La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha comparecido este martes por primera vez ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados con un discurso de ruptura respecto al del anterior Gobierno: el nuevo Ejecutivo habla más de crecimiento económico y empleo de calidad y menos de consolidación fiscal.

No obstante, la herencia que deja el PP es la de un país que casi ha cerrado la brecha del déficit excesivo, pero aún con alto coste en términos de empleo y deuda pública.

La que fuera una pieza importante de la construcción del Presupuesto europeo hasta hace unos meses desde Bruselas, ha mentado a la Comisión Europea para recordar en este sentido que, en sus últimas recomendaciones a España, hacía más hincapié en la necesidad de incrementar la inversión en innovación, de reducir la temporalidad y mejorar los niveles de formación, y no tanto en la necesaria consolidación fiscal.

Por eso, Calviño, cuyo nombramiento es un puente entre Madrid y Bruselas, ha desembarcado en el Congreso con el firme compromiso de llevar a cabo estas orientaciones de la UE. Esto no quiere decir que el Gobierno vaya a relajar los esfuerzos de consolidación fiscal. Calviño ha apostado por el “respeto a la consolidación fiscal” y ha asegurado que “España no puede permitirse cimientos financieros frágiles”.

“Ventana de oportunidad”

Sin embargo, ha confiado en que España pueda reducir su nivel de déficit por debajo del 3% del PIB en 2018 –el umbral tras el que España saldría del brazo correctivo de Bruselas—, sin concretar la consecución del objetivo del 2,2% fijado para este año, lo que, en una coyuntura económica favorable, se convierte a sus ojos en “una ventana de oportunidad”.

¿Con qué objetivo? Calviño ha dado la respuesta. Porque “la agenda social y la estabilidad presupuestaria tienen que ir de la mano para poder afrontar las necesidades de la ciudadanía de forma justa y sin poner en riesgo la economía del futuro”. Porque, lejos de la “complacencia”, cree necesario corregir lo que considera las cuatro grandes “herencias” de la crisis tras el Gobierno del PP: el paro y la baja calidad del empleo, el elevado nivel de deuda, el bajo crecimiento potencial de la economía y la desigualdad.

Cuatro debilidades que, a su juicio, muestran que el crecimiento económico de los últimos años tiene mucho que ver con los vientos de cola –bajos precios de petróleo o reducidos tipos de interés—y no tanto en la capacidad de crecimiento del país, y que dan la medida del cambio ideológico en el discurso económico del Gobierno.

“Hay que aprovechar la buena coyuntura con un nuevo enfoque para activar el potencial del país a largo plazo y asentar un nuevo modelo de crecimiento que alcance a todos los ciudadanos”, ha aseverado.

Crecer para reducir la deuda

La apuesta mostrada por Calviño por el crecimiento económico responde especialmente a la necesidad de conjurar la principal amenaza para la economía española: una deuda pública que sigue rozando el 100% del PIB.

Según ha dicho, “no hay duda sobre la solvencia del Tesoro Público, pero la deuda de hoy deberá ser pagada en el futuro, y no podemos perder de vista la carga que puede suponer en un escenario de subida de tipos”.

De este modo, mayor crecimiento reduciría el peso de la deuda sobre el PIB, más aún si se logran superávit primarios (descontando de la partida de gasto el desembolso de intereses). Para ello confía en alcanzar un crecimiento potencial de entre el 1,5% y el 2%, frente al 1% actual. Pero además, una mayor reducción de la deuda ampliaría el margen de gasto para financiar la agenda social.

En segundo lugar, con mayores niveles de crecimiento se podría seguir reduciendo la tasa de paro por debajo del 15%, con un empleo de mayor calidad. “La creación de empleo no puede ser la única medida de éxito”, ha dejado caer.

Además, Calviño ha apostado por aprovechar la revolución tecnológica, apoyándose en la formación, para mejorar el capital humano y mejorar la productividad de la economía y los trabajadores. En este apartado también ha apostado por “combinar la flexibilidad con los deseos de los trabajadores”.

Desigualdad y pobreza

Por otro lado, Calviño ha destacado que España está entre los países con mayores niveles de desigualdad, según el índice Gini, y ha reiterado que mayor desigualdad también minaría el crecimiento potencial de la economía.

Todo ello, ha dicho, está lastrando de hecho la capacidad de crecimiento de España. Según ha señalado, el PIB potencial del 2017 se situó en los mismos niveles de 2008, con lo que “se ha perdido una década”.

Así es que Calviño llama a “utilizar todos los márgenes disponibles de la economía” para garantizar un crecimiento económico  duradero. Más concretamente, ha resumido que  “sólo así será posible evitar el espejismo de que el crecimiento actual será duradero y que todos los problemas se resolverán simplemente gracias a la disciplina presupuestaria, la creación de empleo y el paso del tiempo”.

Las dos palancas

Como palancas para propiciar este crecimiento, la ministra de Economía ha puesto sobre la mesa la consolidación fiscal, pero sobre todo la acción económica y reguladora en los mercados.

En este sentido, se ha mostrado dispuesta a sacar adelante a la mayor brevedad la trasposición de las directivas europeas pendientes, mientras se adoptan medidas para avanzar en la economía digital y el crecimiento de las pymes.