Tal vez hayan visto la fotografía estos días, en la prensa o en algún grupo de whatsapp, transformada en ‘meme’: Bill Gates, pantalones negros y camisa clara, sentado en un retrete en medio del campo, con las manos enlazadas y los ojos todo lo abiertos que el sol le permite (poco).

Con el gigantesco foco que confiere poseer una de las mayores fortunas del mundo -la segunda según la lista ‘Forbes’ de 2018, que ha encabezado otros años-, Gates ha presentado estos días su idea para, literalmente, “reinventar” el inodoro. En su faceta filantrópica, el fundador de Microsoft ha destinado 200 millones de dólares a fabricar una primera remesa de 100 retretes capaces de convertir los desechos humanos en fertilizante. El invento no necesita agua, ya que está pensado precisamente para funcionar en zonas con sistemas de saneamiento inadecuados, cuando no inexistentes.

Tras Gates, en la imagen, se ve una cuerda con ropa tendida y unas viviendas destartaladas. El vídeo está grabado en Durban, la tercera ciudad de Sudáfrica, pero se podría ubicar cualquier rincón desfavorecido del planeta. Según datos de Naciones Unidas, 4.500 millones de personas (el 62,5% de la población mundial) no tiene acceso a un saneamiento seguro; 1.800 millones corren a diario el riesgo de beber agua contaminada con heces y 892 millones se ven obligados a defecar al aire libre.

“Es una iniciativa interesante y crea conciencia de inodoros sin agua”, opina Patrick Boylan, cuya empresa, Toilet Revolution, distribuye inodoros ecológicos en varios países, incluido España. Graduado en ciencias ambientales, comenzó su actividad hace seis años en Reino Unido e Irlanda. En su catálogo hay aseos domésticos que oscilan entre los 845 y los 3.895 euros. A diferencia de la Bill & Melinda Gates Foundation, enfocada a países del tercer mundo para limitar la propagación de enfermedades, ellos ofrecen inodoros sin agua “allí donde no es posible tener un inodoro, o donde es demasiado caro”: áreas rurales, iglesias, campings, barcos…

La experiencia en Lima, la ciudad donde nunca llueve

Otra empresa, X-runner, planteó hace ya seis años una solución similar a la de Gates para Lima. En la capital de Perú se juntan la falta de inversión pública y la escasez de agua (la lluvia es una rareza), lo que impide a más de 2 millones de habitantes (una cuarta parte de su población) el acceso a unos sistemas de saneamiento y alcantarillado adecuados. En su lugar, se ven obligados a defecar al aire libre o en silos, letrinas de pozo -un simple agujero- en las que las heces se acaban acumulando: un imán para insectos y ratas, además de un enorme foco de infecciones y contaminación del agua.

En Lima (Perú) la lluvia es una rareza.

En Lima (Perú) la lluvia es una rareza. Europa Press

El sistema se basa en la separación de excrementos y es sencillo: las heces caen en una bolsa con serrín y la orina se infiltra en la tierra mediante otro conducto. La compañía asegura que su producto está ya alcance de cientos de familias, que pagan por él 39 soles (unos 10 euros) al mes. X-Runner aclara que no es una ONG, sino una “empresa social” cuyo objetivo es “generar ingresos para realizar negocios sostenibles y más sólidos durante los años”. Cada semana, un camión de la empresa pasa por casa de sus clientes para recoger la bolsa y reciclar las heces en compost.

Los productos de Toilet Revolution también fabrican compost, ya sea mediante este procedimiento de separación de orina o mediante un inodoro interno de compostaje, que no separa la orina sino que su utiliza su humedad y nitrógeno. Así se descomponen los residuos y se genera el calor necesario para matar los patógenos de la materia fecal. En ambos casos, los aseos son autoventilados y permiten eliminar fácilmente los olores. Patrick Boylan afirma que por el momento la demanda en España y Portugal es menor que en Reino Unido, pero espera que “con el tiempo mejore”. Quizá suceda ahora que Bill Gates ha puesto estos productos en el mapa.