Economía

Jerome Powell, 'el hombre más valiente de Washington' que ha decidido plantar cara a Trump

Jerome Powell habla con Donald Trump durante la visita a las obras de la sede de la Reserva Federal en julio de 2025 que dinamitó su relación.
Jerome Powell habla con Donald Trump durante la visita a las obras de la sede de la Reserva Federal en julio de 2025 que dinamitó su relación. | Daniel Torok /White House / DPA / Europa Press
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Jerome Powell ha decidido quedarse. El todavía presidente de la Reserva Federal anunció ayer en que seguirá como gobernador de la Fed –uno de los siete consejeros de la institución– cuando el 15 de mayo abandone el cargo, una decisión excepcional que responde a un objetivo explícito: proteger la independencia del banco central estadounidense frente a la presión de Donald Trump.

“Una vez que concluya mi mandato como presidente el 15 de mayo, continuaré ejerciendo como gobernador por un periodo de tiempo aún por determinar. Tengo previsto mantener un perfil bajo en mi función de gobernador”, afirmó tras la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) que decidió el mantenimiento de los tipos. En esa misma comparecencia dejó clara su motivación: aunque su intención inicial era retirarse, “me quedo literalmente por las acciones que se han tomado”.

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La decisión rompe con una norma no escrita que se ha mantenido durante 75 años. Desde 1948, ningún presidente de la Fed había permanecido en la Junta de Gobernadores tras ceder el puesto. Powell lo hace en un momento en el que la presión política sobre la institución ha dejado de ser retórica para traducirse en amenazas, investigaciones judiciales y maniobras para alterar su composición.

“Creo que está en riesgo”, dijo abiertamente Powell en su última comparencia al referirse a la independencia de la Fed. “Estos embates legales están castigando a la institución”. Para el todavía responsable monetario norteamericano, garantizar “la capacidad de llevar a cabo la política monetaria sin consideraciones de índole política” es una cuestión de Estado.

La última baza de Powell

La secuencia que ha llevado hasta aquí es larga. Trump, el mismo presidente que le designó para el cargo en 2017, durante su primer mandato, lleva más de un año presionando públicamente a la Reserva Federal para que recorte los tipos de interés. Lo ha hecho con mensajes en redes, con ataques personales –ha llegado a llamar “cretino” a Powell– y con decisiones enfocadas a reconfigurar el equilibrio interno del banco central a través de nombramientos y destituciones.

El episodio más significativo ha sido la investigación penal abierta por el Departamento de Justicia sobre Powell por los sobrecostes en la renovación de la sede de la Fed en Washington, tras una visita conjunta a las obras en las que el gobernador se atrevió a contradecir al presidente. Un juez federal ya cuestionó la base del caso y apuntó a motivaciones “impropias”, vinculadas a las discrepancias en política monetaria. La causa ha sido finalmente archivada la semana pasada, pero la fiscal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, ha advertido de que podría reactivarse.

Powell había advertido que no abandonaría la institución hasta que el proceso se cerrase “de manera definitiva y transparente”. Según The New York Times, su permanencia responde a la necesidad de frenar una “incursión” de la Administración en el banco central y a utilizar “la única herramienta de presión que le quedaba”: su propio asiento en la Junta.

Objetivo: privar de su vacante a Trump

Mientras Powell siga como gobernador –su mandato se extiende hasta 2028–, Trump no podrá cubrir esa vacante y reforzar su influencia en un órgano clave. En paralelo, el todavía presidente de la Fed conservará derecho de voto en las decisiones del FOMC, aunque haya prometido mantener un “perfil bajo”.

La reacción de la Casa Blanca, coherente con la escalada previa, no se ha hecho esperar. Trump ha ironizado con que Powell se queda porque “no puede conseguir trabajo en ningún otro sitio”. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha calificado la decisión como “una violación de todas las normas de la Reserva Federal”.

La independencia de la Fed no se sustenta solo en la ley, sino en una red de normas y prácticas que han limitado históricamente la influencia directa de la Casa Blanca sobre la política monetaria. Powell ha optado por romper una de esas normas –la retirada del presidente saliente– para preservar el principio que la sostiene.

La incógnita del sucesor, Kevin Warsh

Mientras, Trump ha intentado modificar la composición de la Junta de Gobernadores para inclinarla hacia una política de tipos más bajos. El movimento más evidente fue el intento de destitución de la gobernadora Lisa Cook en agosto de 2025 por presunto fraude hipotecario, que la interesada recurrió a los tribunales y que está pendiente de la decisión del Supremo.

La nominación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed forma parte de esa estrategia. Warsh ha superado ya el trámite del Comité Bancario del Senado y se someterá en breve al voto del pleno. Powell ha evitado personalizar el conflicto en su sucesor. Lo felicitó públicamente y afirmó que “posee las capacidades y habilidades” necesarias para generar consenso. Pero el contexto que heredará Warsh es más complejo que el de sus predecesores.

La última reunión del FOMC ya anticipa esa fragmentación. Según The Wall Street Journal, tres presidentes regionales de la Fed rechazaron el mensaje que sugería una futura bajada de tipos, mientras que un gobernador defendió lo contrario. Cuatro votos discrepantes en una misma reunión es una cifra inédita desde principios de los noventa.

"No son tiempos normales"

Powell, de 73 años, llega a este punto tras casi 14 en la institución, primero como gobernador y después como presidente desde 2018. Abogado de formación, desarrolló la mayor parte de su carrera en el sector financiero –fue socio del fondo Carlyle– y pasó por el Departamento del Tesoro en los años noventa –fue subsecretario para Finanzas Domésticas de George Bush padre–. Casado y con tres hijos, ha cultivado un perfil discreto que contrasta con la exposición política de los últimos meses.

Su trayectoria en la Fed ha estado marcada por el intento de equilibrio entre crecimiento e inflación, pero su salida se define por su defensa numantina de la autonomía del banco central. Tal y como señala The Wall Street Journal, el conflicto actual no es solo una disputa técnica sobre tipos de interés, sino una cuestión estructural sobre la capacidad de la institución para operar “sin considerar factores políticos”.

Así lo explicó Powell en su última comparecencia como presidente: “La Reserva Federal existe con un propósito fundamental: fomentar las condiciones económicas necesarias para que las familias y las empresas estadounidenses puedan prosperar”, dijo. “Hemos tenido que luchar por ello”. Y está claro que está dispuesto a seguir haciéndolo. En circunstancias normales, Powell se dispondría a disfrutar de una gozosa y acomodada jubilación gracias a la fortuna amasada durante su etapa en el sector privado –es uno de los presidentes de la Fed más ricos de la historia, con un patrimonio que podría superar los 50 millones de dólares–. Pero “estos no son tiempos normales”.

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