La Autoridad Bancaria Europa (EBA) ha decidido regular las relaciones entre las auditoras y los supervisores para intensificar la vigilancia sobre las cuentas de las entidades financieras.

En un entorno en el que los riesgos derivados de la banca crecen y la regulación financiera es cambiante, el organismo europeo ha emitido una guía donde detalla los requisitos para establecer un diálogo efectivo entre las autoridades competentes y el auditor legal. El Banco de España, en la comisión ejecutiva que celebró el pasado 20 de diciembre, confirmó su adhesión a estas directrices que entrarán en vigor el 31 de marzo.

El objetivo es «facilitar la tarea de supervisión de las entidades de crédito a través de la promoción de una comunicación efectiva entre las autoridades competentes y los auditores», recoge la guía.

El Banco de España se acogió a las nuevas directrices, que entran en vigor al final de marzo, en su comité de diciembre

El texto formaliza prácticas y procedimientos que, según los auditores, ya se llevaban a cabo para emitir un informe favorable sobre las cuentas de la banca. Sin embargo, varias firmas coinciden en que las citadas directrices europeas van a redundar en mayor transparencia en la información que se detalla al Banco de España y una relación más intensa entre éste y las auditoras, ante la necesidad de tratar temas claves para la estabilidad de la economía, como las necesidades de capital, los modelos de control de la banca y el gobierno corporativo.

«Aunque la mayor parte de la normativa ya se asumía, introduce algunas modificación, como reuniones bilaterales entre auditores y el Banco de España -obligatoria, al menos, una al año-, sin la presencia de la entidad auditada, en aras de mayor independencia, y la obligación de suministrar mayor información al supervisor por parte de los auditores», explican desde una de las principales consultoras españolas. El  Banco de España, por su parte, señala que las reuniones bilaterales ya se celebraban.

Fuentes del sector de la auditoría señalan que las recomendaciones de la Autoridad Bancaria Europa responden a un cambio estructural, tras el estallido de la crisis. «El sector financiero es foco de riesgos crecientes, que asumimos los auditores. Mientras que antes de la crisis, el papel se centraba en estados contables, ahora cada vez cobra más fuerza la regulación financiera, lo que multiplica el trabajo de las firmas de auditoría», señalan las mismas fuentes.

Europa emite una guía para mejorar la supervisión intensificado la relación entre reguladores y auditoras

Entre las directrices, EBA señala que «las autoridades competentes evaluarán de manera continua si es necesario establecer una comunicación exhaustiva con el auditor de cualquier entidad de crédito debido a cuestiones ad hoc, como conclusiones relevantes recientes de la evaluación supervisora o la auditoría legal; acontecimientos recientes que puedan cambiar la evaluación del riesgo o del nivel de esfuerzo supervisor aplicado a una entidad; y un cambio o cese del auditor».

Pone el acento en entidades que suponen un riesgo para el sistema.  «Se mantendrá una comunicación exhaustiva con los auditores de las entidades de importancia sistémica […] y con otras instituciones determinadas por las autoridades competentes sobre la base de una evaluación del tamaño y la organización interna de la entidad de crédito, así como de la naturaleza, el alcance y la complejidad de sus actividades».

Uno de los puntos en los que incide la guía y que, hasta ahora, tenía menos peso en los informes de auditoría es el referente al control del buen gobierno corporativo.  La EBA señala que cabe proceder a un intercambio de información entre las autoridades y los auditores sobre «la cultura, la filosofía y el modus operandi del órgano de administración de la entidad de crédito (incluida la calidad del gobierno corporativo y la concentración o reparto del poder entre sus miembros)».

También subraya el intercambio de información sobre «la idoneidad de los miembros del órgano de administración de la entidad de crédito, de la alta dirección o de los miembros del comité de auditoría, en relación con cuestiones importantes relacionadas con la presentación de información financiera y con las funciones de control (incluida la realización de cambios estructurales internos de los procesos de gestión y de reestructuración organizativa)».