una respuesta definitiva. Hubo una segunda cita. Entonces aceptó, aunque dejó claro que había una cuestión que le importaba especialmente. Según Gallen, habló mucho de la música, pero también de “quién iba a ser el propietario de la actuación”. Quería asegurarse de que “su interpretación no fuera explotada sin su conocimiento”.
Prince había convertido el control sobre su nombre, sus canciones y sus grabaciones en una guerra pública y abierta con la industria, hasta el punto de pasar varios años refugiado tras un símbolo impronunciable. En esa defensa de su obra construyó buena parte de su identidad artística, con alter egos sucesivos y una relación siempre tensa con la explotación comercial de su música.
Tom Petty, que había llegado al homenaje por invitación expresa de Olivia Harrison, la viuda de George Harrison, celebró la incorporación de Prince, pero se dio cuenta de que habría que replantear el número. “Si tenemos a Prince dispuesto a tocar la guitarra solista, ¿cómo vamos a darle un solo de ocho compases?”, en referencia al solo grabado por Eric Clapton. Había que respetarlo. La solución fue dejar a Prince el final de la actuación para que hiciera lo que quisiera.
"Del solo final me encargo yo"
El 14 de marzo de 2004, víspera de la ceremonia en el Waldorf-Astoria de Nueva York, apareció la primera complicación. Prince había pasado antes por una prueba de sonido para el medley con el que abriría la gala. Tuvo problemas de audio, se irritó con su técnico y, según Gallen, llegó a despedirlo en pleno ensayo. Cuando terminó, se fue al hotel. El productor de la gala le pidió que regresara más tarde, a las diez de la noche, para ensayar el final de la gala. Su respuesta: “Ya veré”.
Más tarde, durante el ensayo de Petty, Lynne y el resto de músicos, Prince apareció en un lateral del escenario con la guitarra. Saludó, tomó su sitio y empezó la canción. Cuando llegó el solo central, el guitarrista de Jeff Lynne, Marc Mann, se lanzó a tocarlo nota por nota como Clapton. Prince no intervino. Se limitó a hacer ritmo y acompañar. La canción siguió y, al llegar el gran solo final, volvió a ocurrir lo mismo: Prince dio un paso al frente para tocar, pero el guitarrista de Jeff Lynne arrancó también ese solo. Prince no dijo nada. Se limitó a acompañar y dejó pasar el momento.
Al terminar, Gallen, preocupado, se reunió con Tom Petty y Jeff Lynne alarmado por lo que acababa de ver. No sabía si habría otro ensayo con Prince y tenía claro que aquello no podía repetirse en la gala. Luego habló en privado con Prince. Él le tranquilizó: “Deja que ese tipo haga lo suyo y yo entraré al final. Del solo del final me encargo yo; olvida el solo del medio. No te preocupes por eso”. No dio más explicaciones. No enseñó lo que iba a tocar ni marcó un plan detallado.
La actuación "más impresionante" del Hall of Fame
Steve Ferrone, batería de Tom Petty and the Heartbreakers, ni siquiera sabía que Prince iba a tocar con ellos antes de la actuación. Cuando le vio, recordaba para The New York Times en 2016, se acercó a saludarlo. “Hola, Prince, encantado de conocerte, soy Steve Ferrone”. La respuesta le sorprendió: “Te conozco”. Poco después, sentado ya en la batería, escuchó a Prince tocar un riff de una canción que él había escrito con Average White Band y vio que le miraba mientras lo hacía. Ferrone entendió entonces que sus palabras no eran mera cortesía.
Sobre el escenario, la actuación siguió el guion previsto. Marc Mann se encargó del solo central, el que replicaba el de Clapton, mientras Prince se mantenía en un segundo plano, acompañando. Pasados los tres minutos, cuando la canción encaró su tramo final, Prince dio un paso al frente, un foco le iluminó y él tomó el control de lo que sucedía en el escenario. Hasta ese momento no había ensayado con la banda. Nadie sabía exactamente qué iba a hacer.
Tom Petty lo vio desde unos metros y empezó a marcarle el camino con gestos. “Se me ve asentirle, como diciendo, sigue, sigue así”. Se acercó para transmitirle que aquello funcionaba, aunque no hacía ninguna falta. “Se podía sentir la electricidad de que algo muy grande estaba ocurriendo allí”.
Prince encadenó el solo sin mirar atrás, mezclando referencias al original con variaciones propias, alargando frases y subiendo la intensidad hasta desplazar el centro de la actuación. Según Craig Inciardi, conservador del Rock and Roll Hall of Fame, aquella fue la ceremonia “más impresionante” en términos de ejecución musical de cuantas había visto.
"Guardad vuestras oraciones para dentro de unos días"
En el vídeo, que con más de 140 millones de reproducciones es el más visto del canal de YouTube de Rock and Roll Hall of Fame –por delante del Johnny B. Goode de Chuck Berry con Bruce Springsteen y la E Street Band–, puede verse la cara de sorpresa de algunos de los músicos, empezando por Dhani Harrison, que no cabe en sí de gozo. En un momento dado, Prince, moviéndose a placer por el escenario, parece que se tira de espaldas, pero un miembro de su equipo de seguridad le sujeta y le da un empujoncito para volver a la verticalidad. Todo ello sin dejar de tocar un segundo. El final remató el show: con su chulería emblemática tiró la guitarra al foso y salió del escenario.
La actuación fascina y sigue acumulando visionados y admiradores porque muestra al Prince radiante y en forma que cautivó a millones de personas desde los años 80. Y que se mantuvo sobre los escenarios hasta el final. En abril de 2016, el artista había retomado su gira Piano & A Microphone con dos conciertos en Atlanta. Al llegar a la ciudad se mostró indispuesto, pero nadie lo habría dicho a juzgar por los shows, que fueron un éxito. De vuelta a Minnesota, su avión privado tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia después de que perdiera el conocimiento en pleno vuelo. Los servicios médicos le administraron Narcan, un fármaco utilizado para revertir los efectos de los opiáceos. Su entorno habló entonces de gripe para explicar el incidente.
En los días siguientes, de vuelta en casa, mantuvo una apariencia de normalidad. Visitó una tienda de discos, y el 16 de abril apareció en una fiesta en su mansión-estudio de Paisley Park. Allí se dirigió a los asistentes con una frase premonitoria: “Guardad vuestras oraciones para dentro de unos días”.
Cinco días después fue hallado inconsciente en el ascensor de su residencia. Según informó el sheriff del condado de Carver, los servicios de emergencia intentaron reanimarlo sin éxito y fue declarado muerto a las 10.07 de la mañana. Tenía 57 años. Semanas después, el informe forense concluyó que la causa fue una sobredosis accidental de fentanilo.
El final de Prince fue triste, abrupto y sórdido, muy distinto de la imagen de control que había cultivado durante décadas. Mejor volver a su música y a aquella noche mágica en el Waldorf donde robó el homenaje a George Harrison, y todos le dejaron hacerlo. Cómo no.
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