Banco Sabadell mira al futuro con optimismo. Pero el mercado no parece ver lo mismo que ellos. Las acciones de la entidad que preside Josep Oliu registraban este viernes un descalabro en el entorno del 10%, tras presentar sus cuentas de 2019 en la tarde del miércoles.

Un 2019 que el propio Oliu se animó a calificar de «positivo», señalando que «hemos sentado las bases del crecimiento futuro del banco».

La entidad cumplió con varios de los objetivos que se había marcado: mejora del capital y saneamiento del balance, mediante la reducción de los activos problemáticos. Y lo hizo además con una mejora de su cuenta de resultados superior al 130%.

Pero el mercado parecía centrar el foco en los borrones que esas cuentas presentaban frente a los objetivos marcados a inicio de año: las pérdidas de TSB, los costes del riesgo superiores a los previstos y, sobre todo, unas proyecciones de crecimiento para 2020 bastante modestas…

«Es evidente que el resultado del último trimestre ha sido inferior al esperado y eso puede haber provocado esta reacción», justificaba Oliu. En la misma línea se expresaba Jaime Guardiola, consejero delegado de Sabadell: «Para nosotros era una prioridad reducir la morosidad y los activos problemáticos, que comparan muy bien con nuestros pares».

En su opinión, las pérdidas ocasionadas por estas operaciones han podido suponer una sorpresa para los analistas e inversores, pero se mostró convencido de que «cuando se pondere un poco más cómo hemos quedado en la foto en términos de activos problemáticos, teniendo en cuenta que es un one-off, el mercado tenderá a corregirse».

En esa visión positiva para el futuro, Sabadell pone un foco relevante en la contención de costes. Una contención que debe estar encabezada por su filial británica TSB, después del plan de futuro presentado el pasado noviembre, que planteaba una reducción de las oficinas en el país.

Aportación positiva de TSB

Según defendió Oliu, este plan debe permitir que TSB tenga, al fin, este año una aportación positiva que se hará mucho más significativa a partir de 2021. «Creemos que TSB será una de las palancas de crecimiento en el futuro del banco«, apuntó.

España tampoco quedaría al margen de los recortes de costes, con un ajuste de personal que se implementará de forma progresiva, a medida que se vaya avanzando en la digitalización.

A nivel de grupo, tras cerrar 45 oficinas en 2019, se espera que el ritmo se eleve a 145 en el presente ejercicio, al tiempo que se proyecta abrir unas 50 oficinas prime.

Pese a los insistentes rumores de una integración con Bankia, la dirección de Sabadell se alineó con el resto del sector al señalar que en su horizonte no se contempla ninguna fusión, pese a que reconoció que es una opción que puede ser considerada por las entidades para hacer frente al difícil entorno actual de tipos de interés.

«Hoy por hoy no contemplamos ninguna fusión específica. El banco está centrado en reducciones de costes, que junto a los planes comerciales que el banco tiene son la base de nuestro crecimiento futuro».

Oliu sí se refirió a la posibilidad de abandonar su puesto en el futuro, aunque aseguró que su compromiso con el consejo es mantenerse al frente de la entidad. Según detalló, su objetivo antes de ceder la presidencia es alcanzar unos niveles de solvencia y rentabilidad que aún no se han logrado, antes de dejar el banco «en buenas manos».

Rechaza más impuestos

Los directivos de Sabadell hicieron referencia a algunos de los principales debates presentes en el entorno financiero en España, como son los referentes a los planes de impuestos del Gobierno y la posibilidad de cobrar por los depósitos.

Sobre este último asunto, Guardiola detalló que el banco aplica cobros actualmente a depósitos por valor de 3.700 millones y volvió a mostrar su deseo de que esta práctica fuera más extendida. «Nos parece que son pocos y nos gustaría que fueran más los depósitos afectados por el cobro. Pero dependemos de las dinámicas competitivas. Esto no podemos hacerlo solos», observó.

En lo referente a un posible impuesto a la banca, Oliu mostró su desacuerdo con una medida que sería contraproducente, y que si afectara en exclusiva a algunas vías de negocio de las entidades españolas podría generar distorsiones competitivas con los bancos europeos. «No esperamos ninguna medida que vaya a discriminar nuestro sistema financiero respecto a los sistemas financieros de Europa», observó.