A nadie sorprende ya la estrecha relación que existe entre el fútbol y el dinero. Traspasos millonarios, salarios estratosféricos o suculentos patrocinios son, desde hace años, una parte casi consustancial de un juego que con frecuencia rebasa los límites del deporte para reclamar su lugar en el mundo de los negocios.

En los últimos años, además, se han generalizado las apuestas deportivas, de modo que el aficionado que lo desee tiene a su mano la posibilidad de sumar réditos económicos a las alegrías por los goles de su equipo.

Menos conocido, en cambio, es el vínculo que existe entre el fútbol y los mercados financieros. Y eso que han pasado ya más de tres décadas desde que el Tottenham Hotspur, en 1983, se convirtió en el primer equipo de fútbol en dar el salto al parqué, para captar dinero con el que hacer frente a sus abultadas deudas.

La aventura del equipo londinense en bolsa tocó su fin en 2012, pero su ejemplo ha sido secundado por varias decenas de clubes de toda Europa y hoy 22 de ellos, los más representativos, se encuentran agrupados en el índice bursátil Stoxx Europe Football. En él figuran nombres con solera del fútbol europeo como el Oporto, el Borussia Dortmund, el Ajax, el Galatasaray, la Roma o la Juventus.

Precisamente, este miércoles la Juventus se convertía en uno de los protagonistas de la jornada bursátil, al recibir con caídas superiores al 5,5% su contundente derrota frente al Real Madrid en el partido de ida de los cuartos de final de la Champions League. Un día después, la Roma encajaba también su derrota frente al Barcelona con números rojos, aunque en este caso mucho más modestos.

El índice Stoxx Europe Football sube más de un 35% desde el inicio de 2016

Un rendimiento que no se explica -al menos, no en exclusiva- por la decepción de los aficionados al ver alejarse un nuevo éxito deportivo, sino que tiene una clara lógica económica. Y es que el desempeño en una competición como la Champions League suele ser uno de los factores que más condicionan la evolución en bolsa de estos equipos. Los ingentes ingresos que determina esta competición hacen de ella uno de los asuntos de mayor relevancia no sólo en la evolución deportiva de los clubes de fútbol europeos, sino también en sus finanzas.

«Los éxitos deportivos reportan una importante cuantía económica, siendo más palpable para los equipos que juegan la Champions League. Es decir, los resultados financieros están condicionados por los éxitos deportivos», explica Felipe López-Gálvez, analista de Self Bank.

Así pues, mientras el Manchester United -que cotiza en la Bolsa de Nueva York- acumula ganancias superiores al 20% en el último año tras imponerse en la Europa League y estar cerca de asegurarse el retorno a la Champions League, tras dos temporadas de ausencia, el Borussia Dortmund ha visto esfumarse casi un 40% de su valor en ocho meses, en una temporada improductiva, marcada por su prematura eliminación en la máxima competición europea de clubes y un débil rendimiento en liga.

En cualquier caso, en términos generales, la evolución de los equipos de fútbol en bolsa en los últimos años ha sido positiva. El índice Stoxx Europe Football acumula ganancias superiores al 35% desde el inicio de 2016. Como observa Andre Sartori, responsable global del área de Deportes en KPMG, «el fútbol es un negocio en crecimiento», favorecido por el auge de los ingresos televisivos y publicitarios.

KPMG cifraba en 29.900 millones el valor a cierre de 2016 de los 32 principales equipos europeos

La auditora cifraba en 29.900 millones de euros, a cierre de 2016, el valor conjunto de mercado de los 32 principales equipos europeos, un 14% más que el año anterior. Mientras el Manchester United refleja a día de hoy una capitalización superior a los 2.600 millones de euros -un valor equivalente al de Meliá Hotels-, equipos como la Juventus y el Borussia Dordmunt superan los 600 y los 400 millones de euros de valor en bolsa, respectivamente.

En opinión de Álvaro Giménez-Cuenca, analista de XTB, en muchos casos estas valoraciones se encuentran infladas respecto a las que serían razonables a tenor de sus fundamentos económicos. La escasez de acciones negociadas en los mercados -ya que, en su mayoría, estos equipos cuentan con accionistas de referencia que controlan una parte muy elevada del capital- contribuye a que los interesados en comprarlas, que en muchos casos abordan esta inversión más como aficionados que como inversores, acaben pagando más de lo que se justificaría desde un punto de vista financiero.

Un interés limitado

Nada de esto, sin embargo, parece ser aliciente suficiente para que animar a un mayor número de clubes a dar el salto al parqué. De los diez más importantes, según el ranking de KPMG, sólo dos cotizan actualmente en bolsa. Ni Barcelona ni Real Madrid han vislumbrado en ningún momento esta opción, que, de hecho, les queda muy lejana, ya que antes tendrían que transformarse en sociedades anónimas deportivas. Y ni un sólo equipo español se han aventurado a plasmar en los mercados los resultados económicos de sus victorias o derrotas.

Y no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. «Las compañías suelen valorar otras opciones antes que salir a bolsa para financiarse. Al salir al parqué, dichas empresas se ven sometidas a una estricta regulación por parte de las entidades supervisoras, además de los costes que supone y del riesgo de pérdida de control», observa Felipe López.

Las exigencias de transparencia que suele conllevar el salto al parqué son una de las cuestiones que más suelen frenar a los dirigentes de los clubes deportivos a la hora de plantearse el salto al parqué. Porque, en un ámbito en el que la discreción se considera un valor fundamental, no son muchos los que están dispuestos a poner frente a los ojos de sus rivales sus datos financieros clave ni a tener que responder a cualquier rumor sobre fichajes o patrocinios que puedan afectar a su capitalización.

La regulación y la transparencia exigida a las compañías cotizadas limita el atractivo para los clubes de fútbol

Pero también hay que tener en cuenta que un equipo de fútbol no es una cotizada cualquiera. Como empresa tienen un carácter singular. Y es que cada uno de ellos arrastra tras de sí una masa social cuya satisfacción no se atiene a meros criterios financieros. Resulta difícil pensar que los responsables de Inditex o de Telefónica tuvieran que hacer frente a protestas masivas si se desprendieran de alguno de sus principales activos. ¿Pero hasta qué punto podría el Manchester, la Juventus o el Borussia Dortmund traspasar a su jugador estrella por motivos económicos sin producir el desencanto de su afición?

Por eso, como observa Giménez-Cuenca, la principal singularidad de estas inversiones es que «el objetivo principal no es generar beneficios para el accionista, ya que el remanente positivo no se reparte entre los accionistas, sino que se busca una reinversión para la mejora del club, como por ejemplo la inversión en fichajes».

Y es que todo equipo que se precie y quiera llenar su vitrina de trofeos necesita reforzar su equipa para hacerlo lo más competitivo posible. La lógica del fútbol es y seguirá siendo hacer el máximo de puntos posibles, hacer más goles que el rival y anotarse victoria tras victoria en su casillero. Y eso no hay mercado financiero que lo cambie, por mucho que una alegría deportiva si sale rentable en bolsa, a buen seguro, sabrá mucho mejor.