Sucedió al final de la presentación, como de improviso, nada pactado.
-Una última pregunta, Zabala: ¿Morante cree en Dios?
-Sí... Bueno, yo nunca he traspasado las líneas rojas en la intimidad de la habitación de un torero como para preguntarle ese tipo de cosas. Sí que hay una fe, aunque lo que no tiene es la capillita de estampas en la habitación del hotel.
Se trataba de presentar Memoria de Morante. El adiós y el regreso de un genio herido (Debate) en la magnífica sala Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes, venga escaleras. El autor, Vicente Zabala de la Serna, había escogido para completar terna a dos compañeros del periódico El Mundo: Francisco Pascual, jefe del área económica, y Antonio Lucas, poeta. De oyente, el retratista de la portada de Morante con la garrocha, José Aymá.
Y fue Lucas quien le soltó la inesperada pregunta, claramente fuera de guion y fuera de toda conversación: nadie ha indagado por las creencias religiosas del Genio de La Puebla.
Para abrochar el acto -medido, entretenido, con su puntito redondo- el autor no desaprovechó para afear cariñosamente la preguntita inopinada.
Querer saber si Morante cree en Dios rompe las cercas de la presunta morantitis; por ser un tema desconocido o del que sencillamente no se habla
Sabia y muy oportuna fue. Abría las puertas a conocer algo nuevo de Morante, en estos tiempos en que no para de hablarse de él, de sus hazañas en el ruedo, de que si se fue por qué vuelve, de cuándo va a volver otra vez tras las cornada, de otro libro nuevo sobre él, ¿cuántos hay ya? Querer saber si Morante cree en Dios rompe las cercas de la presunta morantitis; por ser un tema desconocido o del que sencillamente no se habla.
Memoria de Morante, se ocupó de resaltar el autor, va de ese Morante sin memoria que pide las crónicas de sus faenas para hacer el intento de revivirlas, dado que no se acuerda. El Genio está herido, y no sólo por la fea embestida en La Maestranza que le ha dejado ko.
Puestos a revelaciones íntimas, Zabala cuenta en el libro y ayer contó en el Círculo que no es que durmiera el pasado invierno en la casa de Morante en La Puebla del Río, en su fuerte pegado al Guadalquivir; es que durmió en la cama de Morante. Solo, aclaró. Y se fue la luz. Hasta que se mantuvo despierto, no paró de empaparse de todos los rincones e hizo suyo el despacho de Joselito y las láminas de lances antiguos que son las que ahora reverdece.
Ya metidos aún mucho más en detalle, y no se confundan sobre la profundidad de esta presentación a tres, Zabala reparó en la hechura del maestro. "Culibajo", le dijo en Azpeitia Paloma Bienvenida, "como mi padre", Antonio; y como Pepe Luis, Rafael Ortega y Pepín Martín Vázquez, remachó Zabala. No está mal la reata.
"Todas las tardes pienso que me retiro y todas las noches sueño que toreo". Firmado por José Antonio Morante Camacho, Morante de la Puebla. Es la segunda de las frases con las que se enmarca la obra antes de la introducción. Como los vanguardistas, explicó Lucas, recoge toda la tradición "más uno". Ese uno es "un salto de pértiga" con el que rompe con todo lo que hemos visto antes.
Postdata: acudió a la presentación y se marchó ligero Ignacio Álvarez Vara, Barquerito, periodista de época ("torero de época", así catalogó a Morante en su crónica del pasado Domingo de Resurrección) y maestro de la crítica taurina y de este género de la postdata.
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