Economía

1990, la generación maldita: excluida y atrapada entre dos crisis

Los nacidos a partir de ese año han sufrido dos crisis, la de 2008 y la provocada por la pandemia, en pleno proceso de emancipación. 2,7 millones de jóvenes padecen una situación "intensa" de exclusión social.

Jóvenes en Barcelona.

Jóvenes en Barcelona. EP

Es la generación maldita, la que el péndulo económico ha atizado con más fuerza. En el inicio de la anterior crisis, en 2008, cumplían la mayoría de edad y comenzaban a recorrer el camino de su proyecto vital. Ahora, con 30 años, se encuentran en muchos casos inmersos en el peor lado de la crisis pandémica, el de la exclusión social. Los jóvenes nacidos a partir de 1990 saben lo que es padecer dos crisis en el peor momento de sus vidas, en la etapa que debía ser de inicio de su emancipación, en la que todo está por hacer, y en la que años después todo debía estar encauzado.

El informe ‘Evolución de la cohesión social y consecuencias de la Covid-19 en España’ revela que ser joven está siendo en esta crisis un factor de riesgo de exclusión social. La peor parte de la crisis económica y social que ha dejado la pandemia ha recaído en ellos. En particular, entre la franja de edad comprendida entre los 16 y los 34 años, entre los que se detecta un mayor impacto. En total, 2,7 millones de jóvenes se encuentran actualmente en esa delicada situación personal y laboral, con dificultades de acceso al empleo y a la vivienda en condiciones dignas.

En la mitad de los casos la situación es de riesgo severo. Sólo en el último año de la pandemia, 650.000 jóvenes han engrosado esta estadística. El informe elaborado por Cáritas y la Fundación Foessa –elaborado por una treintena de investigadores de una decena de universidades- concluye que la cohesión social en nuestro país ha sufrido “un shock sin precedentes” por su impacto en el empleo y la economía.

Los jóvenes han visto cómo las dificultades para acceder a un empleo han sido en su caso mayores. Incluso conservarlo ha sido más difícil. La medida provisional en la que se han convertido los ERTE han estado muchos menos presentes entre los más jóvenes que entre los trabajadores de más edad. El 79% de los jóvenes en situación de exclusión severa no tiene empleo.

Dos millones de hogares

Uno de los aspectos más preocupantes es la cronificación en la que se puede caer en este contexto. La dificultad para salir de esta situación se estima que en los casos más severos defina el devenir de la próxima década de muchos jóvenes. El estudio constata que uno de cada tres jóvenes desempleados entre los 25 y 29 años no posee aún ninguna experiencia laboral. Más de la mitad de quienes padecen situaciones de exclusión social graves no estudia ni trabaja.  

El impacto no ha sido de la misma intensidad entre todos los jóvenes. Los pertenecientes a colectivos en peor situación son los que han abordado el escenario actual en una situación más compleja. La procedencia es determinante para medir el riesgo de exclusión que se puede sufrir. Casi la mitad de los jóvenes en esta situación es de origen extranjero o de etnia gitana, subraya el informe. También la cuestión de género ha tenido una peor incidencia, con un 8,5% más de casos entre mujeres que entre hombres.    

El impacto de la pandemia ha afectado a muchos colectivos, no sólo a los más jóvenes. El estudio, basado en 7.000 entrevistas, concluye que durante la pandemia se ha duplicado el número de hogares en los que todos sus miembros están en paro o el principal sustentador familiar ha estado tres o más meses sin empleo. En total, cerca de dos millones de hogares se encuentran en esta situación.

Trabajos precarios

“Se ha producido un empeoramiento de las condiciones trabajo que genera más trabajadores pobres y trabajadores y menos realizados personal y socialmente”, asegura el coordinador del estudio, Raúl Flores. Destaca que además de los salarios bajos, el empobrecimiento también viene determinado por la temporalidad y la estacionalidad de los contratos.

Para la secretaria general de Cáritas, Natalia Peiro, uno de los aspectos diferenciales de esta crisis es «la profundización de la brecha de desigualdad» en la sociedad española, «donde los grandes damnificados por la Covid-19 son precisamente las personas y familias más frágiles y desfavorecidas, a quienes no ha llegado las respuestas públicas del denominado escudo social».

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