El azar es caprichoso y en el caso de Felipe VI y su relación con Arabia Saudí, todavía más. El Rey iba a visitar en febrero de este año la petromonarquía saudí, pero canceló la visita por la ejecución indiscriminada de medio centenar de opositores saudíes. Pasaron unos meses prudenciales -nueve, concretamente- cuando se supo que el siguiente viaje del Monarca iba a ser exprés, del 12 al 14 de noviembre pasados. La importancia de la segunda visita era trascendental, mucho más que algo simbólico: el monarca firmaría el mayor contrato de la historia de la sociedad pública Navantia. Y entonces murió un príncipe, Turki bin Abdulaziz al Saud, hermano del rey Salman, y se abortó la operación. Pero Turki bin Abdulaziz no era un príncipe cualquiera. O al menos no para los intereses navales españoles.

Sobre el papel Turki bin Abdulaziz era uno de los 21 hermanos del actual monarca saudí. Pero la (mala) fortuna quiso que fuese algo más: fue el auténtico muñidor del contrato de 2.000 millones de euros para Navantia que estaba a punto de firmar Felipe VI, cuentan fuentes de la operación. El mayor contrato para la empresa controlada por la Sepi, que ahora está en el aire.

Antiguo viceministro de Defensa del país, bin Abdelaziz, que falleció a los 84 años, había dedicado los últimos meses de su vida a preparar los pormenores del contrato: Navantia construiría cinco corbetas modelo Avante 2200 para los astilleros de Ferrol (A Coruña) y San Fernando (Cádiz). Fue él quien conversó con las autoridades españolas y quien organizó con el Gobierno español la reunión de las realezas de ambos países. Y dio la casualidad de que murió la víspera de ese encuentro.

El fallecido Turki bin Abdulaziz al Saud fue el muñidor del contrato de 2.000 millones

Su deceso cancela sine die la firma de un contrato vital para Navantia, que cerró 2015 con 167 millones de pérdidas por falta de actividad. «Ahora hay que rehacer el calendario, fijar una nueva fecha que todavía no existe y esperemos que no haya que revisar los términos de la operación», confían fuentes del Ejecutivo. Es el Gobierno de España el que decide la agenda exterior de Felipe VI y no la Casa Real, así que serán seguramente los ministerios de Alfonso Dastis (Exteriores) y de María Dolores de Cospedal (Defensa) los que planifiquen el nuevo viaje.

De acuerdo con varias partes, el protocolo saudí exige la visita del Rey de España para cerrar la firma de un contrato naval que dará empleo a 2.000 personas durante cinco años. «No puede ir la ministra de Defensa. Ni el de Exteriores. Ni Rajoy. Tiene que ir Felipe VI». Y la casa de los Saud se toma muy en serio los rituales: Wikileaks reveló en uno de sus cables que el ex presidente francés Nicolas Sarkozy estuvo a punto de hacer descarrilar en una visita a Riad un gran contrato para empresas francesas. Sarkozy no probó bocado durante el ágape tradicional y solo mostró interés por que los saudíes firmaran los documentos que él traía, lo que irritó a los anfitriones.

Aunque las relaciones de Juan Carlos I con los Saud eran excelentes, España ya lidia con la dificultad del AVE a La Meca, el hasta ahora mayor contrato obtenido por empresas españolas en el extranjero (7.000 millones de euros). En el proyecto Al Haramain de alta velocidad fue clave la figura del padre de Felipe VI, que quiere mantener los lazos con un país sobre el que se ciernen cada vez más críticas. El apoyo soterrado al Estado Islámico (ISIS) en Siria e Iraq está cambiando la percepción sobre Arabia Saudí, igualmente empantanado en la guerra de Yemen.

El encargo: cinco corbetas, lo que supone dos millares de empleos durante cinco años

Pero los tiempos cambiantes que vive España han alterado la relación. La primera y única visita que Felipe VI ha realizado a Arabia Saudí fue en enero de 2015, con motivo de la muerte del rey Abdalá bin Abdulaziz. Fue un viaje de luto que congregó a lo más granado de los líderes mundiales, y por tanto no hubo tiempo para hablar de negocios bilaterales.

Aproximadamente un año después, en febrero de 2016, estaba previsto el encuentro entre Felipe VI y el rey Salmán. Pero Riad ejecutó a principios de año a 47 opositores, entre ellos el célebre clérigo chií Nimr Baqr al Nimr, lo que desencadenó una fuerte condena internacional. Podemos entonces se sentía fuerte tras las primeras elecciones fallidas del 20 de diciembre y condenó con vehemencia la violación de los derechos humanos por Arabia Saudí. Asesores de la Casa Real desaconsejaron la visita y Felipe VI transigió.

La muerte Turki bin Abdulaziz es parte de una «casualidad funesta», según conocedores de los entresijos. Viceministro de Defensa y Aviación entre 1969 y 1983, Turki se exilió en Egipto de 1984 a 2010 al divorciarse de su primera esposa y causar una polémica en la fundamentalista casa de los Saud. En 2010 regresó a su país natal y, ya perdonado, cooperó con la familia real.

Su experiencia en asuntos militares y de Defensa le llevaron a preparar un último encargo: cerrar un contrato multimillonario con los astilleros españoles. Pero falleció antes de tiempo. «Creemos que el contrato no peligra. Esperamos que sólo sea cuestión de más tiempo», suspiran en el Gobierno.