Europa camina sobre suelo inestable en el arranque de 2017. Las incertidumbres políticas amenazan con abrir una serie de brechas en el bloque de la unión con Francia, Italia, Holanda o Alemania señalados como epicentros de las tensiones.

En ese contexto, resultaba casi sorprendente la ausencia de Grecia como foco de inquietud. La crisis del país, cuna de las mayores convulsiones recientes en la eurozona, parecía contenida después de los tumultuosos episodios que condujeron a la firma del tercer programa de rescate en el verano de 2015.

Pero las llamas de aquel incendio amenazan con reactivarse en los últimos días. Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el que cuestiona varias de las premisas del plan de rescate europeo y recalca que la deuda helena no es sostenible a largo plazo, ha sido la llama que ha vuelto a poner en ebullición el sentimiento inversor hacia el país.

El repunte, este martes, del interés de los bonos griegos a dos años por encima del 10% es la prueba más evidente de que el nerviosismo empieza a campar a sus anchas. Esta referencia llegó a alcanzar registros superiores al 50% en julio de 2015, cuando el país se disponía a celebrar un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las condiciones impuestas por Europa para la firma de un nuevo rescate económico.

El interés de los bonos griegos a dos años se ha encarecido más de un 66% en apenas dos semanas

Desde entonces, sin embargo, el alivio había sido significativo y, el pasado noviembre, los títulos helenos a dos años registraban una tasa inferior al 5%. Pero el repunte de las últimas jornadas -en apenas dos semanas ha sumado más de 400 puntos básicos, un encarecimiento superior al 66%- ha devuelto los niveles de la deuda griega a sus cotas más elevadas desde el pasado junio.

En opinión del FMI, Grecia ha realizado un «impresionante ajuste» en los últimos años para corregir los desequilibrios de su economía. Sin embargo, las condiciones impuestas por el programa de rescate dificultarán una tasa de crecimiento a largo plazo superior al 1% y harán imposible la reducción de su carga de deuda, que, en la senda actual, podría llegar a representar hasta tres veces el PIB en 2060.

De este modo, la institución que preside Christine Lagarde, aboga por un alivio o reestructuración de la deuda helena, al tiempo que cuestiona la exigencia impuesta al Gobierno griego de obtener un superávit fiscal primario del 3,5%.

En lo que se puede entender como un mensaje hacia los acreedores europeos, los miembros del FMI resaltaron «la necesidad de calibrar tal alivio en torno a suposiciones realistas sobre la capacidad de generar un superávit sostenido y crecimiento a largo plazo». En este sentido, algunos miembros del organismo defendieron reducir el superávit exigido al gobierno griego al 1,5%.

Diferencias entre acreedores

Este informe del FMI llega en un momento en que los acreedores de Grecia tratan de llegar a un acuerdo para abonar un nuevo tramo del actual programa de rescate, que tiene un tamaño total de 86.000 millones. Al mismo tiempo, sobre la mesa aparece ya la necesidad de poner en marcha un nuevo fondo de ayuda económica al país a partir de 2018.

Las negociaciones para este fin, sin embargo, pueden resultar muy complejas, a tenor de las crecientes discrepancias entre las autoridades europeas y el FMI. Este mismo martes, fuentes de la Comisión Europea se lanzaron a restar importancia a las apreciaciones del informe y aseguraron que las conclusiones del FMI están basadas en datos irreales y no toman en cuenta las reformas llevadas a cabo en las finanzas públicas griegas, según informa Bloomberg.

Las elecciones de Alemania y Holanda dificultan que se revisen las condiciones del rescate heleno

Como trasfondo de estas diferencias, el complejo panorama electoral europeo parece hacer más difícil que el FMI y Europa lleguen a un acuerdo. Países como Alemania y Holanda, que afrontan elecciones a lo largo del año se muestran reacios a suavizar las condiciones del último préstamo dado a un país al que ya se han destinado más de 300.000 millones de euros desde el estallido de la crisis de la deuda, en 2010.

El gobierno griego que preside Alexis Tsipras, mientras tanto, permanece a expensas de que sus acreedores den el visto bueno a las reformas ejecutadas hasta la fecha. De este requisito no sólo depende que pueda recibir el próximo tramo del rescate, que se estima que podría necesitar como muy tarde en el tercer trimestre de 2017, sino que el país confía en que abra la puerta a que el BCE incluya los bonos griegos dentro de su actual programa de compra de deuda (QE) lo que supondría un apoyo fundamental para las finanzas del país.