El gran reto migratorio de España no radica solo en su capacidad para atender a los inmigrantes que logran escalar la valla de Melilla o alcanzar las costas de Tarifa. Ese es solo el comienzo. La verdadera crisis migratoria se produce cuando un país no es capaz de integrar a aquellas personas que llegan para quedarse y, sobre todo, como ha ocurrido en países como Francia, a sus hijos.

En el caso de España, la situación puede enconarse si no se pone remedio, puesto que actualmente los hijos de los inmigrantes ya sufren cierta discriminación, por unas u otras vías, especialmente en el ámbito en el que es posible convertir el coste inicial que supone la inmigración en una inversión y una oportunidad: el mercado laboral.

La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, ya avanzó en su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados, el pasado 10 de julio, que los Presupuestos de 2019 incluirían una dotación para reactivar el Fondo de Apoyo para la Acogida y la Integración, actualmente sin recursos. A ello añadió que las políticas públicas de integración deben jugar un papel esencial para «rebajar la altura de las barreras a las que suelen enfrentarse» estas segundas generaciones.

«De lo que se trata, en definitiva, es de que el Estado juegue un papel clave a la hora de facilitar la integración, tanto de los inmigrantes recién llegados como de las segundas generaciones de los mismos, puesto que solo así se conseguirá una sociedad realmente cohesionada y, en consecuencia, una convivencia pacífica de todos sus miembros», añadía.

Los datos que maneja Trabajo

Y lo hacía con conocimiento de causa. Un informe titulado La integración de los hijos de inmigrantes en el mercado laboral, en el que participan no solo el Ministerio de Trabajo, sino también por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia y la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, pone en evidencia ciertas formas de discriminación laboral de los hijos de inmigrantes.

A partir de una muestra de jóvenes entre 19 y 29 años –muchos de origen ecuatoriano, marroquí, colombiano, peruano, rumano o boliviano– concluye que, de un lado, tanto los jóvenes hijos de inmigrantes como nativos comparten unos rasgos comunes de precariedad laboral, asociados a su condición de jóvenes.

En el caso de los primeros –de los que el 54% ya tiene nacionalidad española o residencia permanente en España–, además hay ciertas herencias, como el menor nivel de estudios, que podrían explicar mayores dificultades laborales para los inmigrantes. Pero, en último término, el informe también advierte de que esta segunda generación también pasa por mayores problemas cuando cuenta con el mismo nivel formativo de los nativos.

De entrada, el nivel de educación entre unos y otros es diferente. La proporción de hijos de inmigrantes que no llegan a completar la educación secundaria es cuatro veces más elevada y, entre los que tienen formación universitaria, la ratio oscila entre el 13,8% de los nativos y el 9,3% de estos.

Esto explica en primer término que la segunda generación de inmigrantes presente unos niveles de desempleo muy superiores –del 20,8% frente al 14,8% de los nativos–. Además, aunque unos y otros muestran cifras similares de empleo a tiempo parcial  –entre el 55% y el 60%–, en el caso de los descendientes de inmigrantes se debe a una obligación, mientras que entre los nativos es la mejor forma de compaginar estudios y trabajo.

En consecuencia, la situación salarial es similar para ambos colectivos, pese a que la causa inicial sea diferente. Prácticamente uno de cada cuatro jóvenes ganan menos de 1.000 euros al mes y uno de cada tres menos de 600 euros.

Tardan más en encontrar un empleo

Hasta este punto, parecería que ser hijo de una persona llegada de fuera no tendría por qué ser una cuestión discriminatoria, más allá de que el punto de partida para acceder a un empleo es objetivamente de desventaja.

Sin embargo, el informe apunta que los hijos de inmigrantes tardan más en encontrar un empleo, hasta el punto de que, entre los actualmente desempleados, superan en 7,5 puntos a los nativos que llevan más de un año en búsqueda de un empleo.

Más aún, los jóvenes de origen español tienden a insertarse con más facilidad en puestos administrativos y técnicos y profesionales. Por el contrario, el porcentaje de jóvenes de origen inmigrante que ocupa puesto de personal de limpieza y de servicio doméstico casi cuadruplica al de jóvenes de procedencia española.

Nuevamente, cabría pensar que el menor nivel de estudios está detrás de estos registros. Sin embargo, ahondando en estas cuestiones, el informe señala que, además de esta circunstancia, en igual nivel de estudios, los jóvenes de procedencia extranjera tienen prácticamente la mitad de posibilidades que los nativos de acceder a los mejores empleos.

¿Por qué? porque los primeros encuentran más dificultades para emplearse a través del envío de currícula u optando a través de portales de empleo en Internet, donde sus raíces parecen cobrar importancia.

En su caso, el medio más eficaz acaba siendo la recomendación familiar, el enchufe, lo que hace que recalen de nuevo en empleos de peor calidad pese a tener mejor formación que sus padres. Todo ello, dando por descontado, que ser mujer es un elemento extra que dificulta el acceso al empleo.

Al respecto, el informe afirma que la discriminación parece evidente, pero advierte con prudencia de que «no es posible demostrarla con los datos».

Casos de discriminación

No obstante, a renglón seguido precisa que, mientras casi una cuarta parte de los hijos de inmigrantes dice haberse sentido discriminado en los últimos tres años, solo el 15% de los nativos afirma lo mismo. Las diferencias son más abultadas cuando se trata de acceder a una vivienda o al ir a comprar a una tienda.

Porque lo cierto es que los casos de discriminación laboral denunciados entre los hijos de los inmigrantes no son tan abultados como cabría esperar, según el informe, debido a que, al considerarse españoles de pleno derecho, muchos de ellos desvinculan las dificultades a las que se enfrentan de su condición de hijo de extranjero.

Dicho de otro modo, estas personas achacan en un primer momento sus dificultades al discurso general de la crisis económica. No obstante, cuando se les pregunta si existen diferencias de trato respecto a los hijos de nativos, el argumento de la discriminación aflora.

Por último, las empresas consultadas para realizar el informe aseguraron no tener el origen de los candidatos en los procesos de selección. Aunque también dijeron lo mismo del sexo. En este sentido, el estudio india que «parecían en su mayoría no tener conciencia de que, aún en los procesos más sistematizados y contrastados, pueden hacerse presentes los prejuicios sociales y personales».