El fin de los estímulos se acerca. Pero el fin de los estímulos queda muy lejos. El Banco Central Europeo (BCE) se ha introducido este jueves en la senda de regreso a la normalidad. Pero deja claro que hasta llegar a ese distante punto seguirá muy presente, prestando un apoyo extraordinario a los mercados y la economía europea.

El presidente del BCE, Mario Draghi, llegaba a la cita de este jueves con la necesidad de dibujar el futuro más inmedianto del plan de compra de deuda (QE), que tenía como fecha de caducidad el próximo diciembre. El banquero italiano se amoldó a lo previsto: el QE se extendrá a lo largo del próximo año, “hasta el final de septiembre de 2018, o hasta una fecha posterior si fuera necesario”, pero lo hará a un ritmo inferior al actual: a partir de enero, las compras mensuales de deuda se situarán en los 30.000 millones de euros, frente a los 60.000 millones actuales.

De este modo, Draghi garantiza al mercado que sumará otros 270.000 millones de euros a los más de 2 billones de euros que ya ha inyectado desde el inicio del QE en marzo de 2015. Y todo apunta a que podrían ser más, pues como él mismo señaló, el fin de las compras de deuda está abierto y no se producirá de forma repentina.

Draghi garantiza al mercado otros 270.000 millones y unos tipos en mínimos hasta más allá del fin del ‘QE’

Draghi considera que la batería de medidas puesta en marcha por la institución a lo largo de los últimos años ha sido esencial en la recuperación que viene experimentando la economía europea desde hace varios trimestres y teme que cualquier paso prematuro pueda dar al traste con esa mejoría.

La fuerte subida del euro en los últimos trimestres, los episódicos repuntes de los costes de la deuda en la región o la persistente baja inflación son algunas de las alarmas que en los últimos tiempos han recordado al banquero italiano la conveniencia de no precipitarse en su estrategia de salida. Por eso, a cada paso que parece sugerir el inicio de la retirada le acompaña una batería de anuncios que recuerda que la mano del BCE sigue soportando al mercado y lo seguirá haciendo por un periodo prolongado.

“Es como huir de una fiesta por el patio trasero, esperando que nadie se dé cuenta de que el héroe de la fiesta está a punto de desaparecer”, indica Carsten Brzeski, economista jefe de ING.

Así, el anuncio de la reducción de las cantidades de deuda que el banco va a comprar mensualmente vino acompañado de la garantía de que los tipos de interés seguirán en sus niveles actuales por un tiempo considerable más allá del fin de las compras de deuda, lo que prácticamente asegura que hasta 2019 no se producirá ninguna subida de unas tasas que se mantienen en mínimos históricos (el tipo de interés de referencia en el 0% y el tipo de la facilidad de depósito en el -0,4%).

“La decisión de hoy es el primer paso real hacia una salida muy suave del modo crisis del BCE, pero definitivamente no supone un giro radical. De hecho, el reajuste del QE ilustra que el BCE quiere comenzar la salida con la mayor cautela posible, idealmente sin que el euro se aprecie o que los rendimientos de los bonos aumenten”, sugiere Brzeski.

Draghi, que concluye su mandato en octubre de 2019, podría pasar a la historia como el primer presidente del BCE que no subió los tipos de interés ni una sola vez.

Además, Draghi no quiso dejar ningún lugar a la duda y recalcó, con la ayuda del vicepresidente, Vitor Constancio, que el BCE seguirá reinvirtiendo de forma “masiva” el dinero de los bonos que tiene en cartera que lleguen a su vencimiento en los próximos meses, sin considerar un problema la sempiterna preocupación por la escasez de bonos disponibles para sus compras. “Nuestro programa es suficientemente flexible”, afirmó el presidente del banco central.

La institución ofrecerá a partir de ahora de forma mensual los datos de vencimientos de los bonos en su cartera, para dotar de mayor transparencia a este proceso.

Si a esto se le añade que la institución monetaria ha dejado abierta la opción de incluso incrementar el tamaño de las compras si las condiciones lo hicieran necesario, es comprensible que el mercado haya dado mayor importancia a la disposición de Draghi de prolongar en el tiempo la política de estímulos que al recorte del volumen del QE.

Atento a la crisis de Cataluña

El euro registraba al término de la comparecencia de Draghi caídas en el entorno del 0,8%, las mayores en un mes, y se situaba en 1,172 dólares, rozando sus niveles más bajos desde julio. Los intereses de la deuda pública también caían de forma generalizada en Europa, con el bono español a 10 años –favorecido también por la situación en Cataluña– restando casi diez puntos básicos, hasta el 1,55%. Y las bolsas europeas subían de forma generalizada, con un repunte medio próximo al 1%.

Nada de esto ha alterado la visión positiva de la economía que Draghi viene planteando en los últimos meses. “La expansión económica en la zona euro sigue siendo robusta y generalizada”, señaló el presidente italiano, que considera que los riesgos se mantienen equilibrados. Y, aunque la inflación se mantiene lejos de los niveles objetivo -por debajo pero cerca del 2%- y hace necesario mantener un alto considerable grado de estímulos, “el ajuste de nuestras compras de activos refleja una creciente confianza en la convergencia gradual de las tasas de inflación hacia nuestro objetivo”.

Una confianza que ni siquiera se ve deteriorada por el efecto de la crisis catalana en España. Draghi reconoció que el banco central vigila con mucha atención la evolución de la situación en torno a Cataluña, pero considera que resulta muy difícil calibrar el impacto de unos “acontecimientos que cambian cada día”, por lo que “concluir ahora que puede implicar riesgos para la estabilidad económica sería prematuro”.