Ahora nadie se acuerda, pero hace 12 años la izquierda y las asociaciones ecologistas ovacionaron a Alberto Ruiz-Gallardón. Era una época rara: el dinero fluía por todas partes, la capital se llenó de obras y no se hablaba demasiado del coche eléctrico. En esas, el primer plan para restringir el acceso al centro capitalino a vehículos particulares fue anunciado por primera vez por el ex alcalde y ex ministro de Justicia en febrero de 2006.

ZEB, el 'Madrid Central' de Gallardón

ZEB, el ‘Madrid Central’ de Gallardón

Paralelamente, en 2006 Gallardón empezó a lanzar mensajes tendentes a una «reforma» en la Gran Vía. En 2010 afirmó en Telemadrid que «la calzada (de Gran Vía) será cada vez más utilizada prácticamente en exclusiva por transporte público y residentes, y los que no sean residentes tendrán que recurrir cada día más al transporte público, como en todo el centro de Madrid».

Todo salió mal e, incluso, el fiscal amonestó al Ayuntamiento por mover los medidores

Todo salió mal: el plan fue retrasándose y no cumplió sus objetivos, aunque en 2005 y 2006 se implementaron las primeras Áreas de Prioridad Residencial (APR) en barrios céntricos con gran éxito, Letras, Cortes y Embajadores. La crisis asomó la cabeza y la deuda municipal explotó por obras como el soterramiento de la M-30, así que cambiaron las prioridades. La realidad es que Gallardón nunca se dio por vencido e insistió e insistió con la iniciativa: se reafirmó en 2008, después en 2010, pero al final la idea cayó en el olvido; tanto, que el Consistorio terminó haciendo trampas con los medidores de contaminación para evitar las sanciones de la Unión Europea y fue advertido por las autoridades.

La Gran Vía tampoco se tocó. Cuando el ex regidor dejó el Palacio de Cibeles en diciembre de 2011 para irse al Ministerio de Justicia, su sucesora Ana Botella había sido la responsable de elaborar la sorprendente Estrategia Local de Calidad del Aire 2006-2010, que se puede consultar aquí. Ésta contiene elementos todavía más ambiciosos que el actual Madrid Central que propone Ahora Madrid para el próximo 30 de noviembre.

Garrido denuncia que Madrid Central abarca «450 Santiagos Bernabéus». Gallardón, toda la M-30

Pero el PP madrileño también ha cambiado después de 24 años en la alcaldía. El paso a la oposición y la llegada a la portavocía de Esperanza Aguirre, la gran archienemiga política de Gallardón -ahora compadrean y se ven con frecuencia-, han posicionado la ideología popular en la defensa de la libertad de conducir por donde uno quiera, abanderada por Aguirre. La lideresa tuvo momentos irrepetibles, como la mofa en las redes sociales por la foto que se hizo en la Gran Vía en diciembre de 2016 mientras auguraba el caos.

Ese cambio de tendencia se apunta también en la Comunidad. El presidente regional Ángel Garrido coquetea con la idea de paralizar Madrid Central en los tribunales por la «falta de información», y en el Ayuntamiento le han respondido que todos los documentos están en la web. «Lo que se quiere cerrar es el equivalente a 450 estadios como el Santiago Bernabéu».

Lo que quizá desconoce Garrido es que Gallardón quiso cerrar todavía más estadios del Real Madrid. He aquí el programa de actuación gallardoniano resumido:

  • Una «Zona de Baja Emisión» (ZEB) que calca los límites del actual Madrid Central. Entraría en vigor en 2008 y prohibiría la circulación a los coches matriculados antes de 1995, según se recoge en la normativa europea Euro 1.
  • Otra ZEB aún mayor que iba a entrar en vigor en 2010 y que afectaba a los coches con entonces más de seis años de antigüedad, esto es, los que están dentro de la clasificación de Euro 3. Este área se expande por los distritos de Chamberí, Retiro y Salamanca, además de parte de Arganzuela.
  • Una tercera cuya delimitación abarcaría toda la M-30 y que se aplicaría en caso de que ninguna de las ZEB anteriores redujera la contaminación atmosférica. Esto decía el plan del aire de Gallardón: «El establecimiento de una ZEB que regule el tráfico de las vías que quedan en su interior, pero sin afectar a esta importante autovía, presenta una serie de ventajas que permite establecer esta opción como la más conveniente en un estudio preliminar».

Es decir, que en 2010 todos los coches con seis años de antigüedad contaminantes quedarían fuera de juego en las zonas más céntricas de la capital, con la posibilidad de adaptar su motor para hacerlo compatible con el plan de calidad. La ambición de la medida quedó fuera de duda.

La actual delegada de Medio Ambiente era la portavoz de IU y pidió «unanimidad»

La entonces portavoz municipal de IU era Inés Sabanés, actualmente delegada de Movilidad y Medio ambiente en el equipo de Manuela Carmena y protagonista absoluta de Madrid Central. El día en que el plan se aprobó unánimemente en el Pleno, Sabanés hizo el siguiente comentario: «Sería muy importante alcanzar la unanimidad en un asunto tan importante como éste».

Gallardón presentando sus medidas anti contaminación.

Gallardón presentando sus medidas anti contaminación. AYTO MADRID

El plan se quedó en un anuncio y no pasó de ahí. En 2008, cuando un perímetro idéntico tenía que haber entrado en vigor, no se había dado ni un paso. La explicación que dio la concejalía que dirigía Botella no mejoró la cosa: «Nunca se ha dado una fecha de inicio. Se habla de la fecha final, el objetivo, que es 2010», defendió Botella. En 2010 tampoco se hizo nada.

El silencio de Gallardón

En enero de 2011, Madrid no solo había incumplido anual y sistemáticamente todos los umbrales europeos de dióxido de nitrógeno. Y algo más: el fiscal coordinador de Medio Ambiente, Antonio Vercher, descubrió que desde 2009 el Ayuntamiento de Madrid había cambiado medidores de contaminación de su sitio para que evaluaran la calidad del aire de zonas menos contaminadas. El ardid ni siquiera impidió que la ciudad rebajase los umbrales comunitarios, pero sí escondió una polución todavía superior a la que las autoridades locales decían.

A Botella le tocó gestionar el Madrid de la crisis. Ya no había dinero para las medidas ecológicas, sino que había que recortar y se hicieron expédientes de regulación de empleo y se (mal)vendieron edificios, muchos de los cuales habían sido comprados durante el sueño olímpico de Gallardón. Aún así, Botella no renegó del pasado y en 2014 prometió el cierre del centro a los coches. Otra vez.

«Madrid Central es una buena noticia», comenta una fuente del PP próxima al presidente regional. «También peatonalizar la Gran Vía. Desde el momento en que se soterró y amplió la M-30 es obvio que hay que rebajar el tráfico en el centro. Nuestras únicas críticas son a las formas, a cómo se ha hecho todo», añade.

Hoy Gallardón está callado ante el advenimiento de Madrid Central. No ha querido hacer declaraciones a este medio.