Economía | Trabajo

España busca trabajadores en el extranjero con un 12% de paro: ¿quiénes son esos desempleados irreductibles?

Los sindicatos critican que el país líder en paro en la eurozona busque empleados fuera | Los expertos explican las razones detrás de la dificultad de bajar de los 3 millones de parados

Recogida del pistacho en una finca, en Ciudad Real.

Recogida del pistacho en una finca, en Ciudad Real. Patricia Galiana / Europa Press

Pese a los buenos datos de empleo de los últimos meses, 2,98 millones de personas aseguran estar paradas en España. No tienen un empleo, pero lo buscan y están dispuestas a incorporarse al mercado laboral en cuanto lo encuentren. Son datos de la última Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, a la que no le afecta la polémica sobre los fijos discontinuos, ni, por tanto, que estos no aparezcan en las cifras de desempleo cuando no trabajan.

Además, España continúa siendo el líder de paro en la eurozona. Según los últimos datos de Eurostat, España cuenta con una tasa de desempleo del 12,4%, doblando la media de los países que han adoptado el euro (6,5%) y a la cabeza de la lista. Por detrás quedan Grecia (11,4%), Italia (7,8%), Chipre (7,5%), Letonia (7,2%) y Suecia (7,2%).

En esta situación, UGT ha criticado esta semana las iniciativas del Gobierno para fomentar la contratación de trabajadores extranjeros en sus países de origen. El Ejecutivo está flexibilizando la legislación para facilitar la entrada de foráneos dispuestos a emplearse en aquellos sectores que aquí no encuentran trabajadores, pero las organizaciones sindicales creen que la Administración primero debería tratar de formar a los parados que ya están en España, y hacerles llegar esas vacantes.

Pero, ¿quiénes son estos tres millones de parados? ¿Por qué no acceden a un empleo, pese a existir un buen número de vacantes en el país? ¿Es una cuestión de formación, del estado de los servicios de orientación y empleo, o hay algo más? Y, sobre todo, ¿qué debe hacer España para conseguir reducir su enquistada tasa de paro?

«La de los sindicatos es una lectura muy dudosa, diciendo que no hay necesidad de mano de obra, que solo hace falta recualificarla, y que la inmigración lo que hace es mantener en pie un modelo de salarios bajos y precarios. Pero no hay evidencia de que los flujos migratorios perjudiquen a los trabajadores autóctonos, al revés: permiten desatascar cuellos de botella y generar más empleo. La literatura es abundante sobre esto. Así que es una visión muy cortoplacista y que incluso roza la xenofobia», explica el doctor en economía e investigador del centro de estudios Fedea Marcel Jansen.

El argumento de Jansen es el que defienden la mayoría de los economistas cuando explican que, al igual que en el pasado se decía que la incorporación de las mujeres al mercado laboral quitaría puestos de trabajo a los hombres, y no sucedió así, los inmigrantes no quitan el trabajo a los nativos. En este caso, la razón tiene que ver con que los extranjeros aceptan empleos que los parados locales rechazan, sobre todo, por tratarse de puestos poco cualificados para su nivel de formación.

«El problema es que que hay quien, dependiendo de qué tipo de empleo se le ofrezca, puede preferir seguir matricularse en un máster, aprender idiomas o sencillamente esperar en casa a encontrar una oferta mayor. Eso tiene que ver con que los sectores que tienen falta de mano de obra se caracterizan por sus condiciones de trabajo poco atractivas, por la alta peligrosidad, bajos salarios… no es el único factor, pero uno de los elementos clave tiene que ver con la calidad de los empleos que se ofertan», señala el profesor de Sociología de la Universidad Complutense Alberto Riesco.

El problema son las condiciones laborales, que aquí son malísimas»

carlos martín, economista de ccoo

Otra clave, aporta Jansen, es que la tasa de empleo de los inmigrantes es mayor que los locales. «Es porque no tienen redes familiares ni acceso a ayudas sociales, por eso muestran una gran disponibilidad para trabajar y aceptar condiciones de trabajo que los locales no consienten».

De hecho, los sectores con más dificultad para encontrar trabajadores son, tradicionalmente, la hostelería, la construcción y la agricultura. El economista jefe de Comisiones Obreras, Carlos Martín, apunta también en esa dirección: «Cada año 14.600 españoles se van a Francia a la vendimia, y aquí llegan 14.000 marroquíes para la fresa. Lo prefieren, claro, porque el problema son las condiciones laborales, que aquí son malísimas».

Bajar de los tres millones de parados

Estos factores explican una parte del paro, pero no todo. Aunque en general la población está más bien sobrecualificada con respecto a lo que pide el mercado de trabajo, todos los expertos consultados están de acuerdo en que hay factores que propician el no conseguir reengancharse al mercado laboral, aunque se necesite. En primer lugar, el llevar desempleado un largo periodo de tiempo, porque las empresas huyen de los parados de larga duración, especialmente de los mayores. También las personas con bajos niveles de formación y las mujeres son más propensos a estar en paro y a que esta situación se termine alargando.

El sociólogo Riesco recuerda que esta es la razón por la que entre los riders, o repartidores de plataformas de comida a domicilio, hay muchos inmigrantes pero también muchos trabajadores mayores de 50 años, como también sucede entre los conductores de coches de Cabify o Uber. «No encuentran otro tipo de empleo y recurren a estos puestos para conseguir ciertos ingresos, allí donde saben que hay trabajo aunque las jornadas son largas y no está muy bien retribuido», apunta.

¿Son estos motivos suficientes para no conseguir reducir significativamente la tasa de paro? «Diría que no debe haber un impedimento para alcanzar los niveles de paro europeos, pero lo hay por la baja formación de los parados, el desajuste entre la oferta y la demanda, y también que después de cada subida de la tasa de paro, como en la anterior crisis, tardamos muchísimo en volver a tasas moderadas. Y en ese camino hay personas que están durante mucho más tiempo en paro de lo que es bueno para ellos, sus posibilidades para la reinserción son menores y los servicios de empleo no asisten ni mejoran su calidad de vida», explica Jansen.

En un artículo de Funcas, los economistas Daniel Fuentes y María Romero analizan hasta qué punto la economía española puede reducir su tasa de paro y las consecuencias que acarrea el hecho de que un país presente una alta tasa de paro estructural. Los expertos destacan que en 2013 el paro alcanzó en España su máximo histórico, del 26,9%. Desde entonces, ha disminuido casi 15 puntos, lo que demuestra una fuerte capacidad de creación de empleo, pero el reto está en seguir reduciéndolo a cifras más acordes con la media europea.

Para continuar rebajando el paro estructural, las propuestas de los dos economistas en este texto (de 2017) pasan por orientar eficientemente a los parados de larga duración y a los jóvenes que pueden estar quedando excluidos del mercado de trabajo, reforzar el gasto en políticas activas de empleo, orientar mejor la formación, impulsar el autoempleo, defender la competencia de las empresas españolas y reducir las rigideces del mercado de trabajo, que faciliten la contratación.

Un Infojobs impulsado por el Gobierno

Precisamente en el marco de la mejora de las políticas activas de empleo, que reivindican con insistencia tanto expertos como sindicatos, el Gobierno pretende reformar el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) para convertirlo en la nueva Agencia Española del Empleo. Algo parecido a un portal de puestos de trabajo, tipo Infojobs, donde aparezcan todas las vacantes a nivel nacional en una misma plataforma pública.

Pero los economistas del sector lamentan que este portal ni se ha puesto en marcha, ni tampoco se han llevado a cabo otras medidas para mejorar estos servicios públicos. Riesco cree que no tiene sentido que no se aproveche la tecnología y la digitalización en pro de la empleabilidad, aunque también señala que estas medidas no podrán cambiar el problema de fondo, más ligado al tejido productivo y a la mala calidad de los empleos. Es algo difícil de conseguir con un SEPE infradotado de recursos humanos.

Jansen, por su parte, critica que este Ejecutivo haya relegado los servicios de empleo a «agencias de prestaciones con un papel irrisorio en la inserción laboral». «Comparamos con otros países y se detecta un notable retraso en modernización, políticas activas y pasivas. Están fallando estrepitosamente en su función», protesta.

El reto, ahora, está en conseguir que el paro continúe reduciéndose ya sea de uno u otro modo, una vez implementada la reforma laboral y sin el impulso de la recuperación postcoronavirus. Por ahora, para este año los economistas prevén que la tasa de paro se sitúe en niveles muy similares a los de 2022, a pesar del efecto de los fondos europeos que el Gobierno prevé. Este, por su parte, confiará en mantener las cifras actuales: es año electoral.

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