En el kilómetro 565 de la Carretera de la Coruña los carteles están remendados. Han pintado de blanco las letras para escribir encima y ahora, en vez de leer Oza dos Ríos, nos topamos con un Oza-Cesuras girando a la derecha. Se trata del primer y único municipio fusionado desde 1981, de lo que pretendía ser un ejemplo para el resto de concellos gallegos y lo que Alberto Núñez Feijóo quiso convertir en una de sus fortalezas electorales.

Todo el engranaje empezó con una simple guardería. Los alcaldes de Oza dos Ríos (3.227 habitantes) y Cesuras (2.174) acordaron construir una para cobijar, en territorio neutro, a los niños de los dos concellos. Comenzaron las conversaciones, hallaron necesidades y meses más tarde, sin guardería pero gracias a ella, se iniciaría una fusión que haría historia por ser la primera en una España en democracia y que el Presidente de la Xunta llegó a comparar con la boda de los Reyes Católicos.

Tardó 15 meses, pero en 2013 Pablo González Cacheiro, alcalde de Oza de los Ríos, y Julián Lucas, de Cesuras (ambos del PP), ratificaron esta unión con la esperanza de ser más fuertes, más grandes y recibir más atención del gobierno regional. Lucas dejó su cargo antes de la fusión y Cacheiro se convirtió en la diana en la que las asociaciones vecinales, BNG y PSOE no paraban de lanzar dardos. El Partido Socialista llegó a recurrir la resolución y el Tribunal Constitucional, con un par de años de retraso, dio por válida la unión de ambos concellos teniendo en cuenta la ley gallega de distribución del territorio, que acepta la mayoría simple en vez de los dos tercios requeridos en el régimen general.

Antes de la sentencia del Constitucional, la decisión de Cacheiro fue validada por los ciudadanos en las urnas, consiguiendo una mayoría absoluta y haciéndose con 9 de los 13 ediles. Algo que le otorgó fuerza y poder para continuar con un proceso largo y arduo.

Problemas administrativos

Pero no todo ha salido como se esperaba, la fusión implicaba una serie de medidas y algunas ha sido imposible llevarlas a buen puerto. Aunque redujeron el personal, en un 10%, las ordenanzas municipales están duplicadas y se mantienen los dos consistorios por lo que el alcalde y su equipo pasan los lunes, miércoles y viernes en Oza y martes y jueves en Cesuras. Para Cacheiro algo positivo: “Aquí el que es de Oza es de Oza y el que es de Cesuras es de Cesuras. Quieren mantener su identidad y así, en una población dispersa, llegamos a todos”. Pese a mantener la actividad política en los dos antiguos concellos, tuvieron que despedir a cuatro de sus trabajadores. «El factor humano, el de tener que prescindir de gente dentro del ayuntamiento, fue duro y lo decidimos en función de la antigüedad”, asegura.

El golpe más duro, por lo menos políticamente, fue el de los incentivos económicos. Durante varios meses los habitantes del joven municipio convivieron con una pancarta que en letras blancas sobre fondo rojo rezaba: “Montoro no discrimines a Oza-Cesuras”. El alcalde emprendió una campaña contra uno de los ministros de su propio partido por no cumplir lo acordado. “Según la nueva ley de territorios, los concellos fusionados tienen una serie de incentivos económicos y sociales. Esta norma es posterior a nuestra fusión pero tiene carácter retroactivo y sólo nos afecta a nosotros que somos los únicos que nos hemos fusionado en toda España”, alega.

alcalde

El Ministro de Hacienda fue la personificación de la falta de concordancia entre lo prometido, una serie de ventajas tras la fusión, y lo dado. El alcalde se lanzó al cuello y la Xunta respondió con un arreglo a largo plazo: un fondo específico para las fusiones del que Oza-Cesuras podría beneficiarse.

Pero las fusiones por ahora, y hasta el próximo febrero que se llevará a cabo la segunda en Pontevedra, se cuentan con un dedo y aún no se ha especificado cuál será dicha aportación. Los políticos ya no se hacen fotos frente al ayuntamiento de esta localidad y el toque pionero de la iniciativa ha quedado en humo.  

En cambio, la supervivencia de los dos centros escolares y la apertura hace unos días de la prometida guardería, sin la presencia de Feijóo que alegó falta de tiempo, ha sido uno de sus éxitos. «Con esto empezó todo y estamos muy orgullosos de demostrar que la unión sólo trae vecinos», declaró Cacheiro a La Voz de Galicia durante la inauguración de la escuela infantil.

“Son más sonoros los aspectos negativos pero como se puede ver también los hay positivos». Gracias a la reducción de personal ahorraron 25.000 euros en el primer año, según informó Alberto Pazos en 2014, director general de la Asamblea Local en esos momentos. «También se ha producido un aumento en los ingresos de 118.000 euros, lo que equivale a un 14,10%. Y las subvenciones de está localidad se han multiplicado hasta suponer el 300% más», añadía entonces.

«A nosotros nos ha ido bien y creo que es un sistema que debe implementarse en más lugares. La Administración es como un viejo hotel de costa, necesita renovarse. En Oza-Cesuras hemos pasado de destinar el 20% del presupuesto a inversión a más de un 40, hemos mejorado en servicios, hemos ahorrado en labores de necesidad diaria y la gente está contenta», sentencia. Y así parece ser, los vecinos no hablan en negativo del alcalde y le votan en positivo. «De la fusión no entiendo pero se preocupa por los problemas», afirman.

Los concellos en Europa

Incluso uno de los vecinos de Cesuras ha realizado un estudio en el que analiza la evolución de los concellos españoles a lo largo del último siglo. «Durante mucho tiempo lo concellos tenían que tener un número mínimo de habitantes, ahora sólo el 5% cuenta con más de 20.000 y el 60% no llegan a los 1.000», afirma Sonia Martínez en La fusión de los concellos de Oza dos Ríos y Cesuras: una investigación sociológica. En ella también hace hincapié en la tendencia de finales del XIX de rebajar el número de concellos y la inversa a partir de 1980, cuando casi llegamos a los 9.000 en toda España.

Para situarnos, nos compara con el resto de países europeos. «Reino Unido ha reducido drásticamente el número de concellos tras un duro proceso de dos años, de 1988 a 1990, en los que paso de 1549 a 484. Bélgica de 2669 a 589 en 60 años y Holanda de 1015 a 54 de 1950 al 2010», asegura. En esto mismo se basan los defensores de reducir los municipios, en la evolución europea hacia la centralización de competencias. «Aunque no en todos los países ocurre lo mismo, muchos de ellos continúan con el mismo número de localidades y no parecen tener intención de modificarlas».