Salir de viaje por carretera sigue siendo, para muchos conductores, la forma más cómoda y flexible de desplazarse en vacaciones. Pero esa comodidad depende de algo que a menudo se deja para última hora, poner el coche a punto antes de arrancar. Un trayecto largo, el calor, el peso extra del equipaje y las horas continuadas de conducción pueden convertir una pequeña avería en un problema serio si el vehículo no está revisado.
La prevención es especialmente importante en verano, cuando aumentan los desplazamientos de larga distancia y también el estrés mecánico para neumáticos, frenos, refrigeración y climatización. Revisar el coche unos días antes de salir no solo reduce el riesgo de imprevistos, sino que también mejora la seguridad, el consumo y la tranquilidad del viaje.
Antes de salir
La clave está en no limitarse a un vistazo rápido. Una revisión previa al viaje debería incluir elementos de seguridad, confort y emergencia, además de una planificación básica de ruta y paradas. Las guías técnicas y de aseguradoras coinciden en que conviene comprobar neumáticos, frenos, niveles de líquidos, luces, batería, limpiaparabrisas, suspensión y aire acondicionado, además de llevar equipamiento básico por si surge una incidencia.
A partir de ahí, estos son los 12 puntos que conviene repasar antes de emprender la marcha con el coche.
Los neumáticos
Los neumáticos son el primer gran punto de control porque son el único contacto del coche con el asfalto. Hay que revisar la presión en frío, el desgaste del dibujo, posibles cortes, bultos, deformaciones y cualquier daño visible en la goma. La profundidad legal mínima es de 1,6 mm, pero para viajar con más margen de seguridad muchos expertos recomiendan cambiarlos cuando bajan de 3 mm.
Los frenos
El sistema de frenado merece atención especial porque de él depende gran parte de la seguridad en carretera. Debes comprobar el nivel del líquido de frenos, que debe estar entre las marcas de mínimo y máximo, y hacerlo con el motor frío para una lectura correcta.
Las luces
Ver y ser visto es fundamental, incluso si vas a conducir de día. Hay que comprobar que funcionen bien faros de cruce y carretera, intermitentes, luces de freno, marcha atrás y alumbrado de posición. También es importante revisar la alineación de los faros y el estado de sus carcasas.
El aceite
Un nivel incorrecto de aceite puede terminar en averías graves de motor, especialmente en trayectos largos y con altas temperaturas. La comprobación debe hacerse con el motor frío o siguiendo las indicaciones del fabricante, usando la varilla medidora y asegurándose de que el nivel queda entre las marcas de mínimo y máximo.
Refrigerante y agua
El sistema de refrigeración es otro de los grandes olvidados antes de viajar. Hay que revisar el nivel de líquido refrigerante para evitar sobrecalentamientos del motor, especialmente en trayectos largos, atascos o zonas de alta temperatura.
Limpiaparabrisas
Los limpiaparabrisas se deterioran con el sol, el polvo y el paso del tiempo. Antes de salir, conviene comprobar que las escobillas no estén cuarteadas, endurecidas ni hagan ruido al barrer la luna delantera, porque una mala limpieza reduce de forma notable la visibilidad si llueve, entra suciedad o salta una salpicadura en carretera.
La batería
La batería es otro de los puntos clave, sobre todo si el coche ha estado parado varios días o si el viaje empieza muy pronto por la mañana. Hay que comprobar que los bornes no tengan corrosión, que no existan fugas y que el sistema eléctrico arranque sin síntomas de debilidad.
Bujías, cables y filtros
Si el coche presenta tirones, mala respuesta al acelerar, más consumo o fallos de arranque, una parte del problema puede estar en las bujías, los cables o los filtros. Estos elementos forman parte del sistema de encendido y de la respiración del motor, así que su buen estado influye directamente en el rendimiento.
Manguitos y abrazaderas
Los manguitos transportan líquidos vitales para el funcionamiento del vehículo, así que una grieta, una holgura o una abrazadera floja puede acabar en fuga. Revisarlos a simple vista puede evitar problemas de refrigeración, pérdida de líquido de frenos o averías relacionadas con el circuito del motor.
Suspensión y amortiguación
Los amortiguadores no solo dan confort; también mantienen las ruedas en contacto con el suelo y ayudan a que el coche frene y se agarre mejor. Si están desgastados, el vehículo puede balancearse más, perder estabilidad y reaccionar peor en maniobras de emergencia.
Climatización y aire
El aire acondicionado no es solo una cuestión de confort. En verano ayuda a mantener la concentración, reduce la fatiga y evita que los cristales se empañen en determinadas circunstancias. Por eso conviene verificar que enfría bien, que el sistema no huele raro y que los filtros no están obstruidos.
Kit y ruta
Además de revisar el coche, conviene llevar un kit de emergencia con chaleco reflectante, triángulos o baliza V16 si procede, botiquín, linterna, herramientas básicas, cables de arranque y documentación del vehículo. Las guías de asistencia y seguros insisten en que estar preparado marca la diferencia si aparece una avería leve.
También es importante planificar la ruta y descansar antes de conducir. Si el viaje es largo, hay que ajustar espejos y asiento, hacer pausas regulares y, en el caso de vehículos eléctricos, organizar paradas de recarga con antelación para no depender de improvisaciones.
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