«Este año hay que estar en bolsa». El comentario se puede achacar a casi cualquier firma de análisis durante los primeros compases de 2018. Un escenario de fuerte crecimiento económico a nivel global, la mejora de las perspectivas empresariales, la contención de los riesgos políticos y el inestimable soporte de los bancos centrales -a través de medidas de estímulo y bajos tipos de interés-, configuraban un escenario considerado poco menos que idílico para la renta variable internacional. Y las fuertes ganancias de los primeros compases del año venían en respaldo de esa visión.

Ahora todo eso ha cambiado sin que realmente haya cambiado nada. En sólo siete días, las bolsas mundiales han visto esfumarse más de 4,3 billones de dólares (unos 3,5 billones de euros), el equivalente casi al PIB anual de Japón, la tercera mayor economía del mundo. Desde Wall Street –que sufrió este lunes su mayor caída en siete años– a los mercados asiáticos, pasando por Europa, las principales plazas bursátiles del mundo se han visto azotadas por una oleada de ventas que no sólo ha liquidado las ganancias de las primeras semanas del año, sino que conduce a los grandes índices a sus cotas más bajas en varios meses.

Una sacudida que se explica porque entre los inversores se ha extendido la sensación de que el escenario ideal en que se mueven los mercados desde hace tiempo puede tener los días contados. La inflación amenaza con romper el equilibrio.

La escalada de los bonos muestra que el mercado teme un próximo repunte de la inflación

El repunte de los intereses de los bonos a nivel global ha sido el factor que ha puesto en alerta a los mercados. El interés del bono estadounidense a diez años alcanzaba la semana pasada niveles del 2,84%, unas cotas que no había tocado desde finales de 2014, tras remontar más de 40 puntos básicos en apenas un mes.

Tras este fuerte movimiento, que se ha visto más o menos replicado por la deuda soberana internacional, se encuentra la creciente percepción de que la fortaleza económica mundial, con Estados Unidos a la cabeza, puede traducirse, más pronto que tarde, en un repunte súbito de la inflación. Los últimos datos de empleo en la mayor economía del mundo, que reflejan una incipiente mejora de los salarios, y la confianza en la subida de los precios que reflejaba el último comunicado de la Reserva Federal de EEUU (Fed), respaldan esta idea.

Pero lo cierto es que, como observan en M&G, «el aumento de los salarios debería ser, en última instancia, algo bueno para la economía de los Estados Unidos y para las ganancias corporativas».

Sin embargo, los inversores parecen temer que esta situación obligue a la Fed y, en paralelo, al resto de los principales bancos centrales, a acelerar el fin de las políticas de estímulo, dejando a las bolsas sin el que ha sido uno de sus sustentos fundamentales durante años y quién sabe si provocando un frenazo económico que acabe frustrando el actual ciclo de crecimiento.

¿Una pausa en la escalada o cambio de rumbo?

Para la mayor parte de los expertos, este escenario, aunque no sea totalmente descartable, no resulta el más previsible. «Parece poco probable que Jerome Powell, recién llegado a la Fed como presidente, lleve a cabo una política monetaria muy agresiva que pueda llevar a la economía a una recesión en los próximos doce meses», comenta Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank en España, para quien el único riesgo de decisiones precipitadas por parte del banco central estadounidense se produciría en el caso de que vieran «un riesgo inflacionista inminente, algo que no se deduce de la última reunión de la Fed».

En cualquier caso, los inversores se han movido durante muchos años en un escenario en el que el constante flujo de dinero inyectado por los bancos centrales y el escaso atractivo de unos bonos en zona de mínimos históricos revestían de mayor atractivo a las bolsas. Ahora que ese escenario está en proceso de cambio, los mercados deben enfrentarse a un ajuste de valoraciones que, según observan en Allianz Global Investors, aún no se ha llevado a cabo de forma completa.

Así, la mera hipótesis de un cambio en la política monetaria ha resquebrajado las costuras de un mercado que, como advierten en Credit Suisse, había estirado en exceso su optimismo en los últimos meses. Las bolsas mundiales han acumulado ganancias próximas al 50% de media en los últimos dos años, sorteando con entereza eventos de riesgo como el Brexit, la victoria electoral de Donald Trump o el desafío soberanista catalán. «En este contexto, un aumento en los rendimientos de los bonos y los signos de normalización han comenzado a generar un cambio en el clima de inversión, desde uno que ha sido casi insensible al riesgo hasta uno que es más consciente de los riesgos», comentan desde la entidad suiza.

Las valoraciones exigentes en que se encontraban los índices harían conveniente un movimiento de este tipo, en los que los inversores recogen beneficios y permiten un ajuste de los precios. «En mercados como Wall Street, una caída del 10 o el 15% desde máximos era bastante previsible», observa Nicolás López, director de análisis de M&G Valores.

El excesivo optimismo que se respiraba en las últimas semanas en los mercados creaba el caldo de cultivo ideal para una corrección significativa en los mercados. En estos casos, son muchos los inversores que ya están dentro del mercado y escasean los que se mantienen a la espera para dar el relevo a los posibles vendedores, lo que magnifica las caídas en momentos de nerviosismo. Y la operativa automatizada, que se ha extendido en los mercados en los últimos años, también contribuye a exacerbar los descensos.

Algunos expertos temen que el mercado se esté preparando para una desaceleración del crecimiento mundial

Queda, entonces, por determinar si el mercado se enfrenta a una simple corrección o a un problema de mayor calado. Entre los expertos parece imponerse la primera idea. «La cuestión ahora es dónde y cuándo para la corrección del mercado, y nadie debería pretender tener la respuesta. Algunos inversores se han extendido excesivamente y sufrirán por las ventas forzadas, pero finalmente los fundamentales volverán a ser importantes», indica Andrew Milligan, director de Estrategia Global en Aberdeen Standard Investments.

Los datos económicos siguen mostrando una solidez que parece alejar cualquier riesgo de desaceleración y medidas como la reforma fiscal aprobada por el Gobierno de Estados Unidos vienen en apoyo de un mayor crecimiento. Con esos mimbres, el escenario parece propicio para que en las próximas semanas las bolsas reanuden su tendencia al alza.

Sin embargo, el reciente tropiezo ha servido para despertar una sensación de riesgo entre los inversores que parecía aletargada y ha llevado a los expertos a resaltar los puntos débiles que predominan en el escenario actual. Así, en Allianz Global Investors advierten de que en los últimos tiempos se han acumulado nuevos desequilibrios en la economía mundial y resaltan que los indicadores adelantados sobre la economía empiezan a apuntar a una ligera moderación del crecimiento en la segunda mitad del año.

«Habrá que estar atento a cómo van evolucionando los datos. Actualmente están en zona de máximos, pero eso también puede suponer que estamos llegando a un techo. No digo que vayamos a una recesión, pero sí existe el riesgo de una contención del crecimiento que limite el potencial de las bolsas», apunta en este sentido Nicolás López.

A priori, nada de esto debería ser suficiente para motivar un descalabro en las bolsas. Pero sí que puede servir para devolver al mercado una cautela que parecía desterrada de los parqués. Tras varios trimestres de inusitada calma, los inversores deben estar preparados para el regreso de la volatilidad. Y es que en los mercados, el riesgo es inevitable.