En un aula de 2º de la ESO del Colegio Sagrado Corazón en la que cuelga el dibujo de una tortuga Ninja que ganó el certamen de dibujo se reúnen 12 mujeres sentadas en círculo armadas con unos paquetes de post it de colores y una docena de bolis. El proyector está funcionando: «¿Cuál de estas dos líneas que veis en la gráfica corresponde a los hombres y cuál a las mujeres?». Todas se echan a reír. Les parece obvio que el que corresponde a las mujeres es el bloque en rojo, que marca el doble de horas dedicadas de trabajo no remunerado (los cuidados familiares) que la columna gris de trabajo remunerado.

La pregunta la hace Inés Novella, la arquitecta y profesora de la Universidad Politécnica de Madrid encargada de organizar esta Marcha Exploratoria con las Mujeres de Fuencarral en colaboración con Distrito Castellana Norte. Este barrio está a punto de experimentar una transformación con un ambicioso plan urbanístico para la regeneración del Norte de Madrid y el proyecto busca incorporar perspectiva de género, tal y como marca la normativa. La primera parte del proceso pasa por la escucha a las vecinas del barrio.

Los datos muestran que hombres y mujeres generalmente llevamos vidas diferentes en nuestro día a día

«¿Para qué sirve realmente que nos reunamos aquí?», pregunta con escepticismo Rocío, que tiene prisa porque en media hora tocarán la campana y saldrán sus tres hijos de las aulas vecinas pidiendo la merienda. «Los datos muestran que hombres y mujeres generalmente llevamos vidas diferentes en nuestro día a día», explica Novella desde la pizarra. «Pero muchas ciudades no siempre tienen en cuenta estas particularidades. Una ciudad con perspectiva de género es aquella en la que todos los habitantes pueden hacer un uso pleno de los espacios y recursos en su vida cotidiana». La arquitecta reparte los post-it y los bolis para que las vecinas le ayuden a identificar en un mapa gigante las áreas del barrio por las que más se mueven y las que consideran menos seguras. Fuencarral es uno de los distritos de Madrid en el que se registran más robos y ellas reconocen que hay preocupación en el vecindario.

«El objetivo es diseñar una ciudad más segura y más justa, pero para eso es muy importante escuchar a las mujeres que viven en los barrios, porque los datos muestran que las mujeres hacemos el doble de uso de los espacios públicos y, sin embargo, no se nos han tenido en cuenta al distribuir los recursos; las necesidades de transporte público, por ejemplo, no son las mismas que hacen generalmente los hombres», apunta Novella.

La arquitecta muestra en el aula otra gráfica de movilidad según el género en la que se muestra que los recorridos que hacen los hombres normalmente son lineales: «Ellos hacen trayectos más largos, van de casa al trabajo, del trabajo a casa y esporádicamente hacen la compra o algún recado». Y la movilidad de las mujeres, sin embargo, es poligonal, sobre todo en barrios de menos recursos: «Ellas hacen más viajes pero más cortos y usan menos el coche pero tienen muchos más quehaceres diferentes: de casa al cole, del cole al trabajo, del trabajo al cole o las extraescolares, al centro de salud, al dentista, etc. Eso necesita que el urbanismo prevea una organización del transporte diferente pensando en algo más que ir de casa al trabajo. Al diseñar rutas de autobuses esta movilidad se tiene menos en cuenta».

La inseguridad, ¿espejismo o realidad?

Mercedes tiene 45 años y es madre de tres hijos que estudian Primaria en el Sagrado Corazón. Es ama de casa que lleva viviendo desde que nació en el barrio de Fuencarral y después de pensárselo frente al mapa reconoce que ir cerca de la estación de tren le da miedo. Cuando pasea al perro da un rodeo de 20 minutos para evitar la zona que marca en rojo.

«Todos los estudios sobre percepción del riesgo revelan que las mujeres tenemos siempre más miedo que los hombres a ir solas por la ciudad, y eso condiciona el uso que hacemos de la calle», dice Novella. El gráfico que muestra en la pantalla que tapa la pizarra desvela que en España la inseguridad que perciben las mujeres duplica la de los hombres.

Los hombres sufren más agresiones que las mujeres en la calle, pero somos las mujeres las que estamos más condicionadas por el miedo

«Lo curioso es que, según las estadísticas, los hombres sufren más agresiones que las mujeres en la calle, pero somos las mujeres las que estamos más condicionadas por el miedo», continúa Novella. «Esto debería tenerse en cuenta al diseñar espacios urbanos, porque hay una serie de principios básicos que pueden ayudar a disminuir esa sensación de inseguridad: mejor señalización, la visibilidad (poder ver y ser vista alrededor), que haya concurrencia en un lugar (con plantas bajas tengan actividad comercial), que esté vigilado y bien cuidado». Y añade: «Las mujeres sin saberlo somos expertas en el espacio urbano y el mejor termómetro de un barrio: cuando una mujer considera seguro un parque o una calle, también lo es para hombres, niños y mayores. Las mujeres nos autoexcluimos de determinadas zonas por miedo. Identificar esos sitios permite resolver el problema para que el espacio público sea para todos».

Mercedes ha subrayado con un rotulador rojo, además de la zona junto al metro de Fuencarral, un extremo del parque cercano y reconoce que nunca se había planetado por qué no va nunca por ahí, «simplemente no vamos y punto. Espero que cuando remodelen esto pueda pasear los perros por aquí», afirma. Sus compañeras están de acuerdo en que es un punto rojo. En un par de semanas, se sumarán a la marcha exploratoria que recorrerá esas calles para escuchar sus sugerencias con el equipo de Madrid Nuevo Norte.

¿Sirve de algo el urbanismo de género?

«No hay suficientes expertos en España para hacer todos los estudios de género con rigor que se están encargando», asegura  Inés Sánchez de Madariaga, directora de la Cátedra UNESCO de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad Politécnica de Madrid. Está en la planta 15 de una de las torres de Plaza de Castilla, donde trabaja codo con codo con los ingenieros de Madrid Nuevo Norte que están diseñando el proyecto. Desde allí dirige el informe con perspectiva de género.

«Es fácil hacer marchas exploratorias por la vía rápida, pero no siempre se hacen bien», advierte Sánchez de Madariaga, que es una de las mayores expertas a nivel mundial en el tema. También es crítica con cómo se llevan a cabo en España. «Es muy positivo que se hagan los estudios de género, pero no es un trámite burocrático, hay que hacerlo bien para que sirva de algo».

La metodología de las marchas exploratorias, como la que Novillo y Sánchez de Madariaga organizan en el barrio de Fuencarral, nacieron en Montreal (Canadá) en los años 90 para identificar las áreas inseguras de la ciudad. En esa década fue cuando Sánchez de Madariaga empezó a especializarse en esta materia, en la que se ha convertido en una de las mayores expertas a nivel mundial. «Hace 20 años buscabas financiación para hacer un estudio de género y ni siquiera en la facultad sabían de qué les estabas hablando. Ahora hasta está de moda», apunta.

Sánchez de Madariaga insiste en que es fundamental que el urbanismo de género se fundamente en datos. «Es imposible un urbanismo sostenible que no incluya una perspectiva de género, sería excluir al 50% de la población», apunta.

Lo más evidente es detectar, por ejemplo, si en unas zonas hay más violaciones y asaltos que en otras, para poner más alumbrado y cámaras de seguridad. También los datos sirven para decidir los recursos al transporte público. «Beneficiándolas a  ellas se está también mejorando la habitabilidad para niños y mayores que, nos guste o no, sigue siendo una tarea mayoritariamente femenina», afirma la ingeniera, que insiste en la particularidad de la movilidad de las mujeres.

Según la investigación Measuring mobilities of care que dirigió con su estudiante Elena Zuchini, que se publicará próximamente en la editorial Palmgrave, para la población de Madrid de edades comprendidas entre 30 y 45 años, el número total de viajes relacionados con tareas de cuidado es prácticamente el mismo número que el total de viajes relacionados con el empleo.

No solo hacen falta recursos de transporte en hora punta, falta transporte público para esos múltiples viajes relacionados con el cuidado que pasan inadvertidos

«Los ingenieros de transporte que diseñan las rutas de transporte público normalmente realizan un análisis de movilidad de las ciudades basándose en patrones masculinos creyendo que estos son universales y lo que más les preocupa es destinar recursos a las horas punta. Esto satisface una movilidad típicamente productiva, es decir, pensando en el trabajo remunerado». Y añade: «Pero las personas tenemos una diversidad de necesidades. Y lógicamente hacen falta recursos en hora punta, pero faltan recursos también en esos múltiples viajes que estaban camuflados o se consideraban menos relevantes porque son invisibles».

Su estudio ha cuantificado exactamente cuántas horas se dedican a lo que llama la movilidad del cuidado en Madrid: «La brecha entre viajes relacionados con el empleo y viajes relacionados con el cuidado, en el caso de las mujeres, es de 17 puntos: el 40 por ciento de los viajes que hacen las mujeres está relacionado con tareas de cuidado, y el 23 por ciento de los viajes que hacen son por motivos de empleo» (ver gráfico). «Los hombres, según su experiencia vital, hacen estadísticamente muy pocos de estos viajes. La movilidad del cuidado, nos demuestran los datos, es una movilidad femenina».

Pero las mejoras de transporte público desde una perspectiva de género, además de para el cuidado, también hay que pensarla en clave laboral. Cuando se mejora el acceso de transporte público a los polígonos industriales aumenta sobre todo el número de mujeres que llevan sus curriculum a esas empresas. «La realidad es que las mujeres tienen menos acceso a vehículo privado, y eso hay que tenerlo en cuenta», afirma Madariaga.

La realidad es que las mujeres tienen menos acceso a vehículo privado y eso hay que tenerlo en cuenta», afirma Madariaga

Pone el ejemplo de la zona de oficinas Azca en la que nos encontramos. «Un complejo de negocios no solo tiene que pensar en las plazas de parking para los señores con traje que van a los rascacielos de 8 a 6», apunta. «Hay que estudiar si las limpiadoras que van a las cinco de la mañana tienen acceso en bus o cercanías. Y se tienen que sentir seguras en el camino que hace andando desde la estación». La vecina estación de Chamartín, que está dentro del proyecto de remodelación de Madrid Nuevo Norte, no tiene servicios de bus nocturno ni un acceso peatonal seguro.

Inés Sánchez Madariaga, Directora de la Cátedra UNESCO de Género

Inés Sánchez Madariaga, directora de la Cátedra UNESCO de Género y Profesora de
Urbanismo de la UPM desde las oficinas de Distrito Castellana Norte.

En España, las ciudades más seguras del mundo

Sánchez de Madariaga, que ha conducido estudios de género en un centenar de ciudades y acaba de llegar de Nairobi, donde millones de personas tardan cuatro horas de media en llegar a su trabajo andando porque no hay transporte público, asegura que «España tiene algunas de las ciudades más seguras del mundo para las mujeres, pero todavía tenemos mucho que mejorar».

En Madrid Nuevo Norte están estudiando un indicador para establecer que durante la noche la iluminación en cualquier calle siempre permita identificar a un transeúnte a 25 metros. Los estudios de urbanismo reflejan que la sensación de inseguridad disminuye más entre las mujeres si se pueden ver a esa distancia la cara de quien se van a cruzar. «Solo la iluminación no basta pero ayuda», apunta Sánchez de Madariaga. «También los árboles, los desniveles y las curvas que impiden saber qué te vas a encontrar al otro lado hace que las mujeres nos autolimitemos para ir a ciertos sitios. Hay que diseñar espacios evitando puntos ciegos».

Los estudios de género y los estereotipos

¿No contribuye esta diferenciación de género a perpetuar estereotipos? Sánchez de Madariaga sonríe al escuchar la pregunta. Se ve que se la hacen a menudo. Despierta recelos entre algunos sectores del feminismo porque consideran que encasillar los cuidados como una tarea eminentemente femenina es perjudicial: «Yo tengo que basarme en los datos de la realidad que me encuentro en cada sitio», responde la profesora de la Universidad Politécnica. «Y lo cierto es que en España el cuidado de los hijos y los dependientes sigue siendo tarea de las mujeres. La idea de la paridad tiene también un sesgo sociocultural. Los barrios humildes son más desiguales. E incluso las familias de más poder adquisitivo que tienen contratada una persona de apoyo para que cuidar a los niños es una trabajadora del hogar que también es mujer».

«España tiene algunas de las ciudades más seguras del mundo para las mujeres, pero todavía tenemos mucho que mejorar», dice la experta

En barrios con un menor poder adquisitivo, como es el caso del pueblo de Fuencarral, es más complicado encontrar mujeres que vayan a los talleres. «Tenemos que intentar que los grupos sean lo más heterogéneos posibles en edad y nivel sociocultural, pero es muy difícil», asegura Inés Novella. «Para esta marcha exploratoria no hemos sido capaces de que vengan mujeres inmigrantes, son las que más difícil lo tienen», apunta.

De vuelta al Colegio Sagrado Corazón, Mercedes y Rocío se disculpan porque tienen que irse corriendo. Ha tocado el timbre y van a buscar a sus hijos. La abrumadora mayoría de adultos que esperan en la puerta a que salgan los alumnos son mujeres. No se quedan a ver el final de la presentación de Inés Novella pero quedan en acompañarla en la marcha exploratoria que está organizando en este barrio humilde de Madrid. «Haré todo lo posible, pero aún no sé si podré dejar a los niños con mi marido», dice una al salir del aula. Colgado de un lado de la pared, el mapa que ha marcado con el rotulador rojo. Al otro, la tortuga Ninja.