La crisis del coronavirus ha tenido consecuencias en casi todos los ámbitos de la sociedad. También en la desigualdad entre hombres y mujeres. La destrucción de empleo les afectó de forma más intensa a ellas, que firman de forma más habitual contratos temporales con jornadas parciales. Además, los cuidados -infravalorados y a menudo no remunerados- pasaron a ser los protagonistas, tanto a nivel profesional como familiar.

Si se observa la tasa de paro con la que cerró 2020, registrada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se puede observar que fue mayor para las mujeres: 17,43%. En el caso de los hombres fue del 13,87%. En comparación con 2019, el paro femenino aumentó ligeramente más que el masculino. Se trata de una tendencia que también apuntan los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) correspondientes al mes de febrero, las demandantes de empleo son 2,3 millones mientras que los hombres desempleados son 1,7 millones. El paro femenino creció un 1,38% en febrero y el masculino lo hizo un 0,77%.

El informe #Empleoparatodas: Mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral, elaborado por la Fundación Adecco, destaca que la pandemia ha arrastrado al paro de larga duración a casi 100.000 mujeres. Se trata de un incremento del 12% en comparación con el año anterior. En el caso de los hombres, la cifra asciende a los 41.100 y supone un incremento del 6,7% con respecto a 2019.

El documento hace hincapié en las consecuencias que esto tiene para las mujeres, ya que el desempleo de larga duración va asociado al agotamiento de las prestaciones por desempleo, la ausencia de ingresos económicos, la desprotección social, la merma de la autoestima o el aislamiento, consecuencias que, además, son más intensas debido a la crisis del coronavirus.

Cuidados

Los cuidados han resultado fundamentales durante toda la pandemia y se ha hecho todavía más evidente la feminización de los mismos. Según el estudio Covid-19 y desigualdad de género en España, el 12% de los padres con hijos a su cargo son madres solteras, mientras que los padres solteros representan tan solo el 2%. Así pues, las mujeres tienen más probabilidades de ser las proveedoras únicas del cuidado de los niños, una actividad que aumentó exponencialmente durante el confinamiento.

El mismo estudio señala que en el 31% de los hogares con niños dependientes, las madres se convertirán en las principales encargadas del cuidado de los niños, ya sea porque sus parejas trabajan en sectores esenciales (que no cesan la actividad) o porque no tienen pareja.

Los datos de excedencias del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones demuestran que las cosas están cambiando, pero de forma muy lenta. En 2020, el 87,17% de las excedencias para el cuidado de hijos o familiares fueron concedidas a mujeres, frente al 12,83% de permisos que obtuvieron los hombres. Un año antes, los porcentajes eran del 90,93% para ellas y del 9,07% para ellos.

“En estos meses se han puesto de manifiesto las graves consecuencias sociales que tienen para las mujeres las tareas de cuidados y la ausencia de buenas políticas de corresponsabilidad y de protección social, tanto para las mujeres que trabajan en el sector de cuidados, como para las trabajadoras que asumen de forma estas tareas en el ámbito del hogar y han tenido que compatibilizar trabajo y cuidados familiares, sobre todo en los periodos más restrictivos de la movilidad y los confinamientos domiciliarios”, añade UGT.

Por otra parte, las mujeres han tenido que asumir estas cargas de cuidados cuando son mayoría en sectores esenciales. Por ejemplo, las actividades sanitarias o el personal que trabaja en distribución alimentaria son, en su mayoría, mujeres.

Salarios

Aunque de forma muy leve, la parcialidad del empleo también ha crecido durante el último año, perjudicando a la situación laboral de las mujeres. A cierre de 2020, las mujeres tenían el 74,37% de los contratos parciales en España, frente al 25,63% de los hombres. Se trata de una realidad que tiene impacto en los salarios y que según los cálculos de Csif ha hecho crecer en un punto la brecha salarial entre hombres y mujeres.

La explicación es que las mujeres han sufrido una mayor pérdida de empleo, han firmado más contratos temporales y ha aumentado el tiempo que ellas dedican al cuidado de menores o dependientes.

Tal como explicó Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, “si el trabajo de las mujeres se valorara de forma equivalente al de los hombres, y percibieran salarios más equitativos, aumentarían las cotizaciones a la Seguridad Social y las contribuciones a Hacienda, de manera que con la brecha salarial que encubre la discriminación económica hacia las mujeres, perdemos las mujeres, pierde el Estado y perdemos todos”.