Aumentan tus pulsaciones, sudas, te puedes marear e incluso perder el conocimiento. Los efectos sobre el calor en nuestro cuerpo son bien conocidos, y verano tras verano las autoridades sanitarias lanzan campañas de concienciación para protegernos de las altas temperaturas en las horas centrales del día. Pero ¿qué ocurre si llevamos esta situación a nuestro lugar de trabajo? Que, además de lo anteriormente dicho, nos volvemos menos eficientes y ágiles. En definitiva, menos productivos, lo cual tiene un impacto enorme en la economía. Varios estudios científicos llevan alertando que el aumento progresivo de las temperaturas debido al cambio climático va a suponer pérdidas millonarias en la economía de los países por el descenso de la productividad. Ahora, un estudio publicado en la revista ‘Journal of Cleaner Production’ contabiliza la pérdida en días al año, y señala que es de 6,6 días en los países en desarrollo y de 3,3 días en los países desarrollados.

“Las olas de calor seguramente impactarán más seriamente a los países en desarrollo en general, pero nuestro estudio identificó a las regiones más vulnerables del mundo”, reconoce YU Shuang, investigador del instituto de físicas atmosféricas de la Academia China de las Ciencas y coautor del estudio.

En concreto, los investigadores chinos plantearon varios escenarios de aumentos de temperatura. Así, según si se incrementa la temperatura 1.5, 2, 3 y 4°C, respectivamente, el WPL promedio será de 9, 12, 22 y 33 días para los países desarrollados (19, 31, 61 y 94 días para los países en desarrollo). Y un dato sorprendente: los países del sudeste asiático en un mundo con un calentamiento de 1.5°C sufrirían la misma pérdida que los países desarrollados en un mundo con un calentamiento de 4°C.

La pérdida de productividad relacionada con el calor (en días) para 2016 (YU Shuang)

La pérdida de productividad relacionada con el calor (en días) para 2016 (YU Shuang)

Las conclusiones de este estudio surgen tras haber hecho una encuesta online a 4.363 personas de todo el mundo durante el 2016, la mayor hasta la fecha sobre el efecto de estrés térmico en la productividad laboral. En sus conclusiones, establece una clara diferenciación entre los desarrollados y los que están en vías de desarrollo, algo en lo que también son pioneros: “Con el estudio se ve claramente cómo cambio climático agrava las diferencias que ya existen, y demuestra que hay un impacto bien diferenciado entre los países más empobrecidos y los más industrializados”, apunta Begoña María-Tomé Gil, responsable de Cambio Climático en el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de Comisiones Obreras (ISTAS).

Tomé Gil y su equipo llevan desde años trabajando por estudiar y conocer el impacto real del calor dentro del entorno laboral en nuestro país y, de hecho, actualmente están enfrascados en un proyecto, ‘SALUDAPT’, apoyado por el Ministerio de Transición Ecológica, que pretende contribuir al desarrollo de planes y estrategias territoriales de adaptación y de protección de la salud ante el cambio climático. Muchas de ellas pasan precisamente por monitorizar el impacto del calor en el puesto de trabajo.

La idea de que la productividad se ve afectada por un mundo cada vez más caliente no es nueva. En un informe previo en 2016 publicado por ‘The Lancet’ ya se dijo que se había observado un descenso de un 5,3% de la productividad a nivel mundial con respecto al año 2000 por el aumento de las temperaturas. En otro, llevado a cabo por Naciones Unidas, se asegura que si no se toman medidas políticas, se podía llegar a reducir la productividad en dos billones de dólares al año para 2030.

Los países del sudeste asiático, los más perjudicados en pérdida de productividad por calor

Los países del sudeste asiático, los más perjudicados por la pérdida de productividad asociada al calor

Las lesiones por estrés térmico en España

Una de las cosas que más sorprenden relacionadas con el calor y el trabajo es que, a pesar de que el estrés térmico está ampliamente reconocido como riesgo laboral, no existe en España un registro fiable de accidentes laborales por este factor. A juicio de la experta, las explicaciones a este problema son varias: “En algunos casos es gente fallece al final de la jornada laboral, en las últimas horas del día, por lo que ya no se está recogiendo como un accidente laboral. O que a lo mejor es alguien que se marea o pierde concentración por la fatiga, que son efectos recogidos por las altas temperaturas, y que se caen del andamio, por lo que no se recoge como un accidente laboral por efecto del calor”.

Afortunadamente, hay algunos estudios que nos pueden dar algunas pistas, como un análisis publicado este año en la revista ‘Environmental Health Perspectives’ por un  Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y que relaciona el número de accidentes desde 1994 hasta 2013 con episodios de altas temperaturas. La conclusión es clara: según el informe, el calor extremo incrementa el riesgo de accidente en un 9%.

La transición ecológica es clave

Con tantos datos sobre la mesa, una de las cosas que más urgen es que las empresas empiecen a tomar medidas para mitigar todos los efectos de estrés térmico en entornos laborales: “Al igual que ha avanzado mucho la cultura del calor en la ciudadanía en general, que conoce que hay que restringir la actividad en las horas de más calor, esas ideas se tienen que trasladar a las empresas, aplicando medidas de organización del trabajo, como la restricción de horarios, turnos para hacer cambios y descansos, etc.”, y apela sobre todo a los colectivos más vulnerables, que son los que trabajan en espacios abiertos y para los que el riesgo por estrés térmico es mayor.

Los empleos que se realizan al aire libre, los más vulnerables al estrés térmico

Los empleos que se realizan al aire libre, los más vulnerables al estrés térmico

Para llegar a este punto es necesario antes un evidente cambio de mentalidad de las empresas y la puesta en marcha de la famosa transición ecológica, es decir, de buscar alternativas en las que se reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar un cambio climático peligroso al que no podamos adaptarnos.

“Si no decimos esto en primer lugar, no vamos a entender que si no lo evitamos, ya no tendrá ningún sentido ninguna situación de adaptación. Es decir, la idea es mitigar primero el problema para poder luego tener un cambio climático en unos umbrales de seguridad y en unas condiciones que nos permita seguir desarrollando nuestra actividad y, en definitiva, adaptarnos a ella”, concluye Tomé Gil.