Airbnb continua sus batallas legales con ciudades importantes de Estados Unidos, su país de origen. La gran pelea, tras las escaramuzas en las californianas San Francisco y Santa Mónica, está ahora en el mayor mercado a nivel mundial de la compañía: Nueva York. La empresa fundada por Brian Chesky y Joe Gebbia ingresa 1.000 millones de dólares, 930 millones de euros, cada año en la ciudad.

La pelea, que se está dirimiendo en los juzgados de Manhattan, no es sólo relativa a Nueva York. Otras ciudades como Amsterdam o Barcelona estaban muy atentas a la resolución de la disputa, por las consecuencias que podía tener para sus propios mercados.

Las autoridades de la Gran Manzana presentaron el pasado 21 de octubre una ley, impulsada y redactada por la demócrata Linda B. Rosenthal, para multar con hasta 7.500 dólares, casi 7.000 euros, a los hosts que utilicen la plataforma para ofrecer sus alojamientos de manera ilegal. Apenas dos horas después de que está ley quedará completada Airbnb ya tenía en los tribunales una demanda contra, entre otros, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio.

Tras poco menos de dos meses de disputa legal ambas partes han alcanzado un acuerdo. Airbnb retira su demanda y a cambio las autoridades neoyorquinas acuerdan que los responsables, en caso de que se aplique una multa, serán los usuarios que publiquen anuncios ilegales. La empresa se libra ahora de la posibilidad de ser multada, aunque los legisladores de la ciudad han asegurado que nunca tuvieron intención de aplicar medidas contra ella.

«Consideramos que esta decisión es un paso adelante para los anfitriones», ha dicho la compañía en un comunicado. «Es relevante el hecho de que Airbnb y Nueva York hayan acordado trabajar de manera conjunta para abordar la escasez de viviendas permanentes en la ciudad», reza dicha nota.

Como muestra de que se tomaba en serio las demandas de la ciudad, días antes de llegar a un acuerdo Airbnb eliminó alrededor de 3.000 anuncios ilegales que había en la plataforma. Incluso ofreció a las autoridades un listado con los usuarios que explotaban, según ellos, hoteles ilegales.

Nueva política

El pasado mes de noviembre, y ya teniendo en cuenta todos los problemas legales que estaba enfrentando en Nueva York, Airbnb decidió implementar la política One Host One Home. Bajo este programa la empresa estableció que los anfitriones de la Ciudad de los Rascacielos sólo pueden tener anunciado en la plataforma el hogar en el que viven. De esta manera se aseguran de que los hosts no se sirvan de hoteles encubiertos para hacer negocio.

Esa es, precisamente, una de las principales preocupaciones de las autoridades de la ciudad. Prácticas de este tipo son muy perjudiciales para el sector hotelero, que en Nueva York tiene bastante influencia gracias al potente atractivo turístico de la ciudad.

Según datos de la compañía, el 96% de los anfitriones en Nueva York tienen un sólo anuncio en la plataforma y este es, además, su hogar principal. La mayoría de estos comparten su espacio ocasionalmente y tienen una media de 41 noches reservadas al año, lo que les produce 4.800 dólares, unos 4.450 euros.

Un caso global

Lo cierto es que Airbnb valora el acuerdo, y la retirada de la demanda, como un paso beneficioso para sus anfitriones. Pero en realidad está sentando un peligroso precedente. Barcelona ya multó a la firma con 120.000 euros, que no deja de ser una cantidad ínfima para Airbnb, a finales del año 2015 por anunciar pisos turísticos ilegales. La situación es similar en grandes ciudades, y puntos importantes del turismo en Europa, como París y Amsterdam.

La economía colaborativa sigue, en cualquier caso, un camino bastante similar en todas las industrias. Los sectores tradicionales en los que entra una empresa disruptiva intentan ilegalizar los servicios que pueden acabar con su dominio. Lo hemos visto con Uber y sus muchos problemas a lo largo y ancho del mundo, y ahora le toca pasar el trago a Airbnb. Seguramente con una valoración de casi 35.000 millones de dólares, más de 32.000 millones de euros, los problemas se ven de otra manera.