Farolas y semáforos LED, bolardos de caucho reciclado, parquímetros solares, parques infantiles con columpios de plástico reutilizado, “árboles” tecnológicos que purifican el aire… El diseño del mobiliario urbano ha evolucionado para adaptarse al modelo de ciudad sostenible e inteligente. No hace falta salir de España para comprobar cómo los ayuntamientos –que son los principales clientes de las empresas de mobiliario urbano- ya no toman sus decisiones con el precio de compra como único criterio. Hoy en día, los gobernantes obtienen un rédito político cuando contribuyen a la transformación de los espacios públicos en lugares más accesibles, saludables y respetuosos con el entorno. Se genera así un círculo virtuoso, en función del cual las empresas, animadas por la demanda creciente de este tipo de productos, investigan cada vez más en el desarrollo de elementos urbanos construidos con materiales prácticos y duraderos; reciclados o renovables; que consumen menos energía o que puede disfrutarlos todo el mundo, independientemente de su condición física.

Existe incluso un proyecto europeo denominado Life Future que ayuda a los municipios a la hora de incluir las cláusulas ambientales en las licitaciones de mobiliario urbano, así como a valorar las ofertas recibidas.

Otro valor en alza es el de las instalaciones públicas resilentes, concebidas para adaptarse a los cambios meteorológicos o para cumplir más de una función, siguiendo así los preceptos de la llamada economía circular. Pongamos por ejemplo el skatepark de la pequeña ciudad danesa de Roskilde que se llena como un estanque de depósito pluvial cada vez que caen lluvias abundantes.

Las llamadas «smartcities» se caracterizan, entre otras cosas, por la abundancia de zonas de descanso verdes y dotadas de asientos cómodos donde uno pueda recrearse con el paisaje urbano. Hay empresas como la segoviana Sintala, que fabrica bancos con madera reciclada de restos de podas o árboles ya caídos. Llama la atención también  la entrada al Parque Natural de La Albufera de Valencia, en el que se ha instalado un parque con bancos realizados parcialmente con paja de arroz (que es precisamente un subproducto de la siega de este cereal para el que no se suelen encontrar muchas utilidades derivo a su dureza).

Otra iniciativa ingeniosa es la llamada “Farola Viva” diseñada por el estudio de arquitectura barcelonés Capella García. Su cimentación de hormigón reciclado es reutilizable y su báculo está hecho con una malla desplegada de acero inoxidable, por lo que consigue utilizar menos material que una farola convencional. La luz LED se genera mediante paneles solares y la base, al carecer de cableado, puede servir de soporte para plantas trepadoras. Actualmente está en fase de prototipo.

El concepto de urbanismo sostenible está estrechamente asociado con el de turismo inteligente. Un destino de turismo inteligente es aquel que cuenta con una infraestructura tecnológica inclusiva y que facilita la interacción y la integración del visitante con el entorno, al tiempo que mejora su experiencia. Un ejemplo de este tipo de elementos urbanos son los bancos solares autónomos instalados recientemente en La Marina de Valencia. Estos bancos, construidos con materiales sostenibles como la madera y la cerámica fotocatalítica, permiten al usuario conectarse a internet vía wifi, cargar dispositivos móviles y acceder mediante una pantalla táctil a aplicaciones con información de interés para el turista. Todo ello utilizando como única fuente de energía los rayos de sol.

Un producto similar son los parquímetros solares o las “smartquesinas” que podemos ver desde hace años en diversas ciudades españolas. Como su nombre sugiere, son marquesinas de autobús que ofrecen conexión wifi e información sobre rutas y compra de billetes que funcionan con placas solares y unas pequeñas instalaciones eólicas instaladas sobre la misma estructura.

Hay elementos de mobiliario urbano que van un paso más allá y prometen incluso la purificación del aire (un asunto importante, si tenemos en cuenta que la contaminación del aire provoca cerca de 7 millones de muertes al año). Existen diversas variantes de la misma idea. En España, la empresa Discomon ha desarrollado el Kien Mou, una columna capaz de eliminar contaminantes como el dióxido de carbono, los óxidos de azufre y otras partículas en suspensión. Kien Mou se desarrolló dentro del programa Instrumento Pyme de la UE, y tiene la ventaja añadida de que también permite la comunicación directa con el Ayuntamiento para notificar a tiempo real el estado los niveles de contaminación de la ciudad.