Economía

Los jóvenes han perdido un 20% de poder adquisitivo en los últimos 15 años

Carmen Vivas

El Consejo de la Juventud ha publicado esta semana un informe en el que vuelve a hacer hincapié en el precio de la vivienda y cómo complica la emancipación de los jóvenes. Según el estudio, una persona de entre 16 y 29 años debería destinar casi todo su salario (93%) al alquiler si quisiera vivir sola. En parte es por eso que apenas uno de cada cinco jóvenes españoles residen fuera de casa de sus padres, mientras que en la Unión Europea son uno de cada tres.

Las reacciones a la publicación no se han hecho esperar, pero la mayoría se han centrado en el precio de la vivienda. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha señalado en público que el alquiler "se ha convertido en un lujo" y que todas las administraciones tienen que implicarse en regular los precios. Al mismo tiempo, el PSOE anunció que tiene previsto invertir más de 14.000 millones en la construcción de 184.000 viviendas de obra pública en los próximos años.

Pero, ¿realmente el problema está en el mercado de la vivienda? ¿Ahora es más complicado independizarse... solo por los precios del inmobiliario? Y, ¿es por eso que los jóvenes viven peor que sus padres? En ocasiones es fácil pensar que la generación Z y su estilo de vida, con sus compras recurrentes, visitas a restaurantes y billetes de avión al otro lado del mundo, desmienten esta afirmación. Veamos las estadísticas que hay detrás.

Los jóvenes no han recuperado los niveles de salarios de 2008"

miguel artola, economista

“Lo que muestran los datos [de la Agencia Tributaria] es que claramente los jóvenes no han recuperado los niveles de salarios de 2008. Se ve que han recuperado un poco durante unos años, pero siguen estando por debajo, y claramente 2022 supuso una caída en los salarios”, explica Miguel Artola, economista e investigador postdoctoral en el departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid.

Analizando los sueldos anuales que las personas de entre 18 y 25 años ganaban entonces y ganan ahora, y descontando los efectos de la inflación, se aprecia que los jóvenes son el grupo demográfico que más poder adquisitivo ha perdido a consecuencia de las dos crisis económicas (-20%). No obstante, este no es el único factor que es determinante en su actual nivel de vida: también el desempleo es ahora mucho más alto que entonces, y por supuesto influyen los precios de la vivienda.

Si bien en 2006 casi la mitad de los jóvenes estaban empleados, esta proporción no se ha recuperado en la actualidad, después de las crisis. En 2022, solo un 25% de los menores de 25 años trabajaba, marcando el porcentaje más bajo entre todos los grupos de población, incluso por debajo de los mayores de 55 años. Detrás hay un drama que ya ha analizado este periódico, y que tiene que ver con la rigidez del mercado laboral, que no permite que los estudiantes se empleen, pero también con el abandono escolar y con un fuerte desajuste entre la oferta y la demanda de habilidades. 

La combinación de bajos salarios y poca ocupación, combinados con un mayor desembolso en vivienda en el caso de aquellos que se lo pueden permitir, contribuye a empobrecer y condicionar los planes vitales de los jóvenes. Según un estudio del Banco de España publicado en 2020, los hogares menores de 35 años que dedican más de un 30% al alquiler se han casi duplicado en 15 años, pasando de menos de un 8% en 2002 a un 14% en 2017. Aunque los aumentos de precios en el mercado inmobiliario también afectan al resto de grupos de población, es evidente, pero en menor medida, como se puede apreciar en el siguiente gráfico.

Los hogares jóvenes que dedican más de un 30% al alquiler se han duplicado

banco de españa

“Creo que la causa-efecto es: joven, alto desempleo, bajos salarios, altos precios de la vivienda [y el resultado], emancipación tardía, menos hijos, peores pensiones”, resume Juan Luis Jiménez, doctor en Economía por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. La complejidad de los factores que se entrelazan dificulta el debate y separar las variables.

“Pero para mí es clave el peso del alquiler que una renta media tiene que dedicarle ahora y hace unos años”, remarca el experto. Según el mismo Banco de España, lo recomendable es no gastar en el alquiler de vivienda más del 35% de los ingresos mensuales, una cifra que de acuerdo a varios estudios -como este de InfoJobs y Fotocasa- se supera ampliamente en comunidades como Cataluña (58%), Madrid (57%) y el País Vasco (52%), a donde los jóvenes procedentes de regiones con altas tasas de paro terminan trasladándose en busca de un futuro mejor.

Precisamente desenmarañar esta enorme madeja es lo que pretende un estudio del catedrático de Sociología Julio Carabaña, que en esencia demuestra que los universitarios que se manifestaban en 2011 llevaban razón al clamar que tenían menor renta que sus padres, incluso contando con los mismos estudios. Pero un factor de gran interés que introduce Carabaña es el de la educación: los jóvenes graduados con padres con estudios superiores hoy día ganan menos que sus progenitores, dicen los datos.

Sin embargo, no sucede lo mismo entre aquellos cuyos padres dejaron la escuela tras los estudios básicos. Esos sí han mejorado su situación económica, en una muestra de que el ascensor social funciona, aunque no esté mejorando los salarios. “La movilidad laboral en sentido ascendente sigue existiendo, de manera que los jóvenes continúan accediendo a mejores empleos que sus mayores, pero los salarios son los que no solo no mejoran sino que empeoran”, recalca en su estudio el profesor.

¿Una lucha intergeneracional?

En ocasiones los actuales problemas de los jóvenes se plantean como un conflicto intergeneracional. Los datos podrían respaldar esa percepción: según la tabla de salarios de la Agencia Tributaria, mientras que en los últimos 15 años los jóvenes han perdido un 20% de su poder adquisitivo, los mayores de 65 años han mejorado sus salarios en un 70%, y eso sin tener en cuenta otros posibles ingresos -por arrendamientos, inversiones, fondos-. ¿Existe la manera de equilibrar la balanza? ¿Deben devaluarse de alguna manera los salarios de los mayores para favorecer a los de los jóvenes? 

Lo que el también catedrático, en este caso en la Universidad Complutense de Madrid, José Ignacio Conde-Ruiz plantea en su libro La juventud atracada (Península) es que la culpa no la tiene una generación, pero que este tipo de datos sí deberían impulsar al Estado a tomar decisiones que mejoren la economía de los menos favorecidos. Hoy no sucede así, puesto que el gasto público dedicado a los mayores no deja de crecer mientras al mismo tiempo se merma el destinado a los jóvenes.

En los últimos presupuestos generales del Estado, casi el 50% del gasto total estaba dedicado a los jubilados, frente al 20% que iba orientado a los jóvenes. En 2008, en cambio, el presupuesto dedicado a los mayores era 10 puntos inferior, del 40%, y se dedicaba más a los jóvenes, un 23%.

“Y los jóvenes votan con los pies: si les generas un entorno económico en el que no se puedan desarrollar, se van a ir. Ahora en Alemania te dan una renta de emancipación. Cuando yo era joven, aunque me pagaran el doble en otro país ni me pensaba irme, ahora es muy distinto”, advirtió en una entrevista con El Independiente. Sin embargo, lamentó entonces, “la condición necesaria para ganar unas elecciones es priorizar el gasto en pensiones, y eso es algo que lo hacen todos los partidos”.

Las (posibles) soluciones 

Las soluciones que han aportado los expertos consultados pasan por abordar el problema de la vivienda, sobre todo construyendo obra pública destinada al alquiler para jóvenes, y a reducir el paro juvenil a través de las políticas activas de empleo, siempre pendientes de reformar. Lo contrario puede provocar un problema de mucho más peso a la larga, puesto que la precariedad juvenil repercute los hijos que termina teniendo cada familia y por tanto en el sistema de las pensiones, que los trabajadores deben sostener.

Es por eso que organismos de peso como la OCDE vienen advirtiendo de que mantener las políticas públicas españolas actuales irá “en detrimento de los jóvenes”. Pero estas consecuencias no se materializarán en el corto plazo, lo que facilita que temas como estos pueden no ser considerados como prioritarios por los diferentes gobiernos, sobre todo teniendo en cuenta que una parte importante de los electores o son pensionistas, o votan en base a lo que el Gobierno decida hacer de cara a su jubilación, en un bucle infinito.

¿Cómo se revierte esta tendencia, cómo conseguir priorizar políticas que mejoren las condiciones salariales de los jóvenes? La respuesta es complicada y también hay que resaltar que no todo es el Estado, aunque pueda ayudar si dedica ciertos esfuerzos ahora centrados en otras materias a esta cuestión. Lo que está garantizado es que las previsiones nunca van a asustar lo suficiente como para que el volantazo se produzca pronto, y después puede ser tarde.

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