Un banco de inversión en Londres, un inversor particular en Tokio, un ordenador ejecutando operaciones basadas en algoritmos en Nueva York. Los motores que propulsan los mercados financieros son tan variados y distantes entre sí que tratar de discernir las razones de cada movimiento de corto plazo representa más un ejercicio de elucubración, que de análisis.

Con una mirada más amplia, se puede dilucidar que es la evolución de las perspectivas económicas la que dicta el rumbo de acciones, bonos, divisas o materias primas. Pero incluso aquí surgen dudas, sobre todo en un entorno en el que el inusitado apoyo de los bancos centrales se ha convertido en un elemento tan básico en el funcionamiento de los mercados que, en ocasiones, los inversores se han mostrado más complacidos con una economía renqueante si eso abre la puerta a una prolongación de los estímulos.

Cuando este miércoles se conoció que el candidato republicano, Donald Trump, se alzaba con la victoria en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, todo parecía preparado para que los mercados financieros vivieran una de esas jornadas históricas, en las que la incredulidad y el miedo toman el control de las inversiones por partes iguales.

Tras un arranque de jornada marcado por la tensión, las caídas se han reducido y Wall Street ha abierto en positivo

Y así sucedió con los primeros indicios de que las encuestas habían vuelto a fallar. El alivio que evidenciaban los mercados el martes, cuando se descontaba la victoria de la candidata demócrata, Hillary Clinton, tornó en una sacudida de tensión con los primeros recuentos. Desplome del peso mexicano, debilidad del dólar, fuerte caída de las bolsas y repunte de activos refugio como el oro y el bono alemán eran elementos que encajaban a la perfección en el escenario más previsible tras conocerse el resultado de los comicios.

Los inversores suelen ser poco favorables a los cambios bruscos en su hoja de ruta. Y la elección de Trump como presidente de la mayor economía del mundo viene acompañada de una dosis de incertidumbres de dimensiones colosales. El futuro del comercio internacional o el rumbo de la política monetaria en EEUU pueden verse notablemente alterados si el excéntrico líder republicano pone en marcha los planes que ha dejado entrever durante la campaña.

Subidas en Wall Street y remontada en Europa

Pero, el balance final de la jornada tiene más difícil encaje en los esquemas usuales del mercado. La calmada apertura de Wall Street, en la que las leves ventas iniciales dieron paso pronto a las alzas (aunque también leves), fue la más clara señal de que, en esta ocasión, el pánico apenas ha representado un papel fugaz.

Al cierre de la sesión en Europa, el Dax alemán y el Cac 40 francés mostraban sólidas ganancias, próximas al 1,5%. El Ibex, que había abierto con caídas en el entorno del 4%, logró reducirlas a tan sólo un 0,4%. Los activos refugio vieron esfumarse buena parte de sus ganancias y hasta el peso mexicano recuperó una parte limitada del terreno que había perdido frente al resto de divisas.

Las claves de este movimiento de ida y vuelta son de lectura difusa. Muchos inversores pueden haberse agarrado a la idea de que las líneas maestras de la presidencia de Trump distarán mucho de sus mensajes durante la campaña. De hecho, la remontada del mercado se inició tras el primer discurso del presidente electo, en el que se mostró más conciliador de lo que cabría esperar.

Además, como advierte François Rimeu, responsable de la gestora La Française AM, muchas de las iniciativas más controvertidas de Trump «encontrarán freno en el propio Congreso y esto es uno de los motivos por los que los mercados están bastante tranquilos».

El discurso conciliador de Trump ha alentado la expectativa de que deje atrás sus medidas más controvertidas

También cabe la posibilidad de que los inversores hayan depositado su confianza, una vez más, en el respaldo inagotable de los bancos centrales. De hecho, los principales indicadores de las posibilidades de que la Reserva Federal de EEUU eleve los tipos de interés en diciembre cayeron con fuerza tras confirmarse la victoria del candidato republicano.

Un último punto, no menos importante, es la relevancia que tienen en la psicología inversora los ejemplos recientes. La victoria de Trump ha sido equiparada de forma continua al resultado del referéndum por el Brexit en Reino Unido. Así, los inversores pueden haber deducido que, del mismo modo que el impacto de éste en los mercados fue sorprendentemente pasajero, el resultado electoral de EEUU tampoco tiene por qué dejar una huella duradera.

Castigo a los valores expuestos a México

Con todo, la presidencia de Trump se presenta con unas líneas de actuación que no han pasado desapercibidas para los inversores. El mayor proteccionismo que se augura bajo su mandato representa un riesgo para economías muy dependientes del comercio con EEUU, como es el caso de México. El castigo a BBVA, que rondó el 6%, y a OHL, que restó un 4,5%, habla a las claras de este peligro. Del mismo modo, que los avances de Arcelor y Acerinox, que superaron el 10% y el 5,5%, respectivamente, se explican desde la expectativa de la aplicación de nuevos aranceles que supongan un freno a la competencia de las acereras chinas.

Entre los valores que recibieron con un mayor júbilo al que, a partir de enero, será el nuevo inquilino de la Casa Blanca, se encuentran aquellos ligados al sector farmacéutico, que veía en Clinton una amenaza de presiones regulatorias sobre los precios de los medicamentos. El índice sectorial europeo se anotó un avance superior al 4%, el mayor en más de cuatro años, con compañías como Shire, Fresenius, Sanofi o Roche anotándose entre un 8,5% y un 5,5%. También la española Grifols celebró la coyuntura anotándose más del 3,5%.

El sector farmacéutico europeo vivió su mejor sesión desde 2012, al diluirse la amenaza regulatoria sobre sus precios

La expectativa de nuevas inversiones en obras públicas ha animado, igualmente, al sector de infraestructuras, de lo que se ha beneficiado ACS, mientras que las firmas de renovables, como Gamesa, se han mostrado menos entusiastas, ya que en el programa de Trump la apuesta por las energías limpias no ocupa un lugar destacado.

En EEUU, además del alza de farmacéuticas y bancos (también previendo una menor regulación), se producían otros movimientos llamativos, como el repunte de las compañías de servicios de prisiones, confiadas en que el nuevo gobierno de marcha atrás en la rescisión de un contrato público.

Todo esto son muestras de que el programa de Trump también encierra detalles alentadores para la economía. De hecho, como observan en Oxford Economics, «si el presidente Trump reduce la retórica proteccionista en el comercio y se enfoca en el recorte de impuestos y el gasto, el impacto inicial puede ser incluso positivo para la economía de Estados Unidos en el corto plazo».

Una puerta a la esperanza que los mercados han aprovechado para despejar la amenaza de otra jornada negra.