El pasado jueves, a la mañana siguiente de haber renunciado a su cargo en las 53 filiales como Zara, Massimo Dutti y Bershka en las que aún conservaba su firma de apoderado, Amancio Ortega volvió a Inditex a trabajar. Se sentó en su mesa de siempre, en la sección de ropa de Señora de Zara de la sede de Arteixo, rodeado de los comerciales y diseñadores que trabajan en el imperio textil que fundó en A Coruña hace 43 años y que están acostumbrados a verlo pasear por allí.

Ortega se sienta siempre en la misma mesa blanca que comparte con su secretaria (no tiene despacho)  y a la hora de comer baja a la cantina de los empleados, cuyo menú cuesta menos de cuatro euros. Es allí donde este gallego de adopción, nacido en un pueblín leonés llamado Busdongo hace 81 años, suele almorzar a diario. El hombre más rico de España (y a ratos del mundo) elige normalmente la opción saludable de la carta y toma mucho pescado a la plancha porque, según quienes le conocen bien, «le gusta cuidarse». Aseguran también que «rebosa energía» y que, además de a trabajar, «sigue yendo al gimnasio casi todos los días».

El hombre más rico de España (y a ratos del mundo) come a diario en la cantina de emplados de Inditex

A la misma cantina de empleados que bajó esta semana a comer, tras renunciar a sus cargos de apoderado, acudió también el 10 de enero de 2011, como si aquel hubiera sido un día cualquiera. Como si no hubiera dado entonces uno de los pasos más importantes de toda su carrera: anunciar su renuncia a la presidencia del grupo. Seis años han pasado desde que el fundador de Zara nombrara su sucesor a Pablo Isla, que solo llevaba otros tantos como consejero delegado del grupo. El nuevo máximo ejecutivo de la compañía, que bajo su gestión ha convertido Inditex en el mayor grupo textil del mundo con más de 7.500 tiendas repartidas por 94 países, también almorzó ese día a su lado. Huir de toda ostentación es marca de la casa.

Desde julio de 2011, Ortega solo mantiene su puesto en el Consejo de Administración de Inditex, pero sigue siendo el máximo accionista de la compañía. Cuando uno tiene más de 1.847 millones de acciones de Inditex, lo que equivale al 59,29% del capital (unos 58.000 millones de euros) no necesita un cargo ejecutivo para mantenerse en el poder. Ya no está oficialmente al frente del imperio textil que empezó en los años 60 como una humilde fábrica de batas de boatiné llamada GOA (las iniciales de Amancio Ortega Gaona al revés) junto a su primera esposa, la ya fallecida Rosalía Mera,  pero la compañía lo tiene muy presente como un senior advisor de lujo.

Este ex presidente octogenario que sigue yendo cada día a trabajar no solo se reúne con Isla de vez en cuando, mantiene un contacto muy cercano con el departamento comercial de Zara, el alma del grupo, tanto con los diseñadores como con los vendedores. «Es su ecosistema natural», afirman desde Arteixo. Y de vez en cuando se pasea por las tiendas del centro de A Coruña. Está siempre presente cada vez que se está ultimando un nuevo diseño de imagen para alguna marca y está atento ya sea para la presentación de una nueva colección de la próxima campaña o la decisión de cuál será el color que más se lleve en 2018.

«Sigue tan activo como siempre, pero viaja menos», reconoce uno de sus colaboradores

Además de lo relacionado con la moda y las tendencias, que sigue siendo su pasión, como miembro del consejo aún participa en las grandes decisiones estratégicas. «Sigue tan activo como siempre, pero viaja menos», reconoce uno de sus colaboradores. «Nada que ver con hace 15 años cuando estaba todo el día de un continente a otro, porque ya no es necesario que él supervise personalmente todo. Para eso ha creado un equipo de profesionales en la que confía».

La única empresa de la que Ortega sigue siendo presidente es Pontegadea Inversiones, la sociedad patrimonial a través de la que Amancio controla más del 50% del capital de Inditex, que se ha convertido desde la crisis en uno de los mayores inversores inmobiliarios a nivel mundial, adquiriendo edificios emblemáticos en las principales capitales del mundo. Si cotizara en bolsa, algo que desde el grupo inversor aseguran no tener entre en sus planes, esta compañía cotizaría entre las 15 primeras empresas del Ibex.

Cuando no está en la mesa de la planta de Zara de señoras supervisando colecciones, Ortega reparte su tiempo en la vecina sede de Pontegadea, donde se encuentra también la Fundación filantrópica que lleva su nombre y en cuya gestión le gusta estar muy involucrado.

Ir a ver las obras

Teniendo en cuenta lo activo que sigue Ortega en sus negocios, lo más parecido a actuar como un jubilado tradicional seguramente haya sido ir a ver las obras de ampliación de la sede de Inditex en Arteixo. «Le ha tenido preocupado que quede bien», aseguran en su entorno más cercano. Con una inversión de 90 millones de euros, las obras de ampliación de la sede del grupo en el polígono de Sabón que comenzaron en 2016, suman a los 160.000 metros cuadrados que ya tenía, una  parcela anexa de 55.000 metros cuadrados que incluirá auditorio, zonas deportivas y aparcamientos para empleados.

Amancio Ortega es la figura empresarial «más importante de la historia de España», según Pablo Isla

«Ilusionado» es una de las palabras que más repiten sus colaboradores para describir su estado de ánimo actual. Tanto por los nuevos proyectos del grupo, que sigue batiendo récords en bolsa, como por la labor de la Fundación Amancio Ortega que quiere dejar como legado y a través de la cual el fundador de Inditex anunciaba este año la mayor donación privada a los servicios públicos españoles: 320 millones de euros para que los hospitales públicos españoles puedan renovar sus equipos de tratamiento radioterápico.

Nadie que le conoce duda de que Amancio Ortega, la figura empresarial «más importante de la historia de España«, en palabras del propio Pablo Isla, seguirá trabajar a la empresa que pasó de ser una pequeña tienda coruñesa a la mayor compañía del mercado español, con una valoración que ronda los 100.000 millones de euros. Le gusta pasar por ser una más de las 162.450 personas que trabajan en su compañía. Pero no lo es. Solo con él Inditex hace la excepción de dejarle comer a diario en su cantina. Aunque ya esté jubilado.