El plan era construir hasta diecisiete centrales nucleares de un plumazo. La Tennesse Valley Authority (TVA), una corporación pública de las varias que creó en los años treinta el presidente Franklin Delano Roosevelt para dinamizar las zonas más afectadas por la Gran Depresión, se había propuesto ya a mediados de los setenta llenar todo el norte del estado de reactores nucleares.

Pero los planes, tan ambiciosos como eran, se torcieron pronto. A principios de los ochenta hubo una fuerte caída de la demanda y de los precios de la electricidad, y la Administración norteamericana empezó a exigir nuevos requisitos de seguridad a las plantas nucleares –más exigentes y muy costosos- tras el accidente en la central de Three Mile Island.

La TVA decidió entonces aparcar doce de las diecisiete centrales proyectadas porque las cuentas ya no salían. Incluso algunas de las que ya había empezado a construir. Incluso una cuyos trabajos de construcción estaban ya avanzados. En 1977 se habían iniciado las obras para levantar, justo al lado de un meandro del río Holston, la central de Phipps Bend, que iba a contar con dos reactores con una potencia de más de 1,2 megavatios cada uno.

El proyecto propició otra gesta épica para esos años. El traslado de las vasijas de los reactores y de varios componentes de gran tamaño se realizó en camiones y barcos especiales para recorrer los 800 kilómetros desde la factoría de Memphis donde se elaboraron hasta Tennessee. Se tuvieron que reforzar carreteras para soportar el peso de los vehículos, se ensancharon caminos para que cupieran, se levantaron nuevos puentes y se tuvieron que apuntalar otros, se construyeron muelles especiales… Cada trayecto duraba un par de meses.

La nueva planta solar junto a la vieja central nuclear.

La nueva planta solar junto a la vieja central nuclear. United Renewable Energy

Casi cuatro años después de que comenzara la construcción de la central, cuando ya se habían erigido el armazón de una de las torres de refrigeración y gran parte de los edificios que compondrían el complejo nuclear, el proyecto se desechó. En 1982 los obreros, que a momentos fueron más de 3.000, abandonaron la obra con cerca del 40% de los trabajos completado. Y la que iba a ser una de las grandes centrales nucleares del estado, un gran proyecto de casi 3.000 millones de dólares -una fortuna para la época-, quedó congelado para siempre como una foto antigua.

El gran esqueleto de hormigón, oscurecido por el paso del tiempo, hoy sigue junto al río. Una enorme ruina envejecida sigue plantada allí, a poco más de cinco kilómetros del pequeño pueblo de Surgoinsville. Sus apenas 1.800 vecinos llevan décadas contemplando ese armazón cuando van al complejo industrial aledaño, o cuando acuden a las factorías repartidas por los alrededores, apenas a unos centenares de metros del monstruo. O simplemente si quieren pasear por la ribera del Holston.

Una nueva planta junto al esqueleto

Junto al armazón de hormigón y metal, junto al gigante eléctrico que no fue, desde este mismo mes hay otra instalación energética… pero renovable. Los terrenos aledaños a la central nuclear abandonada acogen ahora una nueva planta de energía solar. Mucho más modesta, casi enana en comparación, pero ésta terminada y funcionando.

Los grupos Birdsey Renewable Energy y United Renewable Energía han puesto en marcha en Surgoinsville una planta de energía fotovoltaica con una potencia de 1 megavatio (esto es, unas 2.400 veces menos de la que iban a tener los dos reactores fracasados). Unos 3.000 paneles solares recién estrenados funcionan ahora frente a la central nuclear a medio construir.

“La localización de este proyecto demuestra visiblemente cómo la energía solar, limpia y eficiente, es capaz de igualar otras formas de generación eléctrica para satisfacer las necesidades del país”, explica metiendo el dedo en la llaga nuclear Keith Herbs, vicepresidente de United Renewable Energy. Y lo dice cuando el presidente Donald Trump ha confirmado su intención de impulsar nuevas centrales nucleares en el país.

Los dueños de la nueva planta solar venderán la producción eléctrica a Holston Electric, que –azares del destino- es filial de la propia Tennessee Valley Authority, aquella corporación pública que inició las obras de la central nuclear hace ahora cuarenta años.