El presidente del BCE, Mario Draghi. BCE

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'SuperMario' Draghi, el héroe incompleto

Economía

'SuperMario' Draghi, el héroe incompleto

Draghi deja el BCE ocho años después de su llegada, habiendo cumplido con creces su promesa de hacer lo necesario para salvar el euro pero sin haber logrado afianzar la recuperación de la región

Mario Draghi deja la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) ocho años después sin haber llegado a convertirse en banquero central. No, al menos, según el baremo del expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Paul Volcker, quien se dice que en 1987 llamó a su sucesor, Allan Greenspan, sólo depués de que este hubiera realizado su primera subida de los tipos de interés para darle la enhorabuena. «Ahora que has subido los tipos de interés ya eres un banquero central», le espetó.

Pero en la mente del gran (literalmente) banquero central estadounidense, que pasó a la historia por combatir una inflación galopante en Estados Unidos con tipos de interés de hasta el 20%, difícilmente podría concebirse entonces un escenario como el que Draghi ha tenido que gestionar al frente del BCE.

Porque cuando el banquero italiano tomó las riendas del banco central de la Eurozona se encontró una región al borde del colapso, con varios países rescatados por sus abultadas deudas y otros al filo del precipicio; con un sector bancario herido de gravedad desde la tormenta financiera de 2008; y el proyecto de la moneda común en entredicho. Su carta de presentación, a finales de 2011, difícilmente podía ser otra que las dos rebajas de tipos consecutivas, que marcarían el tono de su mandato.

Poco después llegaría su famoso discurso de Londres, en julio de 2012, con aquel contudente «whatever it takes» con el que prometió hacer todo lo que fuera necesario para preservar el euro. Unas palabras que le han valido, a ojos de una gran mayoría, un lugar de honor en la historia de la Eurozona como su salvador.

Lo cierto es que Draghi ha logrado a lo largo de estos ocho años, quizás más que cualquiera de sus predecesores, hacer de sus mensajes una de las armas más potentes de la política monetaria. A través de sus 185 discursos y 77 ruedas de prensa, el italiano ha mostrado una notable capacidad para conectar con los inversores. «Nadie puede poner en duda lo buen comunicador que ha sido. Siempre ha sido capaz de mover los mercados», corrobora Salvador Jiménez, analista económico y de mercados en AFI.

Pero, como recuerda Mondher Bettaieb, director de crédito de Vontobel AM, no fue sólo con palabras con lo que el banquero italiano pudo llevar a cabo el rescate de una región en peligro de implosión. «Aunque aquellas palabras fueran indiscutiblemente importantes, sólo fueron el comienzo de su gran obra», sugiere el experto.

Draghi rompió con la ortodoxia imperante en el BCE, transformando la institución en un banco central moderno

Efectivamente, en los siguientes meses y años, el BCE fue levantando un complejo andamiaje de medidas nunca antes probadas (OMT, LTRO, TLTRO, APP, tipos negativos), con las que la institución buscó -no sin éxito- dar aire a los países en dificultades, reactivar el flujo del crédito y combatir la amenaza de la tan temida deflación.

Frente a la ortodoxia tan rígidamente defendida por algunos de los países de la región -con Alemania y su Bundesbank al frente-, «Mario Draghi ha transformado la institución en un banco central moderno mediante el uso de un conjunto de herramientas amplio, innovador, eficiente y flexible, con medidas de política no convencionales», explica Frederik Ducrozet, economista de Pictet WM.

Con ellas, el presidente del BCE logró lo que Nick Wall, gestor en Merian Global Investors, define como su principal legado: «La supervivencia del euro durante su prueba más dura hasta la fecha utilizando métodos que anteriormente eran anatema».

Nada de esto ha librado a Draghi de las críticas, que se han hecho más intensas a medida que se acercaba su adiós. Las últimas medidas de estímulo aprobadas por el BCE en su reunión del pasado septiembre (nueva rebaja de los tipos de interés, reanudación del programa de compras de deuda, mejora de las condiciones de los préstamos a largo plazo para la banca…) han generado una creciente oposición incluso en el seno del banco central, plasmada en la reciente renuncia de la alemana Sabine Lautenschläger como miembro del Comité Ejecutivo.

Para sus críticos, el hombre que logró superar la fase más crítica de la historia de la Eurozona con una serie de medidas extraordinarias no ha sabido emprender el camino de regreso a la normalidad y se empeña en seguir aplicando unas recetas agotadas a un escenario que no las precisa. «Cuando te dicen que eres el salvador del euro es fácil que olvides que tu misión es otra y no resolver cada dificultad económica en la región», indica una fuente del sector financiero español.

Sus críticos temen que la perpetuación de los estímulos pueda provocar que los efectos negativos se impongan a los positivos

Resulta casi indiscutible que sus medidas ejercieron un papel crucial en la salida de la crisis del euro, pero son muchos los que temen que con su perpetuación se haya cruzado la barrera en la que sus efectos negativos superen los positivos. «El BCE y Draghi salvaron a la zona del euro, pero ¿a costa de qué? Actualmente existen demasiados bancos y empresas zombis en Europa acostumbrados al dinero barato, y ello mermará el crecimiento económico futuro», defiende Jim Leaviss, jefe de renta fija de M&G.

Además, Draghi lega a su sucesora, Christine Lagarde, una institución cuyo arsenal ante una próxima crisis parece cerca de la extenuación y cuya capacidad de innovar aparece seriamente comprometida por las divisiones en su seno, tal y como advierte Salvador Jiménez.

El banquero italiano no es ajeno a esto. Este jueves, en su última comparecencia, Draghi volvió a insistir en la necesidad de que la política fiscal de los Gobiernos europeos tome el relevo a la política monetaria para apuntalar el crecimiento en la región. Una plegaria repetida hasta la saciedad durante años de un modo infructuoso.

Esta falta de respuesta por parte de los Gobiernos en un periodo marcado por los continuos desafíos internos y externos (crisis del euro y desafío griego, hundimiento del petróleo y de los mercados emergentes, Brexit y tensiones comerciales) aparece como una de las causas principales de lo que Ducrozet califica como «la mayor paradoja de Draghi»: su incapacidad para alcanzar el objetivo de inflación del BCE.

«Ha sido uno de los banqueros más activos y creíbles de la historia moderna, sin embargo dejará al BCE con uno de los peores récord en cuanto a objetivo de inflación», subraya el experto de Pictet.

En efecto, con sus obras a través de estos ocho años, Draghi logró imponerse a la amenaza de deflación pero nunca pareció cerca de encaminar los precios hacia la meta de «cerca pero por debajo del 2%» que rige la actuación de la institución. Algunos lo culparán; otros, como Nick Wall, admitirán que esa era, «tal vez, una tarea casi imposible, dada la escala de desapalancamiento en la zona euro y las tendencias demográficas desafiantes».

Sin una salida de las políticas extraordinarias, sin una subida de los tipos, su heroicidad puede

En cualquier caso, queda como un borrón en el expediente de quien prometió hacer todo lo que fuera necesario para salvar el euro y lo hizo. Pero que también prometió que sería suficiente. Y aunque hoy nadie osa a discutir la pervivencia de la moneda común, ésta no ha dejado de estar sometida -aún hoy lo está-, a dificultades con un potencial destructivo insondable.

Pocos han reflejado como el filósofo José Ortega y Gasset que la imagen de cada uno está marcada por sus circunstancias y las de Draghi como presidente del BCE no podían haber sido más desafiantes.

Sin una salida de las políticas extraordinarias, sin una subida de los tipos de interés, su heroicidad de salvar al euro del colapso puede parecer incompleta.

Pero nadie, ni siquiera Volcker, le puede discutir ya que ha sido para Europa todo un banquero central. Y no uno cualquiera, sino uno que echó sobre sus hombros la misión de salvar el euro cuando la política fue incapaz de dar una respuesta adecuada. Se puede aceptar, como sugiere Jim Leaviss, que Draghi «no fue perfecto, pero ha sido el mejor que hemos tenido».