El futuro tendrá que esperar. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha eludido este jueves dar pista alguna sobre la evolución del programa de compra de bonos (QE) en los próximos meses.

Por un lado, Draghi ha asegurado que los miembros del Consejo de Gobierno no han discutido, durante la reunión mantenida en Fráncfort este jueves, la extensión del QE más allá de marzo de 2017, fecha en la que está previsto que concluya. Pero, por otro, tampoco ha respaldado las especulaciones sobre una próxima retirada de los estímulos (un proceso conocido como tapering), al asegurar que esta opción no había sido planteada. Eso sí, Draghi no ha dejado pasar la oportunidad de recordar que «las políticas extraordinarias de estímulo no van a estar para siempre».

La respuesta sobre el futuro del QE ha quedado pospuesta hasta diciembre, cuando los miembros del Consejo de Gobierno del BCE conocerán las nuevas previsiones de crecimiento e inflación en la eurozona de la institución. «En la reunión de diciembre nos beneficiaremos de las proyecciones macroeconómicas, que se extenderán hasta 2019», aseguró Draghi, explicando que el motivo de esperar hasta entonces es la conveniencia de contar con «todos los datos que sean útiles para este debate».

Con éstas nuevas proyecciones sobre la mesa, el BCE definirá en su reunión del próximo del próximo 8 de diciembre «el entorno de la política monetaria para las semanas y meses venideros».

Mensajes contradictorios

A favor de quienes apuestan por una próxima reducción de los estímulos, Draghi dejó una serie de mensajes optimistas sobre la evolución de la economía y el progresivo repunte de la inflación. Además, la confianza de Draghi en que el BCE no se enfrenta por el momento a problemas de escasez para llevar a cabo su programa también puede ser entendida como un aviso de que las compras no irán mucho más allá.

En el sentido opuesto, cabe interpretar su mensaje de que «los riesgos para el crecimiento de la eurozona siguen apuntando a la baja» y que «todavía no se han visto señales de una tendencia convincente al alza en la inflación subyacente. Ante esto, indicó, que las políticas acomodaticias se mantendrán hasta que la inflación muestre una tendencia sostenible.

De esta sucesión de mensajes encontrados, los mercados han sacado poco en claro. Si por momentos el tono poco propicio a nuevas medidas motivó repuntes notables del euro y de la rentabilidad de la deuda, estas alzas se diluyeron rápidamente, ante la falta de indicios de que el tapering está en camino.

Como observan en Oxford Economics, «la renuencia a aportar alguna orientación sobre la forma de cualquier acción política en la próxima reunión es, tal vez, la muestra de grandes divisiones en el seno del Consejo de Gobierno sobre cuál deber ser el siguiente paso».

Mientras tanto, Draghi ha vuelto a aprovechar para defender los beneficios de la política llevada a cabo por el BCE y demandar a los gobiernos una mayor implicación en la tarea de reforzar el crecimiento europeo. «Con el fin de aprovechar plenamente las ventajas de nuestras medidas de política monetaria, otros ámbitos políticos deben contribuir mucho más decisivamente, tanto a nivel nacional como a nivel europeo. Es necesario intensificar la aplicación de reformas estructurales para reducir el desempleo estructural y aumentar el crecimiento del producto potencial de la zona euro», afirmó.