El Hotel Ritz-Carlton de Riad ha retomado este domingo su actividad normal después de pasar los tres últimos meses convertido en cárcel para los más ilustres de los cientos de detenidos en el marco de la campaña anticorrupción impulsada por el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman.

Este lujoso establecimiento de la capital saudí ha ejercido de prisión de oro para miembros de la familia real, políticos y empresarios hasta que éstos han accedido a entregar al Gobierno parte de sus fortunas a cambio de eludir la verdadera cárcel.

Uno de los detenidos más destacados es el príncipe Miteb bin Abdulá, otrora uno de los aspirantes al trono saudí, que, de acuerdo con fuentes oficiales consultadas por Reuters, ha pagado 1.000 millones de dólares para borrar los cargos de corrupción en su contra. En total, se han recaudado 106.000 millones de dólares, según el fiscal general.

«Un honor estar de vuelta»

Los detenidos han ido desfilando en las últimas semanas hasta que el Ritz ha recuperado su función habitual. «Es un honor estar de vuelta», ha dicho uno de los extranjeros que tuvieron que abandonar el hotel para dejar espacio a los reclusos de renombre.

Este cliente asegura que su fugaz fase como prisión no ha dejado huella en el Ritz. «Te olvidas de todo en cuanto estás en tu habitación y te pierdes en tu propia burbuja», ha afirmado en declaraciones a la agencia de noticias británica.

De agentes a empleados

Los agentes armados que hasta ahora custodiaban la entrada han dado paso a elegantes empleados que atienden a los huéspedes en un ambiente cargado de incienso y música.

La campaña anticorrupción es vista por muchos como una purga para neutralizar a cualquiera que pueda obstaculizar el ascenso del joven heredero, de 32 años, al trono que aún ocupa su padre. A día de hoy, España mantiene tensas negociaciones con Arabia Saudí a costa de la revisión del contrato para llevar el AVE al país, surcando los 450 kilómetros que separan a las ciudades santas de La Meca y Medina.