Abengoa trata de pasar página. La compañía de tecnologías de energías renovables acumula un largo periodo de convulsiones en el que su viabilidad ha sido puesta varias veces en entredicho.

Ahora, con un nuevo equipo gestor al frente, liderado por Gonzalo Urquijo -presidente también de ArcelorMittal España- la empresa confía en dejar atrás los pesares y emprender una nueva etapa de rentabilidad y crecimiento. Así lo señalaba este martes, tras publicar sus cuentas anuales: “Para la compañía estas cuentas suponen el cierre de una etapa muy complicada, que se espera cambiar a lo largo de 2017”, indicaba.

Pero la huella que dejan las dificultades de los últimos años no resultarán fáciles de borrar. Sólo en 2016, la compañía ha registrado unas pérdidas de 7.629 millones de euros, el peor resultado jamás presentado por una empresa no financiera en España. Enlaza de este modo, dos ejercicios consecutivos de números rojos, en los que el quebranto sufrido asciende hasta los 8.842 millones.

La magnitud de estas pérdidas resulta mucho más significativa si se comparan con los resultados de Abengoa en los años previos. Entre 2005 y 2014, la compañía acumuló beneficios por valor de 1.412 millones de euros, unas cifras 6,2 veces inferiores a los números rojos de los últimos dos ejercicios.

Para Gonzalo Urquijo estos resultados “deben ser contemplados en el contexto de la reestructuración” en que se halla inmersa la compañía. En ese contexto, la compañía ha realizado una intensa reevaluación de sus activos, reconociendo pérdidas por el deterioro de las plantas de bioenergía, las líneas de transmisión en Brasil, las plantas de generación en México y Chile o los créditos fiscales, por valor de 6.000 millones de euro.

A esto se suman los efectos de la ralentización generalizada del negocio, que ha motivado el registro de las provisiones de coste de construcción por importe de 245 millones de euros y el mayor gasto financiero, importe de 521 millones de euros, derivado, fundamentalmente, de la ejecución y la provisión de avales e intereses de demora.

La dirección de la compañía se muestra confiada en que las medidas recientes, que incluyen una quita de hasta el 70% a los acreedores, permitirán el solventar de forma definitiva los problemas recientes. “Cuando se complete la inminente reestructuración, para la que hemos recibido hoy mismo el consentimiento de nuestros acreedores, la consiguiente reducción de nuestra deuda restablecerá el equilibrio patrimonial”, indicó Urquijo.

Todo esto se conjuga con un entorno de negocio en progresiva mejora. Según resaltó la empresa, desde principios de 2017 “se está empezando a recuperar actividad”, en referencia a “los nuevos contratos cerrados en los dos primeros meses del año”, que son “una señal muy positiva” que permite “empezar a estabilizar su futuro”.

Mala acogida en bolsa

Este optimismo, sin embargo, no parece ser compartido por los inversores. Las acciones “tipo B” de Abengoa registraban este miércoles un descenso superior al 1%, mientras que las de “tipo A” restaban cerca del 3%.

El mercado bursátil ha sido escenario principal de las turbulencias que han azotado a Abengoa en este tiempo. A día de hoy, el valor en bolsa de la compañía ni siquiera alcanza los 200 millones de euros, una cifra que contrasta de forma muy significativa con los casi 4.000 millones de euros que capitalizaba hace sólo tan sólo dos años y medio.

Para superar el legado de estos años difíciles, Abengoa también debe hacer frente a distintas causas en los tribunales. Recientemente, la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela acordó la apertura de juicio oral contra distintos miembros de la antigua dirección de la empresa, entre los que se encuentran el expresidente Felipe Benjumea y su ex consejero delegado Manuel Sánchez Ortega, por las indemnizaciones millonarias que recibieron tras cesar de sus cargos en la compañía.