Cuando en marzo de 2016, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pisó territorio cubano fueron pocas las voces críticas que se alzaron por las calles de la isla. Pero entre ellas resonaba con fuerza la de Fidel Castro, que afirmaba en el periódico oficial Gramma: «No necesitamos que el imperio nos regale nada».

Aquel exabrupto del histórico líder de la Revolución cubana, apartado desde hacía años del poder a causa de su delicada salud, fue el último quejido de una generación que se consumía sin poder evitar la incipiente apertura económica que parecía atisbarse bajo el mandato de su hermano Raúl Castro.

En la mayor parte del pueblo cubano predominaba la esperanza de que aquel acercamiento de la mayor potencia del mundo representara el empujón definitivo para librar a Cuba de las ataduras generadas por décadas y décadas de una economía planificada de tipo soviético y de las carencias derivadas de más de medio siglo de bloqueo comercial por parte de Estados Unidos.

Pero lo cierto es que hoy, cuando se cumple un año de la muerte de Fidel Castro y el régimen se prepara para el relevo de Raúl Castro -dando paso al primer presidente ajeno a la familia Castro en casi 60 años-, los frenos a la apertura económica se mantienen vigorosos mientras el país se sumerge en una delicada crisis económica.

Cuba afronta en 2017 el que apunta a ser su segundo año consecutivo en recesión: tras contraerse un 0,9% el año anterior, el país verá reducirse su PIB un 0,5% en el presente ejercicio, según las previsiones de la agencia Moody’s.

La economía cubana se contraerá un 0,5% este año, según las previsiones de Moody’s

Los analistas de la firma de calificación de crédito retiraron el pasado 8 de noviembre la perspectiva positiva que mantenían sobre el rating que otorgan a la deuda cubana, considerada de alto riesgo. La agencia justificó esta decisión en «el estancamiento del proceso de acercamiento con Estados Unidos y la reversión resultante de las medidas para aliviar el impacto del embargo económico» y el hecho de que «el impulso de la reforma y el desempeño macroeconómico favorable no se han materializado debido a una serie de crisis climáticas, tensiones en las relaciones con Estados Unidos y la próxima transición política del poder».

La decisión de Moody’s es la más clara evidencia de cómo las esperanzas depositadas en la reforma de la economía del país se han ido frustrando en los últimos meses. Y eso que la pujanza del sector turístico en el primer semestre, en el que se registró un incremento del 23% del número de visitantes, parecía alentar la confianza en que éste sería el ejercicio de la recuperación. Sin embargo, Cuba se ha visto, desde entonces, afectada por una serie de adversidades que han eclipsado aquellos brotes verdes.

Paso atrás de Estados Unidos

Una de las más relevantes ha sido la actitud del gobierno estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump, que ha revertido buena parte de las medidas acordadas por su predecesor, Obama, para restablecer las relaciones entre ambos países. Una serie de misteriosos ataques acústicos, que habrían provocado problemas de salud a 24 diplomáticos estadounidenses residentes en La Habana, ha sido el pretexto utilizado por la Administración Trump para retomar las hostilidades con el régimen de Raúl Castro, hasta el punto de que algunos expertos hablan de un retorno a los tiempos de la guerra fría entre ambos países.

A inicios del presente mes de noviembre, el Gobierno estadounidense anunció nuevas restricciones a los viajes y al comercio con Cuba, que comprenden la prohibición a los ciudadanos estadounidenses de hacer negocios con unas 180 entidades gubernamentales, como agencias y compañías de turismo vinculadas a las fuerzas armadas cubanas. Las sanciones alcanzan igualmente a 83 hoteles y a un nuevo centro comercial de lujo en La Habana.

«El endurecimiento de las sanciones y de las autorizaciones de viaje marca una reversión significativa del proceso de acercamiento iniciado a principios de 2015 entre Cuba y la administración estadounidense anterior», afirman los analistas de Moody’s, quienes prevén «que estos cambios no solo reducirán el flujo de visitantes estadounidenses a Cuba, sino que también frenarán el efecto positivo que esto tuvo en los visitantes de otros mercados».

Las nuevas sanciones de EEUU amenazan con reducir el turismo y las inversiones en la isla

Asimismo, «las perspectivas de inversión son inciertas pero creemos que en los próximos dos o tres años estos cambios disminuirán en gran medida el impulso para la inversión en el país, principalmente en proyectos turísticos, pero muy probablemente en otros sectores que podrían beneficiarse de una mayor apertura de la economía cubana», sugieren en la agencia de calificación.

Por si esta situación no fuera suficientemente preocupante para el sector turístico cubano, en el mes de septiembre el azote del huracán Irma, la tormenta más fuerte que ha golpeado a la isla en los últimos 80 años, generó notables pérdidas. Unos daños que fueron aún más graves para la industria agrícola, ya afectada por la fuerte caída de los precios de algunos del principales productos agrícolas del país, como el azúcar o el café, en los mercados internacionales.

El presidente del Gobierno cubano, Raúl Castro, junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El presidente del Gobierno cubano, Raúl Castro, junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Europa Press

La compleja tesitura económica a la que se enfrenta Cuba se ve intensificada por la crisis que atraviesa Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro se ha distinguido en los últimos años como el principal aliado comercial de Cuba, suministrándole hasta 100.000 barriles diarios de petróleo a precios muy inferiores a los del mercado. Pero en un momento en que el régimen venezolano se enfrenta al riesgo de impago, los intercambios comerciales se han reducido hasta en un 40% y las industrias cubanas se han enfrentado a la escasez de combustible.

En este contexto, Moody’s prevé que el déficit fiscal de Cuba se disparará este año y el siguiente por encima del 8%, agravando su vulnerabilidad financiera. «Su carga de deuda relativamente baja y asequible, según lo informado por las estadísticas oficiales, probablemente exagera la fortaleza fiscal real. Las muy limitadas opciones de financiación del país  sugieren una tolerancia relativamente baja para los déficits fiscales, que han promediado alrededor del 4% del PIB entre 2010-16», observan en la agencia, donde esperan que esta situación lleve a los gobernantes de la isla a mantener las restricciones fiscales de años anteriores.

Los críticos del aperturismo

Todas estas circunstancias refuerzan la posición de los más recalcitrantes defensores del statu quo, que parecen haber ganado la partida en los últimos tiempos a los adalides del aperturismo. La más elocuente muestra de la pérdida de pujanza del reformismo es el ostracismo al que ha quedado relegado Marino Murillo, considerado en la isla «el zar de la reforma económica», que estuvo casi un año desaparecido de la escena pública. Cuando reapareció, a finales del pasado mayo, fue para recordar que en el nuevo modelo socialista de la isla «no se permitirá la concentración de la propiedad y la riqueza aún cuando se promueva la existencia de formas privadas de gestión».

La Cuba de Raúl Castro ha dado en los últimos años tímidos pasos hacia una leve liberalización del sistema económico, flexibilizando el control de precios en algunas industrias o permitiendo que alrededor de medio millón de cubanos trabajen por cuenta propia, con un fuerte auge del negocio del alojamiento privado. Pero recientemente, se ha vuelto a intensificar la vigilancia sobre estas cuestiones. «Creo que Cuba está aterrorizada por lo que sucederá si pierden el control del autoempleo», explica Carmelo Mesa-Lago, catredrático emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh, en declaraciones a Miami Herald.

Algunos expertos prevén que Raúl Castro pospondrá su sucesión por la crisis que vive el país

En un entorno de crisis económica como el actual, las medidas liberalizadoras son vistas como germen de crecientes desigualdades y aumentos de precios que elevan el descontento entre la población. Por eso, los dirigentes más reacios a los cambios han endurecido sus posturas, tratando de garantizar la estabilidad política.

Una estabilidad que se antoja aún más necesaria a apenas tres meses de la fecha prevista para que Raúl Castro ceda el control del Gobierno cubano, aunque son muchos los analistas que auguran que el dirigente podría demorar su retirada dada la situación de crisis actual.

Pero sea con un Castro o no en el poder, lo cierto es que «las abundantes promesas» que encierra la economía cubana, en palabras del profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de California-San Diego Richard Feinberg, siguen sin concretarse. En Cuba, la situación económica es dura. Y apunta a seguir siéndolo por un tiempo prolongado.