La ofensiva internacional de Donald Trump ha puesto en el foco a Rusia. El presidente estadounidense anunciaba el pasado viernes una serie de sanciones contra oligarcas rusos, próximos al presidente del país, Vladimir Putin, y sus empresas, así como contra altos cargos del gobierno.

«Los oligarcas rusos y las élites que se benefician de este sistema corrupto no quedarán impunes por más tiempo en relación a las actividades desestabilizadoras de su gobierno», explicaba el secretario del Tesoro de EE.UU., Steve Mnuchin, en un comunicado.

Esta inesperada medida representa una escalada en la serie de sanciones que viene lanzando la Administración Trump contra el Gobierno ruso por su presunta injerencia en las elecciones de 2016 y agrava la carga de castigos internacionales que viene padeciendo la economía del país desde 2014, a causa de su implicación en la guerra de Ucrania. Además, Trump lanzó amenazas nada veladas al gobierno ruso por su papel en la guerra civil que padece Siria.

La medida ha sentado como un jarro de agua fría en los mercados financieros rusos. La moneda del país, el rublo, ha sufrido una caída del 3,5%, hasta sus niveles más bajos desde noviembre. Los principales índices de la bolsa rusa también se han desplomado con estrépito este lunes: el índice MOEX y el RTSI han sufrido sus mayores varapalos desde, precisamente, la crisis de Crimea en 2014.

Los índices de la bolsa rusa han sufrido su mayor desplome desde la crisis de Crimea en 2014

«Básicamente, el riesgo geopolítico ha aumentado con el rublo como la principal víctima, en la medida en que Rusia fue fuertemente criticada por apoyar al presidente sirio Assad», señaló Piotr Matys, analista de Rabobank, en declaraciones a Financial Times.

El índice MOEX se dejó este lunes un 8,24% de su valor, mientras que el RTSI, referenciado en dólares, agravó su hundimiento hasta el 11,37%. Algunas de las compañías más afectadas por las nuevas sanciones de Putin, como United Company Rusal, han visto esfumarse más de un 20% de su valor. Pero, en general, el castigo ha alcanzado al conjunto del mercado, incluyendo firmas más conocidas como Sberbank, Aeroflot o Gazprom, que han sufrido descensos entre el 17% y el 6%.

El golpe de 2014

Esta nueva oleada de sanciones llega a Rusia en un momento especialmente crítico para el país. Tras sufrir con dureza el impacto de las sanciones recibidas desde 2014, unida al fuerte declive que registró el petróleo entre ese año y 2016, la economía rusa se dirige este año, según distintas estimaciones hacia tasas de crecimiento próximas al 2%, las mayores en cinco años.

En este escenario, la agencia S&P reconoció el pasado 23 de marzo la mejora de los fundamentos del país, elevando su rating a niveles de grado de inversión, una zona de la que había sido degradado en 2015. «La subida refleja los resultados de la respuesta de la política prudente que ha permitido a la economía rusa ajustarse a los precios más bajos de las materias primas y las sanciones internacionales. El compromiso demostrado con la restricción fiscal y un marco de política fiscal mejorado han reducido los riesgos a medio plazo de desvío fiscal», explicaba entonces la agencia, que situaba además la nota en perspectiva positiva.

Aunque las sanciones son inferiores a las de 2014, pueden frenar la inversión en Rusia

Sin embargo, la propia S&P advertía entonces de que «podríamos tomar una acción de calificación negativa si los eventos geopolíticos resultan en la introducción de sanciones más estrictas sobre Rusia por parte de los gobiernos extranjeros».

Desde Nordea consideran que las últimas sanciones anunciadas por Trump son «mucho menores que en 2014». Sin embargo, advierten de que la constante imposición de castigos a nuevos empresarios y compañías rusas generan una incertidumbre que hace poco probable que cualquier inversor extranjero se aventure a arriesgar su dinero en Rusia.

Los analistas del banco danés consideran que la amenaza de sanciones hacia las empresas extranjeras que colaboren con las compañías rusas sancionadas dificultan que éstas puedan proseguir su actividad exportadora y financiarse en el exterior.

Por todo esto, concluyen, «si bien las nuevas sanciones no parecen generar riesgos significativos para la estabilidad financiera en Rusia (tales como en 2014), es muy probable que limiten la actividad de inversión y el potencial de crecimiento económico».