En las últimas jornadas, en los mercados financieros el nombre de Deutsche Bank ha aparecido continuamente ligado al de Lehman Brothers. El resurgir de la imagen del banco estadounidense, paradigma y, en cierto modo, detonante de una crisis financiera que ocho años después sigue sin cicatrizar, es el mejor reflejo de que las turbulencias que han azotado al banco germano han puesto a la banca europea ante sus viejos fantasmas.

Deutsche ha vivido en los mercados, en la última semana, jornadas de auténtico vértigo. Los miedos generados por la posibilidad de que la Justicia de EEUU aplique a la entidad alemana una millonaria multa, de hasta 14.000 millones de dólares (unos 12.500 millones de euros), por su responsabilidad en el estallido de la crisis de las hipotecas basura, han sembrado la semilla de la desconfianza a su alrededor, con los inversores reaccionando con estrépito a cada noticia relacionada con el banco. Los inversores temen que una multa de este calado suponga un esfuerzo inasumible para la entidad y le fuerce a ampliar capital o, incluso, a precisar del apoyo público.

En ese contexto, el viernes las acciones de Deutsche amanecieron con recortes que llegaron a superar el 9%, alcanzando mínimos de casi tres décadas, y que luego tornaron en avances próximos al 6,5%, en un viraje espectacular propiciado por los rumores de que el banco podría estar cerca de llegar a un acuerdo para reducir la multa propuesta por la justicia estadounidense a unos 5.400 millones de dólares (4.800 millones de euros). Esta posible limitación de la sanción ha estado presente casi desde el principio, como muestra el ejemplo de otras entidades multadas por causas similares, y varias firmas de análisis han insistido en ella, pero cuando la desconfianza hace presa en los mercados las consideraciones mesuradas tienen la batalla perdida.

Del mismo modo que los expertos que han insistido en resaltar las significativas diferencias entre Deutsche y Lehman apenas han logrado hacerse oír en un mercado en desbandada. Una mejor posición de liquidez o una base de clientes más estable y diversificada son algunos de los puntos que deberían hacer del banco alemán una entidad más sólida que el gigante caído estadounidense.

La posibilidad de que la Justicia de EEUU limite la multa a Deutsche relajó el viernes la presión del mercado sobre el banco

Y, por encima de esto, el previsible respaldo de las autoridades europeas para evitar su caída es visto como la más notable garantía. A pesar de las recientes noticias que apuntan a una negativa del Gobierno alemán a facilitar el rescate del banco con dinero público, María Cabrita, analista de Orey Financial, sostiene que, “considerando el tamaño y el alto grado de interconexión del banco con otras entidades en todo el mundo, parece poco realista que las autoridades de control competentes, es decir, el gobierno alemán y el BCE, puedan permitir un escenario de quiebra, dadas las consecuencias extremadamente negativas que podría provocar para el sistema financiero mundial, sobre todo después de la experiencia de Lehman”.

En cualquier caso, de confirmarse la rumoreada rebaja de la multa en EEUU, “el miedo de un rescate debería diluirse, ya que parece más fácil que el banco pueda cubrir por sus propios medios esos 5.000 millones”, sostiene Juan Fernando Robles, profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF).

Un problema general

La dilución de esa amenaza “restará algo de dramatismo” a la percepción del banco por parte de los inversores, indica Robles, pero ni mucho menos puede considerarse el fin de los problemas de Deutsche. Al fin y al cabo, las penalidades de la entidad alemana se prolongan desde hace al menos 18 meses y han propiciado en este periodo la pérdida de hasta dos tercios de su valor.

Los litigios judiciales han sido una pata fundamental del hundimiento del banco, pero también las dificultades para generar rentabilidad en el entorno actual. Un problema, éste último, que comparte con el resto del sector financiero europeo, que ha vivido igualmente con tensión sobre los parqués todo lo concerniente a Deutsche. El índice bancario europeo ha perdido algo más del 5% en las últimas tres semanas.

La dificultad para generar rentabilidad en el escenario actual agudiza la vulnerabilidad de la banca ante episodios de tensión

Como observa Robles, “el sector financiero no es un sector estanco sino que existen muchos vasos comunicantes que provocan que los problemas de una entidad no queden aislados”. Por eso, los inversores se han mostrado temerosos de que los problemas de Deutsche, pese a su carácter particular, acabaran pasando factura al resto del sector, del mismo modo que, en los últimos meses, los problemas de la banca italiana no han dejado indemnes al resto del sector financiero europeo, con los bancos españoles entre los más castigados”.

En este sentido, Pablo García, director de análisis de Carax-Alphavalue insiste en que, en el ámbito de la banca, la confianza es un elemento crucial. Por eso argumenta que problemas como los de Deutsche requieren de una respuesta rápida y contundente por parte de las autoridades: “No podemos perder tiempo y que las dudas fluyan y contagien al sistema”.

Porque, además, el sistema es actualmente especialmente vulnerable. Pese al esfuerzo para reforzar su capital que ha hecho la banca europea en los últimos años, las dificultades para generar beneficios en el contexto actual de bajos tipos de interés, elevada competencia y débil crecimiento económico suponen una pesada losa que ha impedido a los bancos recobrar la confianza inversora. No en vano, desde sus máximos históricos, registrados en 2007, el índice sectorial ha perdido más del 70% de su valor.

“La banca está abocada a una travesía por el desierto que llevará su tiempo, hasta que las entidades sean capaces de reorientar su negocio y generar rentabilidad, si es que son capaces de adaptarse a este nuevo escenario”, sentencia Robles. En ese complicado sendero, cualquier escollo como el que ahora representa Deutsche, tiene la capacidad de hacer tambalearse el sistema.