Economía

Arabia y Rusia planean extender más de una década su alianza para controlar el petróleo

Torres de extracción de petróleo.

Torres de extracción de petróleo.

Arabia Saudí y Rusia están satisfechos con su cooperación en el mercado del crudo. No es para menos. Dieciséis meses después de haber establecido un acuerdo por el que Rusia se sumaba a la decisión de los países miembros de la OPEP para restringir la oferta de petróleo, el efecto en precios resulta indiscutible: el barril de Brent y el West Texas se han encarecido cerca de un 50 y un 45%, respectivamente.

Con este bagaje y con el acuerdo actual aún vigente hasta finales de 2018, los dos grandes dominadores del mercado petrolero exploran fórmulas para extender su cooperación en el muy largo plazo. «Estamos trabajando para pasar de un acuerdo de un año a otro a un acuerdo de 10 a 20 años», ha afirmado el príncipe Mohammed bin Salman en declaraciones a Reuters.

Rusia ha colaborado de forma estrecha con los países miembros de la OPEP durante las últimas crisis del petróleo, pero hasta la fecha no hay precedentes de un acuerdo formal de largo plazo entre el Gobierno de Moscú y el cártel de productores petroleros.

Desde el inicio de los recortes de producción, el petróleo ha escalado cerca de un 50%

Sin embargo, las circunstancias parecen empujar a los países que tradicionalmente han copado la oferta de crudo. Sobre todo, porque desde hace años Estados Unidos amenaza su hegemonía y se espera que próximamente se convierta en el mayor productor del mundo. De hecho, ya en febrero alcanzó los 10,4 millones de barriles diarios, el mayor nivel desde 1970, lo que supone que ya ha superado a Arabia Saudí y la Agencia Internacional de la Energía (IEA) prevé que tocará los 11 millones de barriles a finales de año, el nivel actual de extracción diaria en Rusia.

Al contrario que en los países de la OPEP o en Rusia, en Estados Unidos no es previsible una intervención política que ajuste la oferta de crudo para promover la estabilidad de los precios. El mercado está dominado por cientos de pequeños operadores, la mayoría de ellos enfocados en la creciente industria del shale oil, que se rigen únicamente por las leyes del mercado.

«Un ajuste a la baja de la producción para mantener los precios elevados es algo que un productor de crudo estadounidense no hará porque tendrá un impacto negativo en sus ganancias a corto plazo», explica Hans van Cleef, economista del sector de Energía de ABN Amro.

La fortaleza de la economía mundial ha propiciado en los últimos tiempos un sólido crecimiento de la demanda de petróleo que se espera continúe en los próximos ejercicios (las estimaciones hablan de un crecimiento de la demanda de 1,5 millones de barriles diarios tanto en 2018 como en 2019).

El auge de la producción en EEUU podría contener la escalada de los precios del petróleo

Esto unido a los temores a que Estados Unidos vuelva establecer restricciones comerciales a Irán y los problemas de producción en Venezuela han favorecido un reciente repunte de los precios del petróleo, que ronda sus niveles más elevados en tres años y medio, con el Brent rozando los 70 dólares por barril.

Pero en el mercado persisten las dudas de si la subida de los precios no irá acompañada de una creciente producción por parte del shale oil capaz de cubrir el aumento de la demanda. «Creemos que los Estados Unidos son mucho más receptivos a los precios de lo que considera la IEA y que podríamos terminar con un superavit», observan desde ETF Securities.

En este contexto, son pocos los expertos que ven margen para que los precios del petróleo escalen mucho más desde sus niveles actuales. El consenso de analistas consultados por FocusEconomics establece un precio medio para el barril de Brent al cierre de 2018 en el entorno de los 63 dólares.

Una de las firmas más escépticas es Barclays. El banco británico pronostica que el próximo movimiento en los precios del petróleo será a la baja. Aunque la situación en torno a Irán y Venezuela podría contribuir a evitar un retroceso en los próximos meses, la entidad augura que en la segunda mitad del año el Brent se mueva en un nivel promedio entre 55 y 60 dólares.

Esta visión está sustentada por la expectativa de una creciente producción en Estados Unidos, pero también en la previsión de que los países de la OPEP irán reduciendo el grado de cumplimiento de las restricciones de oferta, conforme en países como Irak o Angola se incrementa la capacidad de producción. Así, «las formaciones de inventarios parecen dirigidas a reanudarse en la segunda mitad del año, presionando los precios a la baja».

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