La brecha salarial entre hombres y mujeres no existe, o al menos, no por razones de género. La explicación a que las mujeres cobren de media un 30% menos y soporten más precariedad en España se explica, según la concejala del PP del Ayuntamiento de Córdoba, María Jesús Botella, “por falta de formación”.

Alega esta concejala, hermana de la ex alcaldesa de Madrid Ana Botella, que “un funcionario gana lo mismo en este Ayuntamiento siendo hombre o mujer”. Como si en el mundo exterior fuera tan habitual como entre las hermanas Botella cobrar sueldos públicos. Le faltó a Botella terminar su intervención en el pleno con un “haber estudiao” una oposición. Sí que aclaró estar  “jartica” de etiquetas tras definirse como feminista “no solo de boquilla”.

Cada vez es más habitual encontrarse con voces incrédulas que no terminan de creerse la brecha salarial. “No nos metamos en eso”, respondió el mismísimo presidente Rajoy a Alsina cuando el periodista le preguntó por las empresas que discriminan salarialmente a las mujeres que realizan igual trabajo que los hombres pero cobran menos por ello. Le pasa ahora a la discriminación laboral de las mujeres lo que hasta hace no tanto pasaba con el cambio climático.

Se está poniendo de moda el negacionismo entre cierto sector de la derecha que va de liberal. Las mujeres, a diferencia de los pingüinos, tenemos la ventaja de no tener que esperar a que se derritan los polos para probar que tenemos razón. El INE nos la da.

Además de probar las estadísticas que en España las mujeres cobran menos que los hombres, también reflejan que hay más mujeres que hombres con titulación universitaria desde hace más de 30 años. Son mayoría las mujeres estudiando en todos los niveles educativos, según el INE, y es más frecuente que ellas terminen (y con mejores notas) sus estudios.

Los factores que explican la brecha salarial, por tanto, son necesariamente otros.  Tenemos más presencia las trabajadoras en empresas pequeñas y en sectores peor retribuidos. A las mujeres, según diversos estudios, lo que más les penaliza el salario es la maternidad. Y no necesariamente porque reduzcan su jornada laboral para cuidar de los hijos, sino porque tener descendencia es un factor que los empleadores ven como positivo entre los hombres pero daña la carrera de las mujeres. No en vano son ellas las que dedican el doble de tiempo al trabajo no remunerado en el hogar y el cuidado de la familia (tengan o no media jornada). Curiosamente, la única situación en la que los hombres dedican un tiempo parecido a estas tareas (11 horas, frente 13,3 horas de ellas) es cuando no tienen pareja.

Así que antes de echarle la culpa a la formación, Botella debería haber estudiao los datos. Menos mal que también pidió “que haya más hombres que se dediquen al cuidado de la casa” como solución. Para eso, por suerte, no se necesita titulación.