Una simple lectura de los discursos pronunciados por Christine Lagarde en sus dos comparecencias como presidenta del Banco Central Europeo (BCE) ofrecería pocas evidencias del cambio producido al frente de la institución el pasado mes de noviembre, con la salida de Mario Draghi.

Si las herramientas de política monetaria se mantienen en la misma posición en las que las dejó el banquero italiano, los mensajes de Lagarde apenas presentan variaciones que permitan entrever un cambio de rumbo: el compromiso de mantener los tipos de interés en los niveles actuales o inferiores por un periodo prolongado, la convicción de la necesidad de mantener una política monetaria favorable al crecimiento y el compromiso de ajustar cualquier herramienta si la situación lo hiciera necesario y el reclamo a los gobiernos con margen fiscal para que apoyen también la recuperación de la región conforman un discurso que casi podría citarse de memoria por cualquiera que habitualmente siga las ruedas de prensa del banco central.

Tan sólo los sutiles matices de optimismo que permite la pérdida de intensidad de algunos riesgos como la guerra comercial o el Brexit -que, no obstante, siguen presentes- y el mayor énfasis en la amenaza climática dejan entrever un cambio -sin la entidad suficiente para provocar una respuesta de los mercados- mucho más perceptible en los ornamentos, como el elocuente broche que Lagarde lució en su solapa este jueves.

La experimentada política francesa ha tomado los mandos del BCE con la delicadeza suficiente para evitar que nadie se sienta desconcertado con el rumbo seguido por la institución; la hoja de ruta está trazada desde mucho antes de su llegada.

«La presentación del BCE a inicios del 2020 deja un mensaje bastante claro a los mercados: habrá pocas novedades que internalizar este año en materia de política monetaria. La institución mantendrá su postura de política inamovible para promover el episodio de recuperación de la Eurozona y contrarrestar un panorama de riesgos aún sesgado ligeramente a la baja», observa Olivia Álvarez, analista de Monex Europa.

Efectividad

Y no por ello Lagarde renuncia a dejar su impronta. Al contrario. La presidenta del BCE anunció este jueves el lanzamiento de la primera revisión estratégica del banco central desde 2003, que podría conllevar profundas transformaciones en su forma de actuar.

«La revisión tendrá que ver con la forma en que actuamos, cómo medimos, cómo nos comunicamos en lo que respecta a la toma de decisiones, publicación, divulgación», señaló Largarde, para quien los cambios acaecidos en la economía desde 2003 justifican la necesidad de este movimiento. «Tenemos que analizar de manera integral la efectividad de nuestra política monetaria», indicó, antes de dar a conocer las líneas maestras de esta revisión.

El BCE planea terminar a final de años el análisis integral de sus estrategias y actuaciones de política monetaria

Este proceso, que se espera que se concluya a finales de año, abordará como cuestión principal, según comunicó el BCE en una nota posterior, la formulación cuantitativa de la estabilidad de precios y los enfoques e instrumentos mediante los que se logra ésta.

Asimismo, el banco central pretende someter a revisión conceptos como la estabilidad financiera, el empleo o la sostenibilidad financiera, «que puedan ser relevantes en el cumplimiento del mandato del BCE».

Del mismo modo, la institución tiene previsto analizar la efectividad y los posibles efectos secundarios del conjunto de medidas extraordinarias de política monetaria que se han puesto en marcha a lo largo de la última década, como los tipos de interés negativos o las compras de activos (QE).

También se examinará cómo deben actualizarse para adaptarse a las necesidades actuales los análisis económicos y monetarios a través de los cuales el BCE evalúa los riesgos para la estabilidad de precios Y, por último, revisará sus prácticas de comunicación, explicó.