En tiempos de alexas y tablets, de siris y drones, está triunfando un revolucionario dispositivo que promete aumentar nuestra productividad y hacer realidad el deseo más codiciado en 2019: más tiempo libre.
Nunca se le acaba la batería y es resistente a fuertes golpes. Es, además, imposible de hackear ni por el mejor de los espías rusos. No hace falta actualizar sus sistema operativo. Tampoco comercia nuestra intimidad al mejor postor del big data. Es, atención, una libreta.

No cualquier libreta. Una con manual de instrucciones y la promesa de que “Examina tu pasado, ordena tu presente y diseña tu futuro”. Este es el subtítulo de El método Bullet Journal, el libro del diseñador Ryder Carroll (Planeta, 2018) que se ha convertido en un fenómeno mundial gracias a su método para organizarnos la vida con la simple ayuda de un cuaderno, un boli y, para los alumnos más aventajados, rotuladores de colores también.

El método BuJo, así se llama para abreviar, no es más que una lista de tareas en forma de diario escrito a puño y letra. Sin embargo, propone un sistema particular que lo ha convertido en todo un fenómeno editorial.  La paradoja para un método que precisamente reivindica la importancia del lápiz y el papel como antídoto a la dispersión de la vida online es que se ha convertido también en un fenómeno viral.  No hay más que darse un paseo en Instagram por el hashtag #BuJo o #BulletJournal para descubrir más de 5 millones de imágenes subidas por fervientes seguidores de esta técnica para organizarse mejor el tiempo que la consideran a la vez efectiva y relajante. También hay cada vez más blogs y youtubers dedicados a enseñar este “arte”. Son una especie de club creativo de culto a la productividad.

Carroll reivindica en su libro la importancia de la escritura a mano porque ayuda a ordenar mejor los pensamientos en esta época de vivir deprisa y siempre conectados. “No dedicamos a nada la atención que merece y la sensación no es agradable”, escribe Carroll. También lo dice el neurocientífico  Daniel Levitin en The Organized Mind: Thinking Straight in the Age of Information Overload [La mente organizada: Pensar de forma organizada en la época de sobrecarga informativa]. Nuestros cerebros están más ocupados que nunca antes. Responder emails, Whatsapp, mandar fotos, ver likes, leer notificaciones… Todo esto nos genera una sobreestimulación que nos vuelve yonkis de la pantalla. Y priorizar entre tanto donde elegir es agotador.

“El multitasking es una ilusión diabólica”, dice Levitin, cuyas investigaciones demuestran que en realidad no somos buenos (ni buenas) en hacer varias cosas a la vez. Solo creemos que lo somos aunque, en realidad, lo que logramos es acabar más estresados y dispersos que si nos hubiéramos parado a hacerlas de una en una.

Vivimos con la sensación de no poderlo abarcar todo porque el móvil es la navaja suiza de las distracciones digitales. Y por eso no es buena idea tener el mismo aparato que nos distrae también como calendario y agenda para evitar distracciones.

El Bullet Journal está funcionando porque, por básico que pueda parecer el concepto, presume de ser una “solución analógica que proporciona el espacio offline que necesitamos para procesar, pensar y concentrarnos”, escribe Collin. “Cuando abrimos una libreta, desconectamos automáticamente. La entrada de información se pone en pausa momentáneamente para que la mente se ponga al día. Las cosas se vuelven menos borrosas y podemos, por fin, examinar nuestra vida con más claridad”.

Dice mucho de los tiempos que vivimos que un libro que enseña a usar una simple libreta se convierta en un bestseller mundial. ¿Qué nos está pasando? También los manuales de caligrafía se están poniendo de moda en esta nueva era de reivindicar la magia del mundo offline. Escribir a mano se ha convertido en una gran innovación para estar a la última. Tal vez quienes tenemos edad para recordar el mundo antes de Google subestimamos tanto nuestra nostalgia de la vida analógica como la fascinación que para la gente menor de 25 años supone hacer cosas sin internet. Desconectar es toda una aventura. Y el cerebro lo necesita.

Un sistema analógico para la vida digital

Para quien para organizarse haya ya haya probado sin éxito a apuntarse las cosas en Google Calendar, además de descargarse Apps con listas de tareas, o tenga el escritorio lleno de post it de colores que, reconozcámoslo, terminan por traspapelarse, tal vez sea el momento de probar el Bullet Journal.

El objetivo, explica Carroll, es reducir el número de decisiones para podernos concentrar en lo que importa. Y aunque el tufillo a autoayuda puede echar para atrás a todos aquellos a quienes dé pereza el mindfulness, cómo culparlos, hay unas nociones básicas que pueden resultar de ayuda incluso a los más escépticos. Doy fe.

Lo primero es escoger un cuaderno en blanco, cualquier cuaderno en blanco. Carroll recomienda uno que no sea demasiado grande porque si no será incómodo llevarlo siempre encima. Muy pequeño tampoco sería práctico. Se puede, si lo desea, comprar uno especial, pero el cuaderno no es lo importante porque el Bullet Journal es un método, no un objeto. Tampoco importa lo bonita que uno tenga la letra o lo bien que se le dé dibujar. Para que sea útil este diario importa el contenido, no la presentación. Aunque los #BuJo en Instagram que más likes consiguen son los artísticos, claro. Pero ya nos hemos vuelto a distraer. ¿Ven como hace falta un método para centrarse?

Lo primero es hacer un inventario mental en tres columnas y dividirlas en:

  • Qué estoy haciendo
  • Qué debería hacer
  • Qué me gustaría hacer

Es solo un ejercicio para ir entrenando el filtro que ayuda a diferenciar las tareas necesarias o que importan de las distracciones. Todo eso es lo que luego hay que ir apuntando en la libreta. Lo primero es hacer el Índice. Hay que reservar algunas páginas en la parte delantera de la libreta que con el tiempo se irán convirtiendo en la lista de contenidos y luego numerar a mano las páginas a medida que avanza.

Luego, cada vez que empieza un mes nuevo, toca escribir a mano un calendario llamado “registro mensual” seguido de un “registro diario” de tareas, eventos y notas, marcados respectivamente por puntos, viñetas, círculos y guiones. Cada símbolo tiene un significado diferente, como un código de prioridades. Al final del día hay que tachar manualmente las tareas que se han completado y luego reescribir las tareas no realizadas para el día siguiente.

El registro futuro se usa para almacenar tareas que van más allá del mes en curso. El registro mensual es un inventario de los objetivos a 30 días. Y el registro diario sirve como cajón de sastre para las anotaciones de tareas, actividades e ideas que se tienen durante el día.

El papel en blanco tiene muchas ventajas respecto a las apps de tareas estándares o las agendas de papel ya prefabricadas. Cada día no dura lo mismo. La vida es impredecible. Hay días que uno tiene tiempo de ver algo en Netflix y otros que no. Hay días que se llenan de anotaciones y otros que con sobrevivirlos es suficiente. Y cada día tiene en la libreta el espacio que cada día necesite.

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Otra audacia del método, por simple que parezca, es obligarnos a reescribir una tarea postergada de día en día. Si durante dos semanas no la hemos hecho. ¿Tiene sentido seguir postergando esa tarea? ¿Vamos alguna vez realmente a organizar las fotos de los viajes del verano?  Si ya nos da pereza reescribirla en las tareas pendientes para el mes siguiente, acto que lleva apenas tres segundos, ¿cómo no nos va a dar pereza dedicar un sábado entero a ello? Las fotos se quedarán sin ordenar, pero por lo menos eliminamos el sentimiento de culpa de tareas pendientes que nunca se llevarán a cabo.

En realidad, el Método Bullet Journal es lo que en el siglo XX no tenía más misterio que llevar un diario. Tampoco hace falta leerse un libro de 300 páginas para convencerse de que necesitamos organizarnos mejor el tiempo. Pero lo cierto es que en el siglo XXI mucha gente se siente perdida entre alertas silenciadas y correos pendientes de leer. Tal vez sí que necesitemos un método offline para recopilar pensamientos y tareas pendientes. Al menos este diseñador ha logrado dar con uno que está ayudando a mucha gente a sentirse más productiva. Que gran parte de los fans del #Bujo terminen colgando su libreta en Instagram para presumir de lo bien que se organizan offline en busca de likes y se pasen horas cotilleando online cómo son los de los demás no hace sino mostrar cuán necesario es volver de vez en cuando al papel. El objetivo del método es ahorrar tiempo, luego cada uno se lo gasta como quiere.