Andorra lleva dos décadas persiguiendo un sueño que está a 12 kilómetros de su frontera con Lérida, en el aeropuerto de La Seu d’Urgell. A lo largo de su historia, la infraestructura se ha inaugurado tres veces, se ha cerrado otras dos y ha sido víctima de promesas mal calculadas. Hoy despegan y aterrizan, sobre todo, aviones privados. Gracias a la colaboración con la Generalitat, el Principado está más cerca que nunca de cumplir su objetivo: abrir en La Seu rutas de vuelos comerciales regulares que acerquen Andorra al resto del mundo.

A Andorra sólo se puede llegar por carretera en coche o en autobús. También tienen un helipuerto privado. Pero no hay aeropuerto ni tren. Lo único que comunica sus siete comarcas, los valles y las montañas escarpadas del Pirineo es una red de nueve carreteras principales y una treintena de secundarias.

Con esas opciones, el pasado 21 de junio, Víctor Domínguez, conocido en internet como Wall Street Wolverine, condujo su Maserati desde la sierra de Madrid hasta su nuevo hogar, en Escaldes-Engordany. Ahí publica sus vídeos en YouTube hablando de política y economía desde una posición liberal. Desde la polémica por la ‘fuga’ de ‘youtubers’ al Principado, Víctor no ha parado de aparecer en televisiones y periódicos para defender su decisión y la de sus compañeros.

Esta semana, se ha viralizado el fragmento de un vídeo que subió en octubre para contar que era lo mejor y lo peor de vivir en Andorra. El joven señaló a las comunicaciones como el aspecto que menos le gusta de su nuevo lugar de residencia. «Andorra necesita urgentemente un aeropuerto», reclamó. También habló de la opción de La Seu. Su opinión escandalizó a una multitud de usuarios de las redes sociales en medio del debate sobre si es ético o no mudarse a un país donde se pagan menos impuestos. «A mí no me importa pagar impuestos si es para dar ese servicio [un aeropuerto] al ciudadano y va a tener un retorno económico (…) Yo lo comenté porque me parece un hándicap, siempre y cuando sea viable y se pueda prestar un servicio mínimamente adecuado», explica a El Independiente.

El ‘youtuber’ no está revelando ninguna idea nueva. El Gobierno de Andorra lleva desde los años 80 queriendo construir un aeropuerto dentro de sus fronteras. Pero la orografía siempre ha jugado en contra. «Andorra no tiene suficiente distancia plana para un aeropuerto y la poca que hay está ocupada por población y la carretera principal CG-1 y CG-2, que es la columna vertebral», explica Francesc Robusté, catedrático de Transporte de la Universidad Politécnica de Cataluña. Pese a ello, a día de hoy existe un proyecto en fase de estudio que plantea un aeropuerto en Grau Roig, al oeste del país.

La opción más realista, en cambio, siempre ha sido la de relanzar rutas comerciales en el aeropuerto de La Seu d’Urgell. La infraestructura está a 800 metros de altura, a sólo 20 minutos en coche de la frontera sur de Andorra. Y en estos momentos acoge a una empresa de reparación de helicópteros y sirve a vuelos privados y para formar pilotos.

De realidad a aeropuerto fantasma

El aeropuerto de La Seu existe gracias a Josep Betriu i Tapies, un empresario del automóvil que a finales de los 60 triunfaba en los negocios andorranos. Como las comunicaciones por carretera impedían el desarrollo económico de la zona, a Betriu se le ocurrió construir un aeropuerto para conectar la zona. Después de superar varios obstáculos y de un invertir tres mil millones de pesetas, el aeródromo se inauguró el 29 de julio de 1982 por primera vez. Fue todo un acontecimiento en Cataluña. Los aviones tardaban 22 minutos en llegar a Barcelona desde La Seu. La edición de La Vanguardia del día siguiente celebraba que la construcción permitía acercar los dos destinos en apenas «40 minutos». Era un proyecto ambicioso. Además de la pista, la idea era construir un complejo comercial y recreativo.

El idilio duró solo dos años. En 1984, el aeropuerto cerró por falta de medidas de seguridad y por la fuerte competencia de la carretera gracias al recién construido túnel del Cadí. Comenzaron entonces los años del aeropuerto fantasma. Los aviones comerciales ya no podían despegar ni aterrizar en su pista; sólo lo tenían permitido jets, helicópteros y avionetas. Aunque después de un tiempo, a finales de los 90, en Andorra volvió a sonar el runrún de que había que relanzar la infraestructura.

Las primeras conversaciones que mantuvieron España, Cataluña y Andorra para recuperarlo no llegaron a ningún sitio. Hasta que en 2007, la Generalitat compró el aeropuerto a la familia Betriu y empezó a renovarlo. En 2010, después de invertir casi tres millones de euros, el Gobierno tripartito de José Montilla reabrió la instalación como aeródromo privado. En el acto, el president se mostró optimista con la llegada de vuelos comerciales a la pista. Una promesa que todavía hoy sigue persiguiendo al aeropuerto.

Intentos fallidos

En los últimos años ha aumentado el número de operaciones en la pista leridana. La actividad la han concentrado los aerotaxis, los empresarios que viajan en vuelos privados a La Seu para llegar a Andorra y los pilotos en pruebas. La ambición de establecer unas rutas comerciales fijas en el aeropuerto ha supuesto un continuo quebradero de cabeza. En enero de 2015, el entonces presidente Mariano Rajoy y el conseller de Territorio y Sostenibilidad Santi Vila inauguraron La Seu por tercera y última vez para celebrar la apertura al tráfico comercial.

El aeropuerto llamó la atención de algunas compañías, pero casi todos los intentos terminaban en fracaso. Los más sonados fueron los de Air Andorra y Andorra Airlines. También hubo una iniciativa fallida de un grupo de empresarios andorranos que querían unir La Seu con Madrid y Palma. Si salieron adelante unos vuelos comerciales de prueba a Madrid, Palma y Marsella de la aerolínea francesa TwinJet y otros viajes de la andorrana TSA en 2018, según La Vanguardia.

Operar incluso con mala visión

El problema que ha frenado históricamente las aspiraciones del aeropuerto de La Seu es su ubicación. Aunque está en una zona estratégica para Andorra y el Pirineo catalán, las condiciones meteorológicas y la orografía montañosa complican a las aerolíneas establecer vuelos comerciales fijos. Necesitan rutas que no se interrumpan, por ejemplo, por un día con niebla y mala visibilidad.

La solución a este problema lo encontraron el gobierno catalán y el andorrano en abril del año pasado. Y nace de la colaboración que mantienen para impulsar la infraestructura. El aeropuerto en sí lo gestiona la Generalitat desde la empresa pública Aeroports de Cataluña. Desde 2015, año en el que se activó el régimen comercial, Cataluña ha invertido unos 150.000 euros al año. Con Andorra se firmó un convenio en 2014 para repartir el coste del mantenimiento.

La Seu es el primer aeropuerto de montaña de España que instala un sistema GPS para facilitar los aterrizajes y despegues con mala visibilidad

Según explica Jordi Gallardo, ministro de Economía del Principado, de su lado debían destinar hasta 2018 un máximo de 350.000 euros anuales, con una parte variable según el número de pasajeros que entraban por el aeropuerto. El ministro reconoce que depender tanto de las carreteras les hace perder un «poco de competitividad». Quieren «desenclavar» el país y atraer eventos, más turistas, inversión y a empresarios extranjeros que quieran quedarse a vivir ahí.

Después de un largo camino, en 2020 lograron instalar en La Seu la maniobra instrumental basada sólo en GPS. El proyecto lo supervisó la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (Aesa) y lo aprobó la Comisión Interministerial de Defensa y Fomento (CIDEFO) del Gobierno de España. Se puede resumir en dos partes. En la primera, Enaire, el gestor de navegación aérea de España, reestructuró el espacio aéreo para facilitar el vuelo hasta llegar a la zona de aproximación a la pista. Lo siguiente fue instalar un sistema de navegación por satélite GNSS para mejorar los aterrizajes y despegues para cuando haya mala visibilidad. Se trata del primer aeropuerto en España de estas condiciones que acopla este sistema.

Últimos obstáculos

El sistema de aproximación aérea ha llenado de esperanza al Principado y a la comunidad. Aún faltan algunos flecos, como instalar iluminación nocturna y un punto de inspección fronteriza. Tampoco ha ayudado la pandemia, que está ralentizando el proceso para abrir por fin rutas comerciales regulares. Pero el optimismo sigue intacto. Los avances del aeropuerto ya han despertado el interés de aerolíneas españolas, francesas y de empresarios andorranos, según Isidre Gavín, secretario de Infraestructuras y Movilidad de la Generalitat. Aunque se trata de un proyecto que está «muy maduro», no se quiere aventurar a revelar ningún nombre: «La experiencia me ha enseñado a que no se cierran los proyectos hasta que se cierran». «Nuestro objetivo es establecer rutas comerciales que unan Andorra con Madrid, París y Lisboa en el corto plazo», precisa Gallardo.

En diciembre, los dos ejecutivos firmaron un nuevo convenio de gestión del aeropuerto donde se coordinan la búsqueda de líneas regulares. El Principado, según el acuerdo, aportará el 50% del déficit de explotación del aeropuerto hasta un máximo de 350.000. Una cantidad que subirá hasta los 400.000 cuando se acomode la iluminación de la pista y la Aesa apruebe los vuelos nocturnos. Para el profesor Robusté, de la UPC, es crucial que «salgan los números» para que las intenciones del aeropuerto sigan adelante: «Si es viable, será muy fácil de gestionar. Debe ser viable financieramente, no socialmente: como si fuera para una empresa privada».