Florentino Martinez Monje, posa con el complejo lagunar con Laguardia (Álava) al fondo, rodeado de viñedos.

Florentino Martinez Monje, posa con el complejo lagunar con Laguardia (Álava) al fondo, rodeado de viñedos. R. Ordóñez

Economía

El bodeguero que encontró el mar en La Rioja alavesa

“Antes de los años 70 aquí hemos llevado pantalón remendado y con culeras toda la puñetera vida, hasta que esto empezó a tirar un poco para arriba”. Florentino Martínez Monje, con siete décadas a sus espaldas, ha visto como la tierra de sus antepasados se ha transformado a lo largo de su vida. Donde los viñedos alcanzan los precios más altos del mercado hace no mucho tiempo eran tierras que lo que más daban era trabajo.

“Una vez mi padre me dijo de poner patatas y las sembramos. Se quedaron así”, dice dibujando un pequeño círculo con el índice y el pulgar. “Se puso a sembrar remolacha y así quedaron”, amplía un poco más el espacio entre los dedos. “Las viñas están ahí porque los abuelos no podían poner otra cosa. Daba más dinero cualquier cosa que la viña, pero no se podía poner otra cosa”, reitera.

Esto explica, según Martínez Monje, porque en La Rioja Alavesa es donde más cepas viejas hay en España. Nos lo explica en su finca de Las Salinas-Carravalseca en Laguardia, junto al complejo lagunar de esta localidad alavesa. Allí sus cepas casi centenarias con uva viura y malvasía se alimentan de las tierra calcárea y arcillosa de la zona y la salinidad de las lagunas.

Los blancos de Rioja no pueden ser como los blancos litorales, esos que se aprovechan de la cercanía del mar para la expresión de sus caldos. Pero esto es justo lo que Martínez Monje tiene que no tienen los demás en toda denominación de origen de Rioja. “Un amigo mío de Galicia cuando lo vio dijo ¡Carallo! esto no lo tiene nadie”, cuenta el bodeguero. La ubicación de estos viñedos toma de la tierra salinidad extra porque en algún momento este suelo estuvo sumergido bajo el humedal. Además, cuando empuja el viento desde de la cercana sierra de Cantabria, empuja la sal que se va secando desde la Laguna hacia la parras.

De estas parcelas singulares sale el vino Las Salinas que se elabora en la bodega familiar de Martínez Monje, Bodegas Luberri, en Elciego, muy cerca de las viñas. Allí el vino fermenta durante 45 días en barricas de roble francés.

Martínez Monje ha recorrido con su bodega todos los caminos de DO de la Rioja. Vinos de parcela, vinos de crianza y de maceración carbónica.  Esta ha sido una gran apuesta. “Antes, aquí, todo era maceración carbónica. Cada cosechero hacía su vino hasta que empezaron a llegar las bodegas en 1860, que es cuando empieza a hacerse el vino despalillado. Nosotros seguimos haciendo maceración carbónica. Es un vino muy complicado, o te gusta mucho o no te gusta nada. Ahora, al que le gusta no quiere otra cosa”, afirma. Gran parte de la producción de este vino se envía a restaurantes en Madrid. 

«Las viñas están ahí porque los abuelos no podían poner otra cosa. Daba más dinero cualquier cosa que la viña, pero no se podía poner otra cosa”

Complejo lagunar con Laguardia (Álava) al fondo, rodeado de viñedos. Foto: R.O.

“La maceración es hacer el vino cómo hacían los frailes. Aquí hay muchos lagares con una piedra donde se pisaba la uva. Bajaba el mosto y bebían, probaban a los 15 días si era dulce o menos dulce, esperaban un poco más, pichaban otra vez y cuando veían cositas [hace el gesto de mareo con la cabeza y el dedo], entonces ya estaba”, afirma. 

La maceración se hace con la uva todavía en el raspón, a diferencia del vino despalillado, “para que haga una maceración de dentro hacia afuera, una pasta homogénea en el punto adecuado la rompemos pensándola y de esta forma pasa con un 40% de azúcar al depósito donde sigue la fermentación”, explica el bodeguero. 

Martínez Monje abraza las nuevas tendencias del vino “pero sin tener que volver al burro para labrar”. Tiene claro que hay tecnologías que no se puede renunciar a ellas “y muchos de los que lo han hecho ya se han arrepentido”, afirma. “Nosotros buscamos en nuestros vinos la elegancia, sacar de la tierra lo que tiene y la tipicidad nuestra de Rioja alavesa», resume en una frase su filosofía.  La bodega es su vida y es un negocio. “Para poder vivir de esto los vinos de parcela tienen que tener mucha fama, así que lo que hay que hacer es producir y vender mucho vino”, concluye.

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