A lo largo de su mandato, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha tenido innumerables ocasiones de comprobar que sus promesas resultan casi más importantes que sus actos.

Sus últimos actos, la reducción del monto de las compras de deuda de 80.000 a 60.000 millones de euros a partir de abril, anunciada el pasado abril, habían despertado ciertos recelos entre los inversores sobre la capacidad de la institución para mantener a largo plazo su apoyo a la economía europea.

Unas dudas alimentadas también por las actas de aquella reunión, que evidenciaron cierta oposición en el seno del consejo de gobierno del BCE a la decisión de ampliar el programa de compra de bonos (QE) y mostraron las dificultades técnicas y legales con afronta el banco central a la hora de ampliar el universo de activos elegibles para sus compras.

Draghi remitió a las sobradas pruebas de su capacidad y disposición para estimular la economía

Por eso, Draghi puso este jueves todo su empeño en reforzar la disposición y capacidad del BCE para llevar a cabo las políticas de estímulo necesarias para afianzar la recuperación económica en la eurozona el tiempo y en la medida que sea preciso. “Hemos dado plenas muestras de nuestra capacidad para actuar de forma independiente, sólo limitados por el mandato de inflación a medio plazo inferior pero cercano al 2%”, indicó.

A este respecto, Draghi volvió a restar importancia al reciente repunte de los precios, señalando que la tendencia subyacente sigue siendo débil y que es preciso comprobar que el repunte de la inflación se sostiene por algo más que por el alza de los precios del crudo.

También quiso despejar cualquier preocupación por los desafíos a los que podría verse sometido el BCE en su tarea de incentivar la subida de los precios en la eurozona. Por un lado, señaló que el repunte más fuerte en algunas economías concretas de la región difícilmente resultará inmanejable para el banco central.

Aseguró, asimismo, que el BCE no tendrá dificultades para realizar sus compras de deuda, salvo que tuviera que ampliarlas. Pero ni siquiera en ese caso, parece evitar el reto. Llegado el caso, el banco central está listo para “revisar su estrategia”.

El fin del ‘QE’ no ha sido discutido

Porque si algo quiso dejar claro el presidente de la institución desde el inicio de su comparecencia es que si la situación empeorara, están preparados para ampliar los estímulos actuales. “Si las perspectivas fueran menos favorables, o si las condiciones financieras fueran incompatibles con el progreso del ajuste sostenido de la senda de inflación, el Consejo de Gobierno prevé ampliar el volumen y/o la duración de este programa”, indicaba ya el comunicado previo a la rueda de prensa del BCE.

En cambio, Draghi insistió que cualquier retirada del programa QE -el proceso conocido como tapering- permanece fuera del foco de discusión del Consejo de Gobierno del BCE. Porque aunque la situación económica ha seguido mejorando, los riesgos para la eurozona siguen apuntando a la baja. «El tapering llegará y precisará de un cuidadoso análisis», pero aún no.

En  este sentido, el presidente del BCE volvió a recalcar el lastre que supone la lentitud en la aplicación de reformas estructurales en la eurozona y señaló que todos los países de la región deben esforzarse en poner en marcha políticas fiscales favorables para el crecimiento.

En paralelo, Draghi defendió la conveniencia de las políticas monetarias aplicadas por el banco central en los últimos años, que han sido clave en la mejora de la economía europea. El banquero italiano volvió a despachar las persistentes críticas por el negativo efecto de sus medidas sobre los tipos europeos. Defendió que las recuperación de la economía europea es en beneficio de todos, “también de los alemanes”, y que los bajos tipos actuales son necesarios para disfrutar de tipos más elevados en el futuro. “Los ahorradores alemanes deben ser pacientes”, afirmó.

El BCE aclaró que la compra de bonos por debajo de la tasa de depósito sólo afectará la deuda pública

Los inversores parecieron aceptar las promesas de Draghi y, poco después de su comparecencia, las principales bolsas europeas afianzaban sus moderados avances, mientras el euro retrocedía algo más del 0,3% y se situaba por debajo de los 1,06 dólares.

Entre las escasas novedades que aportó la reunión, el BCE clarificó algunos aspectos de su plan para comprar bonos por debajo del tipo de la facilidad de depósito (el -0,4%), que anunció en diciembre. La institución aclaró que esta posibilidad sólo será aplicable a las compras de deuda pública, por lo que los bonos corporativos o las cédulas bancarias quedarían excluidas. Asimismo, se reafirmo que la prioridad es adquirir bonos a tipos superiores al -0,4% y sólo se comprarán los que muestren rentabilidades inferiores en caso de necesidad.